Salimos de ese lugar como si nos llevara la desgracia, pero antes dejamos a un guardia de seguridad vigilando la habitación de Rafael. En esos momentos, él era el eslabón más débil y vulnerable.
—Jana se quedó en la empresa, pero no dejo de preocuparme por ella —comentó mi suegra con un nudo en la garganta.
—Mi madre tiene un plan para poner a salvo gran parte de sus bienes —respondi dándole seguridad — Ella sabe perfectamente cómo resguardar lo más importante.
Me detuve un instante a pensar y luego continué.
—Mi padre nos abandonó cuando yo era muy niña, se fue con su amante y al irse solo nos dejó deudas. Mi mamá es la persona más indicada en estos momentos para ayudarnos, ella sabe como resguardar un salvavidas de emergencia.
—Ay, querida, lamento muchísimo escuchar eso — respondió ella con ternura.
—No tanto como yo lamento haberla culpado todos estos años por algo que no hizo —admití con dolor— Me siento la peor hija del mundo, y aun así ella se mantuvo en silencio, soportando todo sola.
Mi suegra me dio unas palmaditas suaves en la espalda para consolarme.
—Eres joven y tienes mucha vida por delante para remediar tus errores y volver a fortalecer ese vínculo de madre he hija.
—Eso espero de verdad —respondí sintiendo un dolor en el pecho. — Deseo tener el tiempo suficiente para pedirle perdón y remediar mis propios errores.
Al llegar al lugar en donde estaba mi familia guíe despacio a mi suegra hasta el gran salón, mi madre pareció sorprendida, pero no demasiado. Rápidamente empezó a escuchar todos los detalles con atención y se dispuso a explicar su punto de vista. Yo me quedé a un lado hasta que dieron las doce de la media noche. Entonces Ignacio entró corriendo, con una sonrisa que no podía ocultar.
—¡YA CAYÓ! —gritó emocionado— Miguel acaba de enviar su propuesta y ofreció una suma enorme de dinero para entrar en el proyecto.
El documento que dejó sobre la mesa, con tantos ceros seguidos, nos dejó a todos con la boca abierta.
—¿De dónde diablos ha sacado tanto dinero? —preguntó mi suegra— La empresa no tiene esa cantidad, ni siquiera si la vendemos por completo.
—Pudo haber pedido un préstamo —respondió Ignacio— pero apostemos a que lo ha sacado de sus propios negocios turbios, tal como lo planeamos. Solo tenemos que esperar a que el deposito se haga.
En ese instante, el teléfono de Ignacio sonó con fuerza. Todos nos quedamos mirándolo mientras él contestaba con voz tranquila, dándonos la espalda y aumentando la tensión que ya sentíamos. Luego se giró despacio, con una sonrisa que no dejaba lugar a dudas.
—Mi futura esposa es la mejor —dijo lleno de orgullo— Le debemos un favor muy grande.
—¿Lo consiguió? —preguntó mi madre, casi sin aliento.
—Le aseguró que las ganancias serían tres veces mayores que la inversión —explicó él— y Miguel ya ha vendido todos sus bienes para reunir el dinero. La videollamada quedó grabada, ¿quieren verla?
—¡SÍ! —gritamos las tres al mismo tiempo, emocionadas, acercándonos de golpe y casi arrebatándole el teléfono.
—Esperen un poco, no lo tengo aquí —rió él, más relajado que en semanas— Liliana lo envió directamente a la computadora.
Ignacio corrió a abrir su portátil, donde ya brillaba el archivo. Nos acercamos con cautela para ver bien la pantalla, ahí estaba Miguel, vestido con un traje impecable, como si desde el principio hubiera planeado aprovechar la noticia del proyecto. Hablaba con voz firme y muy profesional.
Seguimos con atención cada movimiento, cada palabra y cada gesto. Después de presentarse, Liliana le preguntó qué cargo ocupaba en la empresa para tratar la colaboración. Sin dudarlo, Miguel respondió que era el presidente y único dueño. Liliana le pidió que presentara pruebas, explicando que se trataba de un asunto de mucha importancia y debía cumplir con todos los requisitos. Entonces Miguel mostró un documento donde aparecía como titular.
—¡MALDITO DESGRACIADO! —gritó mi suegra, golpeando la mesa con fuerza.
—Tranquila, esto es justo lo que necesitamos —la calmó mi madre— Ahora tenemos la prueba de sus mentiras.
—Exacto —añadió Ignacio— Liliana pensó muy bien cada pregunta para asegurarse de que se hundiera hasta el fondo.
En la grabación, Liliana le preguntó si contaba con el capital necesario para la inversión. Miguel dudó un poco al ver la cifra mínima y trató de negociar, pero ella se mantuvo firme, le explicó que era un proyecto de alto nivel, que participaban socios de varios países y que si no podía cumplir, era mejor retirarse.
Miguel volvió a dudar, pero en cuanto Liliana le mostró el porcentaje de ganancias que obtendría, sus ojos brillaron de inmediato. Entonces empezó a escribir rápidamente en su teléfono y asintió con aire satisfecho, cerrando el trato.
—Es increíblemente ingenuo… o mejor dicho, demasiado estúpido —comentó Ignacio, deteniendo el video— ¿Cree que un proyecto de esta magnitud no cuenta con sistemas de seguridad y verificación de documentos? ¿Piensa que nadie descubrirá que ese papel es totalmente falso?
—A esta altura ya no me fío de que no tenga un plan de respaldo —intervine, mirando a mi suegra— Ya hemos visto que es capaz de preparar varias cosas al mismo tiempo. ¿No le ha hecho firmar nada a Rafael en estos días?
Ella abrió los ojos muy grandes, se quedó pensativa por un momento y luego negó con la cabeza con firmeza.
—El último contrato que firmamos fue el de la colaboración con los empresarios del norte —respondió— Yo revisé la copia y no había nada extraño.
—Sí, pero ese es un acuerdo reciente —insistió mi madre cruzándose de brazos — ¿Y si ya tiene un documento firmado desde mucho antes, sin que Rafael se diera cuenta?
Todos nos miramos con preocupación. ¿Y si en realidad Rafael le había cedido la empresa voluntariamente, sin saberlo? Eso destruiría todo nuestro plan en cuestión de segundos.
Editado: 19.10.2026