Llegamos a nuestro lugar secreto, donde mi madre e Ignacio ya estaban terminando de ultimar los detalles. Le di un vaso con agua a Jana y la guié hasta un rincón tranquilo para que pudiera recuperarse y calmarse.
—Ella ha conseguido esto —dije, entregando el celular a mi hermano— Es una prueba más para sumar a las demás. ¿Qué hacemos ahora?
—Ir a la fiesta, por supuesto —respondió mi madre con una sonrisa decidida y segura— Marcel será tu acompañante esa noche.
Miré a Marcel por un instante y luego lo aparté a un lado para hablar en privado.
—¿Has averiguado algo nuevo?
—Sí, he dado con un hallazgo importante. ¿Y tú? ¿Qué has descubierto?
—Preparó los papeles del divorcio, pero entre ellos incluyó la escritura de la empresa y la titularidad de todos nuestros bienes. Estoy segura de que dirá que se los vendí yo en secreto.
—No te equivocas —asintió con gravedad— Afirmará que, tras la supuesta infidelidad de tu esposo, planeaste todo por venganza. Si te declaran culpable, podrías pasar más de veinte años en prisión, y la condena aumentaría mucho más si te acusa también de la desaparición o muerte de Eva.
Solté una risa amarga y desesperada. Mientras nosotros cargábamos con culpas ajenas y nos hundíamos en el abismo, él seguiría viviendo como un rey, sin remordimientos ni consecuencias. Quedaría libre para seguir arruinando vidas a su antojo.
—Jazmín — la voz de Marcel se volvió mas fría — esa noche, durante la presentación, un grupo de agentes irrumpirá en el lugar donde creemos que retienen al niño. Tendremos que dar el mejor espectáculo posible y distraerlo lo suficiente para ganar todo el tiempo que haga falta.
—Así será —respondí con firmeza— pero ¿qué haremos con los documentos? Rafael se escapó del hospital y no tenemos ni idea de dónde está.
—Yo puedo firmarlos —dijo Jana, acercándose a nosotros con paso decidido— Sé copiar la firma de mi hermano con bastante precisión. No tiene que ser perfecta, al menos le servirá para engañar a Miguel por ahora, más aún si ya está convencido de que todo le saldrá bien.
—¡Jana, eres increíble! —exclamé, llena de alivio y esperanza.
—Es lo mínimo que puedo hacer —respondió ella con voz seria— Al fin y al cabo, estamos hablando de salvar a mi familia de la ruina total.
Sus ojos, antes llenos de culpa y resignación, ahora brillaban con una fuerza inquebrantable.
Mi madre revisó con atención cada hoja, luego levantó la mirada y clavó sus ojos en los míos. Supe al instante qué quería preguntar.
—Rafael ya sabe toda la verdad —le expliqué— Estaba dispuesto a firmar cualquier cosa con tal de recuperar a nuestro hijo, aunque esa nunca fue la intención real de Miguel.
—Entonces es un problema menos que resolver —dijo ella, tomándome de la mano y guiándome hacia un rincón donde colgaba un vestido de una belleza imponente— Esa noche, hija mía, tienes que lucir como la reina que eres.
—Mamá…
—Siempre lo fuiste —me interrumpió con ternura— Eres mi hija, y nunca dudé de tu fortaleza. Solo quiero que sepas que, cuando todo esto termine, no te juzgaré. Aceptaré cualquier decisión que tomes, sea cual sea. Solo te pido que no te alejes de nuevo, que me permitas formar parte de la vida de mi nieto.
La abracé con fuerza, luchando por contener las lágrimas.
—Nunca más nos separaremos, te lo juro. Volveremos a ser una familia, y esta vez seremos más fuertes que nunca.
Ignacio se unió al abrazo, y sentí cómo ese vínculo que se había roto años atrás volvía a unirse, más sólido y resistente que antes.
Jana practicó varias veces sobre una hoja en blanco hasta que logró reproducir la firma de Rafael con gran exactitud. Al fin y al cabo, no necesitaba ser perfecta para engañar a quien ya se creía dueño de la situación.
—¿Crees que mi hermano está bien? —preguntó con la voz un poco ronca por la preocupación.
—Estoy segura de que sí —le respondí con convicción— Seguramente está buscando más pruebas o haciendo algo muy importante para ayudarnos. Rafael no nos dejará solos en este momento.
—Tienes tanta confianza en él que no logro entenderlo —dijo Jana, con honestidad— Después de todo lo que ha pasado… de todo lo que te hizo sufrir.
—Eso ya quedó en el pasado —respondí con calma y firmeza— En este momento no hay lugar para rencores ni cosas pequeñas.
—Tienes razón. No es momento de culparnos entre nosotros.
Marcel e Ignacio ya estaban reuniendo todo el material, organizando cada detalle y pasando todas las pruebas a memorias USB. Hablaban con tanta seriedad que dudé un instante antes de acercarme.
—Disculpen, ¿en qué están trabajando? ¿Puedo ayudar en algo?
—Hermana, ya casi terminamos —respondió Ignacio— Estamos preparando toda la evidencia para entregarla en el momento justo a la policía.
—Además, estamos revisando cada propiedad sospechosa para asegurarnos de no equivocarnos de lugar en el último momento —agregó Marcel.
—Marcel… —le llamé, con la duda que más pesaba en mi corazón— ¿Cómo crees que será el rescate de mi hijo?
—Por lo que hemos planeado, nada será sencillo —me respondió con sinceridad— pero no te preocupes. La orden principal es proteger al pequeño por encima de todo. Si la operación principal se complica, tenemos un plan alternativo.
—¿Y en qué consiste ese segundo plan?
—Se dividirán en dos grupos. Uno pequeño, formado por tres agentes expertos en operaciones de rescate, se infiltrará con sigilo hasta dar con el niño. Son los mejores en lo que hacen y nunca han fallado. El segundo equipo irá totalmente preparado, con rutas de escape calculadas, y solo necesitarán unos minutos para adaptarse al terreno una vez confirmemos el lugar. No saldrá mal, Jazmín. En cuanto demos con la propiedad, será solo cuestión de tiempo para recuperarlo.
—Gracias… —susurré, sintiendo cómo se me relajaba un poco el pecho— Rezo cada día para que nada salga mal y para que esta pesadilla termine de una vez.
Editado: 19.10.2026