100 años de redención.

Pagando con la misma moneda

—Señor.

—Me quedaré aquí un rato más. Hay muchas cosas que arreglar.

—La señora no ha dejado de llamar; seguro debe de estar muy preocupada por usted.

Claro que todos ya saben que abandoné el hospital. Solo espero que Jazmín no piense mal de mí ni imagine que me fui para no firmar lo que piden.

—Si mi madre vuelve a llamarte, dile que estoy bien, que no se preocupe y que volveré en cuanto termine aquí. Pero no le digas dónde estoy.

—Entendido. Me quedaré afuera vigilando todo.

—Gracias por tu trabajo y por tu lealtad.

Regresé despacio hacia esa casa que me resultaba tan desagradable, pero que en este momento era el lugar más seguro para mí. Gracias al cielo, Andrés ya se había cambiado de ropa y hasta había adoptado una postura mucho más seria y profesional; un contraste sorprendente con la imagen que yo tenía de él hasta ahora.

—Mira, aquí tienes la ubicación exacta de ese bar. Miguel me invitó un par de veces, tal vez tres. - dijo con la voz ronca de tanto beber.

—¿Y qué me puedes contar de ese sitio?

—Si hablamos de lo legal, no cumple con absolutamente nada. El licor que venden es de contrabando, de ese que retienen en la aduana por no pasar los controles de calidad. No sé quién se lo suministra. En cuanto a las mujeres que trabajan ahí, tampoco tengo claro de dónde las sacan, pero la mayoría no parece estar allí por gusto. Los empleados parecen ex presidiarios contratados para imponer respeto, y en su despacho tiene al menos tres cajas fuertes de gran tamaño.

—¿Y te diste cuenta de todo eso en solo tres visitas? _ no podía salir de mi asombro al ver su aguda vista.

—Como te dije, me molesta profundamente que me subestimen y me tomen por un simple estúpido sin criterio. Todos a mi alrededor creen que soy un maldito suertudo que ganó dinero por casualidad. ¿Pero qué probabilidades hay de acertar siempre en inversiones de alto riesgo? No soy tan tonto como para tirar mi dinero a la suerte.

Tiene razón. Este hombre es un verdadero genio disfrazado de vago, derrochador y mujeriego. Una máscara perfecta para desviar la atención.

—Entonces supongo que no te importará que use toda esa información para mandar a Miguel a la cárcel.

—No me molesta en absoluto. No tengo negocios con él y, después de saber que quería hacerme cargar con sus propios errores, no pienso dejarlo ir sin más. Solo tengo una condición, no menciones mi nombre. Tu no has estado aquí, y esta conversación nunca existió.

—Entendido.

—Además, no quiero que empiecen a decir que soy una persona recta y noble que hace lo correcto. Eso arruinaría por completo la reputación que tanto me costó construir.

Sin duda, Andrés era un hombre muy peculiar y difícil de descifrar. Pero ante su elección de vida yo no diría nada, mucho menos después de toda la ayuda que me está dando. Pero tenía que insistir más, necesitaba saber quienes eran todas las personas involucradas.

—¿Y qué me dices de su esposa? ¿Ella también está metida en todo esto?

— ¿Daiana? Justamente de ella escuché algo bastante interesante. Pero antes de responderte, ¿qué edad tenías cuando Miguel entró a trabajar en la empresa de tu padre?

La pregunta me tomó por sorpresa; no me la esperaba en absoluto, pero respondí con honestidad.

—Estaba en la preparatoria, era muy joven y vivía internado en un instituto. Solo regresaba a casa cada tres meses, y solo por el fin de semana. ¿Qué tiene eso que ver con lo que está pasando ahora?

—Pues que según lo que escuché, un año después de que Miguel ingresó, Daiana entró a trabajar como recepcionista. Pero ese puesto no le parecía suficiente, así que intentó seducir a tu padre. Usó todas sus artimañas, pero no lo consiguió y terminó siendo despedida. Años más tarde, terminó casándose con Miguel.

Aquello me parecía imposible. Jamás había sabido que Daiana hubiera formado parte del equipo de mi padre, y mucho menos que hubiera intentado ser su amante.

—Eso significa que…

—Que pudo haberse quedado con Miguel por no tener otra opción, o tal vez formaron una alianza para vengarse de tu familia. Y respecto a lo demás, esa mujer sabe perfectamente todo lo que hace su esposo y no le importa en lo más mínimo.

Así que aquella vez en que Miguel confesó tener una infidelidad y casi perder su matrimonio fue una mentira completa. ¿Por qué me sorprendía todavía? Si desde el primer día todo no fue más que una trampa bien armada.

—Entonces toda su familia vive cómodamente a costa del sufrimiento de los demás.

—¿Sigues pensando que soy un ser despreciable? —me preguntó él con calma— La verdad es que lamento mucho lo que le pasó a tu esposa. Aquella noche no estaba en mis cabales, había pasado por varias rondas de tu ya sabes que, pero quiero que sepas que todo lo que tengo lo he ganado con esfuerzo, trabajo y dedicación. Nunca he robado ni engañado a nadie para conseguir lo que es mío.

—Ahora entiendo que las apariencias engañan. Que alguien puede parecer intachable por fuera y estar totalmente corrompido por dentro. Me alegra haber aprendido esta lección de una vez por todas.

Andrés alzó su copa en señal de brindis sin pronunciar palabra, y luego se la bebió de un solo trago.

—Creo que ya cumplí con mi cuota de buena acción para los próximos diez años. Solo asegúrate de que esa rata no vuelva a caminar libre nunca más, y con eso me doy por más que pagado.

—Te lo aseguro. Miguel también se equivocó al juzgarme, pensando que era un ingenuo incapaz de ver más allá de sus narices.

Levanté mi vaso con agua a modo de brindis también, mientras terminaba de organizar todo en mi portafolio. Solo tenía que esperar un poco más para poder recuperar a mi hijo… pero antes, tenía que hacerle sentir a Miguel el mismo dolor y la misma pérdida que él nos había causado a nosotros.

Me despedí y salí rápidamente, era hora de pagar con la misma moneda.

—Necesito que hagas algo más por mí —le dije en voz baja a mi guardaespaldas cerrando la puerta del auto.




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