180°

Lo desconocido

Durante la noche me levanto hasta por el mínimo movimiento de viento que haya. El aire y esa mujer son lo único que puede efectuar algún sonido en estos momentos aparte de nosotras, por eso siempre procuro estar lo más alerta posible ante cualquier ruido, incluso aquellos inexistentes.

En estos días duermo poco, solo unas cuantas horas que considero suficientes para relajar mis músculos. Tiempo de calidad que me permite levantarme con ánimos de seguir caminando, con ganas de seguir viviendo.
 
Dakota aún descansa a mi lado, no quiero despertarla aunque tampoco podemos darnos el lujo de dormir hasta tarde porque esas horas podrían significar muchas cosas, vida, muerte, sufrimiento, angustia, entre otras más.

Aún sigo pensando ¿a dónde nos dirigimos?, ¿qué será de nuestras vidas?, ¿tenemos alguna posibilidad de tener algún futuro? 

En mi corazón existe miedo, mucho miedo, no sé qué fue del resto de la humanidad porque no he visto un ser vivo desde hace mucho y a estas alturas dudo que exista alguien. Lo único claro es seguir adelante y no pensar en las demás personas.

Animo a mi hermana para que despierte, ya es de mañana y no podemos permanecer más tiempo aquí.

—Vamos Dakota tenemos que seguir —entre el sueño dice algo que me rompe el alma con solo escuchar. 
— ¡Mamá! ¿por qué siempre me levantas primero? Eres una grosera, ya en un momento me levanto ¿ok?, anoche fue... —pero antes de decir algo más abre los ojos de par en par, regresando a nuestra triste realidad. 

— ¡Perdona! —Es tanta su pena que no me sostiene la mirada—. Mónic me quedé dormida, no fue mi intención —con un nudo en la garganta le contesto. 

—Vamos, tenemos que levantarnos, debemos seguir, no queda mucho para llegar al río. Recoge todo lo que aún sea comestible yo llevaré el rifle, si quieres me puedes seguir contando lo de anoche —lo que digo la hago con la intención de quitarle un poco de tensión a su sueño, ella como siempre me da mi espacio y me sigue el juego quedando en el olvido sus anteriores palabras. 

—Gracias, por ahora el día es muy azul y bonito como para dejar que se vuelva negro con mi historia, después podré seguir contándote el resto. La única verdad es que necesito que sepas todo. 
 
Por el momento no tocamos el tema de la confesión. Como le pedí recoge todo lo que nos queda para comer, incluso la botella que aún no descorchamos. 

Por el cambio de ropa ni nos preocupamos, de hecho no llevamos ni una muda porque preferimos cargar con comida, la ropa y la limpieza quedan de nuevo en segundo plano. 

Entre más livianas caminemos mejor estaremos, podremos movernos más rápido. Como aquella vez cuando salimos del bar, ella lleva las provisiones y yo el rifle, con la diferencia de que ahora ya no me molesta sentir el peso del arma, más bien todo lo contrario.

—¿Por dónde Mónic? 

―Seguimos la misma ruta de siempre, calculo que en dos días como máximo estaremos en el río, después nos moveremos dentro de él y solo pararemos a buscar alimento. Cuando estemos muy lejos de aquí y considere que estamos a salvo buscaremos un bonito lugar para vivir. 
 
―Suena un poco loco, pero es un buen plan. Quisiera vivir en Hollywood o en alguna parte de México, los Cabos por ejemplo, ya que mamá siempre quiso ir.
 
―Entonces los Cabos será nuestro destino final, qué mejor manera de vivir al lado del mar, haciendo el sueño de mamá realidad. 
 
―Será mejor no perder más tiempo, el día dura poco.
 
Caminamos con ilusión, aunque no me agrada mucho la idea de ir tan lejos para buscar un lugar donde vivir tengo que acceder, a mi hermana le hace feliz pensar que podríamos vivir allí eso me queda claro porque después de nuestra pequeña plática camina muy contenta y positiva.
 
Llega la noche y con la misma rapidez la mañana del segundo día. Seguimos caminando y cuando estamos muy cerca del río, tanto que podemos escuchar su cauce, nos detenemos un momento para abrazamos en señal de victoria. 
 
―¡Falta poco, Mónic! ―mi hermana se alegra más de la cuenta. Lo cierto es que no sé qué sigue después del río, no sé a dónde nos debemos dirigir, ni siquiera sé dónde queda México, pero me veo en la necesidad de contagiarme de alegría, principalmente por ella. 

Aunque por dentro esté completamente temerosa y pérdida.
 
―Ya se Dak, pronto este miedo acabará, solo seremos nosotras contra... ―intento comenzar con mis palabras de ánimo cuando escuchamos un ruido que nos desconcierta un poco. 
 
―Espera... No hagas ningún movimiento, parece que algo anda por el río. 

Nos tiramos al suelo al mismo tiempo, pegando nuestros cuerpos a la tierra todo lo que nos es posible, sin mover un músculo. Guardando todo el silencio que pueda existir. Solo nuestra respiración lenta nos acompaña y el miedo de ser descubiertas por ella. Por un momento perdemos la  capacidad de pensar. El miedo es la peor sensación que puede existir, cuando se apodera de ti resulta muy difícil pensar con claridad, de nuevo, somos presas fáciles de Amber.

Miramos a todos lados buscando…pensando lo peor, pero no vemos nada por lo menos no cerca.
 
―Quizás lo imaginamos Mónic, parece que no hay nada. 
 
―No creo, ese ruido no fue imaginario, esperemos un poco más. 
 
A los pocos minutos escuchamos de nuevo como chapotean el agua, como cuando extiendes la palma de tu mano y golpeas la superficie del agua, haciendo ese  sonido seco y característico del líquido. No puedo saber si es humano o algún animal, pero no tenemos dudas de que es algo ajeno a nosotras.
 
―¿¡Escuchaste…!? No podemos movernos hasta saber que es. Toma el rifle, tienes mejor puntería que yo. Debemos poner atención para saber en qué dirección viene el ruido ―mis latidos se ven afectados, cada vez aumentan más. Tengo miedo al creer que es Amber quien nos espera a la orilla del río.
 
Mis temores y paranoia aumentan también con mis pulsaciones, mis sentidos despiertan para permitirme estar más alerta, mi hermana se encuentra con el arma preparada, pendiente de cada sonido, lista para disparar a quien sea de ser necesario. 




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