Yo te protegeré

Christian Y Caleb.

 

Mi vientre había crecido mucho desde que me fijé por primera vez,  y ya se sabía el sexo. Me tuve que llenar de autocontrol para no preguntar qué era. Caleb, en cambio, si preguntó. Se veía emocionado desde ese momento.

Me alegré por él.

Elodie y Benjamin también sabían. Incluso Christian sabía. Yo parecía ser la unica persona que no tenía idea de si iba a ser un niño o una niña. La verdad no me interesaba. Quería que fuera una sorpresa. 

-Lou, ¿Me dejarías comprar algunas cosas para el bebé?- me pidió Elodie un día cuando el bebé tenía cinco meses- Así no tendrás que comprar todo a ultimo momento. Te prometo que seré discreta para que no sepas el sexo.

Asentí inmediatamente, eso me ahorraría trabajo. Le pasé la mayoría de los billetes que había recolectado en mis trabajos. Elodie solo aceptó la mitad.

No pude negociar con ella. Era terca como una mula. Así que dejé que se fuera de compras con su esposo y mi hermano. Me parecía divertido. Ese día, cuando dejé a Elodie haciendo planes con Caleb y Benjamin y entré a la casa, Christian estaba sentado en el mesón de la cocina.

-Deberías bajarte de ahí- le aconsejé-. Probablemente lo rompas, te caigas y te partas la cabeza.

Christian rió, y sentí una punzada al recordar esos momentos que compartimos en toda mi vida. Me hizo caso con el mesón. Lo miré con curiosidad. Se veía incómodo. Tenía las manos en los bolsillos  y los pies pegados en la punta. 

No paraba de mirar a  su alrededor, a pesar de que yo estuviera en frente.

-Creo que me iré a recostar- murmuré, incomodandome también.

-Tenías razón- dijo, antes de que me pudiera ir. Me giré en redondo. ¿Razón en qué?

Me quedé de pie, esperando

-Sí estaba enamorado de tí- Pasó un segundo, y corrigió- Si estoy enamorado de ti. Levo enamorado de ti desde que tenías diez años y llegaste a casa de mis padres invitándonos al entierro de una mariposa -se rió, pero no fue una risa alegre. Fue más como una risa solemne -. No te lo podía decir, no podía haber hecho nada. Sabes que a Ben no le hubiera gustado la idea.

-¿Por qué me lo dices ahora?- pregunté, con un hilito de voz. Ya habían pasado meses. Ya lo había superado. No entendía por qué me soltaba todo esto justo ahora.

Christian se encogió de hombros, y se metió las manos a los bolsillos traseros. Su castaño cabello estaba bien peinado, y sus ojos verdes brillaban. 

-Porque estás embarazada- dijo como si nada. Y para complicarlo más, añadió- Y creo que debería hacer lo correcto y quedarme contigo en todo esto. Tomar a ese bebé como si fuera mío y empezar una familia contigo. Igual, ya sabemos que hay química. No será tan malo. Es lo que mereces. Fue mi culpa que acabaras así. No tiene por qué ser Caleb el que cargue con esto.

Sacudí la cabeza, indignada por más de una cosa de las que dijo.

-Caleb no está cargando con nada. Míralo- le dije, girando la cabeza para verlo hablar con Elodie y Ben sobre algo, entusiasmado-. Él está feliz de poder ayudarnos.

-¿de verdad crees que es la mejor manera que él tiene de pasar el tiempo? ¿Mirando pañales y cosas de bebé para uno que ni siquiera es suyo?

No supe que decir.

Tal vez era cierto. Tal vez Caleb solo estaba siendo amable. 

Digo, ¿Qué tan apetecible es pasar nueve meses cuidando a una mujer y a una criatura que ni siquiera es tuya, a cambio de nada?

No tenía idea qué iba a pasar en el futuro. No quería involucar mi corazón en ningun momento cercano, aunque eso tampoco dependía de mí. Me pregunté que pensaría Caleb de todo eso.

Pero tal vez Christian solo quería alejarme de él para poder quedarse conmigo, cosa que tampoco tenía sentido.

Aunque su vida distaba de ser perfecta, tenía una lujosa casa, una carrera de negocios internacionales casi acabada, salud, y muchas chicas babeaban por él. 

¿Qué le podía dar yo, y aún peor, ahora estando embarazada?

 

 

Lo siguiente que hice fue subir a mi cuarto y escribirle a Caleb para que subiera. Necesitaba saber si era cierto. Confiaba en Caleb, pero también en Christian. 

A los pocos minutos, alguien golpeó la puerta.

-Pase- dije

Caleb entró y cerró la puerta tras de sí. Estudié sus coloridos ojos; uno color cielo, otro color tierra.

-¿Que pasa?- me preguntó, distraído

Decidí ir al grano



Victoriah

Editado: 20.08.2020

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