Me quedé mirándolo durante un buen rato. El hombre que tenía delante de mí era, y a la vez ya no era, aquel que conocía tan bien. Incluso me atrevería decir que lucia más varonil.
—¿Cómo te diste cuenta? —le pregunté sin alejarme de su lado.
—El guardia que dejaron anoche me avisó que Adela había llegado —respondió él apretandome a su pecho. — Pero no subió a la habitación, sino que se quedó esperando aquí abajo con paciencia. Luego me dijo que te vio bajar del coche, así que supuse que su objetivo eras tú y no yo. Lamento no haber llegado a tiempo para evitar que te derramara el café encima.
—No te preocupes, llegaste justo a tiempo — respondí emocionada — ¿Has escuchado algo más? ¿Pasos o ruidos por la madrugada?
—Exacto, eso mismo. ¿Qué ocurrió?
- Mi madre ya se encargó de sacar a ese médico de en medio, y la tuya ya llamó a otro profesional de toda su confianza. De hecho, no deberías estar de pie todavía.
Pasé mis brazos alrededor de su cintura para ayudarlo a caminar de regreso hacia el ascensor. Me moría de ganas de preguntarle si, por error o sin darse cuenta, le había cedido la empresa a Miguel, pero al verlo tan débil y gastando sus pocas fuerzas solo para venir a defenderme, preferí callar.
—Por tu expresión, veo que no hay buenas noticias —dijo de pronto, tomándome por sorpresa.
—Nada de eso —respondí rápidamente— De hecho, tenemos muchas buenas noticias.
Al volver a su habitación, lo ayudé a acomodarse nuevamente en la cama. En ese momento entró una enfermera y me entregó un sobre doblado. Sentí una mala sensación inmediata, había tirado mi teléfono anterior, y Miguel no tenía este nuevo número, o al menos eso creía. Pero en el fondo estaba segura de que era él.
—Ya vuelvo —le dije a Rafael, dándole un beso rápido en la frente— Tengo que firmar unos papeles.
Salí al pasillo y mis manos temblaron levemente mientras abría la nota.
<Zorra, sí que tienes agallas ignorando mis llamadas. Pero si todavía quieres ver a tu hijo con vida, llama de inmediato a este número.>
Por supuesto que era él. Siempre había sido él. Tomé el teléfono, pero no marqué de inmediato; en su lugar, me comuniqué primero con Marcel.
"Jazmín…"
"Marcel, escúchame por favor —le dije con urgencia— Miguel quiere contactarse conmigo. Me está amenazando otra vez con la vida de mi hijo. No sé qué hacer"
"Tranquila, ante todo mantén la calma —me respondió con firmeza— No le hará daño al niño, ya que es su única carta para conseguir dinero. Solo intenta asustarte. Haz lo de siempre, llora, suplica y asegúrale que harás todo lo que te pida".
"¿Estás seguro? ¿Y si sospecha algo?"
"No lo hará, Jazmín. Solo quiere mantener el control sobre ti y asegurarse de que todo salga según su plan. Te juro por mi vida que el niño estará a salvo"
"Confío en ti. Gracias"
"Mucha suerte"
Colgué y marqué el número con un nudo en el estómago, pero aferrándome a la confianza que Marcel me había dado. Al sonar la llamada, respondió una voz distorsionada y muy enojada.
"Veo que en realidad no quieres tanto a tu hijo como dices. ¿Quieres que te lo devuelva en una caja?"
"No, por favor —supliqué, dejando que las palabras salieran con dolor y angustia— Haré todo lo que me pidas, solo… solo no le hagas daño"
"Qué bueno saber que todavía te queda un poco de sentido común — respondio con desdén— Quiero que le pidas el divorcio a tu esposo y te asegures de que firme hasta la última hoja"
"Pero no tengo los documentos, no he hablado con un abogado"
"Te llegarán a tu casa. No los leas, solo haz que los firme y estarás más cerca de recuperar a tu hijo"
"¿Y cómo sé que de verdad tienes a mi hijo? Ya hice todo lo que me pediste antes y no me has dado ninguna prueba. ¿Cómo puedo seguir confiando en ti?"
De pronto, por el otro lado de la línea se escuchó el llanto suave y débil de un bebé.
"Es tan pequeño y frágil… —dijo él con frialdad— No queremos que nada malo le ocurra, ¿verdad?"
"¡LO HARÉ! —grité, al borde del colapso— Haré todo lo que me pidas, solo no le hagas daño, por favor"
"Así me gusta. Pronto sabrás de mí"
La llamada se cortó en seco. Ya no sabía cuánto tiempo más podría soportar esta situación. Solo de imaginar a mi pequeño en sus manos se me paralizaba el corazón.
—Si quiere la empresa, entonces se la daré — la voz gruesa de Rafael me sorprendió tanto que casi se me cae el telefono — Todo lo que tengo, incluso mi propia vida, se lo entrego con tal de que mi hijo esté a salvo.
Al levantar la vista, me encontré con que Rafael estaba de pie a mi lado, ni siquiera lo habia escuchado. Me sequé las lágrimas rápidamente.
—¿Lo has escuchado todo? —le pregunté con voz temblorosa.
—Ese desgraciado acaba de cruzar todos los límites al meterse con mi hijo —respondió con rabia contenida— Ve a casa y trae esos documentos. No hay nada en este mundo que no esté dispuesto a dar por la vida de nuestro niño.
Lo abracé con fuerza y salí corriendo hacia la salida. Marcel, espero de todo corazón que tengas razón y que mi hijo no corra peligro por esta decisión, pensé mientras me apresuraba a llegar a casa.
Editado: 19.10.2026