365 días

Capítulo 9

[Narra Alelí]

Cinco semanas habían pasado desde que Marco cruzó por primera vez el portón del rancho. Cinco semanas en las que el ambiente a nuestro alrededor había cambiado poco a poco, como la fruta que madura al sol sin hacer ruido. Marco ya no era el sujeto estirado de chaqueta oscura que miraba la tierra con desconfianza. Ahora vestía camisas más sencillas, se manejaba mejor entre los cajones y hasta sus manos empezaban a mostrar la marca del trabajo diario.
Bajé las escaleras del piso superior dando saltitos, lista para preparar el café antes de que la casa despertara. Pero al llegar al umbral de la cocina, me detuve en seco.
El aroma a café recién pasado inundaba el ambiente, acompañado por el chisporroteo tentador de algo en la sartén. Frente a la cocina de hierro, de espaldas a mí y sosteniendo una espátula de madera con ridícula precisión, estaba Marco. Llevaba las mangas de la camisa arremangadas y una compostura concentrada, como si estuviera liderando una reunión de directorio, solo que en lugar de balances estaba dando vuelta unos panqueques perfectos.

-¿Marco?

Pregunté, parpadeando para asegurarme de que no estaba soñando. Se giró al escucharme, y una sonrisa automática, de esas que solo duraban un segundo pero iluminaban todo su rostro, apareció en sus labios.

-buenos días... me desperté más temprano y creí que sería un buen gesto prepararles el desayuno
-no puede ser... el ejecutivo sabe cocinar
-es una receta simple, mi abuela me enseñó cuando era niño

Antes de que pudiera decirle algo más, los pasos pesados de mi hermano y el andar pausado de mi madre se escucharon en el pasillo. Ambos entraron a la cocina, deteniéndose exactamente igual que yo al ver la mesa servida. Mi madre se llevó las manos al pecho, con el rostro iluminado por la sorpresa.

-Marco, querido, no debías molestarte
-solo quería agradecerles por recibirme tan de buena manera

Mi madre le dio un abrazo afectuoso, mientras que Jhon se quedó parado junto a la puerta, escaneando los panqueques como si tuvieran algún ingrediente sospechoso. Sin embargo, no pudo resistir el olor. Avanzó, agarró una tostada y le dedicó a Marco una mirada seria, aunque la tensión entre ellos se había suavizado un poco con el paso de los días.

-gesto aceptado, Di Santos, pero no creas que por unos panqueques te dejaré más livianos los cajones en el mercado

Dijo mientras daba un mordisco a la tostada y mirándolo de reojo

-no esperaba menos de ti

Marco sonrió, sirviéndole café en su taza.
Desayunamos entre risas suaves y la conversación habitual de la mañana. Al terminar, mi padre se unió al grupo en el patio para subir al camión. La jornada del mercado exigía partida temprana, así que mi padre, John y Marco tomaron el camino hacia la ciudad, dejando a la casa en una tranquilidad luminosa.

***
La mañana con mi madre fue un refugio hermoso. Nos encerramos en la cocina a probar recetas nuevas de conservas con los higos de la última cosecha. El aroma al almíbar hirviendo y el tintineo de los frascos de cristal eran mi música de fondo favorita. Después de limpiar todo, nos trasladamos al cuarto de costura de mamá, un pequeño rincón en el piso de arriba lleno de telas, hilos de colores y recortes.
Mamá llevaba semanas trabajando en secreto en algo muy especial para mí. Me medí el vestido frente al espejo de madera: era una prenda hermosa, de un tono marfil suave con bordados sencillos de flores en el escote, cómodo pero con un vuelo elegante que se abría al girar.

-te queda hermoso, mi amor

Dijo ella, ajustando los últimos alfileres en el dobladillo con una mirada llena de nostalgia.
Cuando la tarde comenzó a caer, escuchamos el crujido de la grava que anunciaba el regreso del camión. Bajé corriendo las escaleras, sin quitarme el vestido, ansiosa por mostrarles el trabajo de mamá.
Llegué al recibidor justo cuando mi padre, John y Marco cruzaban la puerta, visiblemente cansados por el trabajo en el mercado.

-¡Miren esto!

Anuncié con los brazos abiertos, dándome un pequeño giro para que apreciaran el vuelo de la tela. Mi padre soltó una sonrisa enorme que le arrugó los ojos de felicidad.

-¡Pero qué reina tengo por hija!

Jhon se acercó a mí con una sonrisa amplia, me tomó de la mano y me hizo dar una vuelta rápida sobre mis talones, haciéndome reír.

-toda una princesa campesina

Bromeó mi hermano, dándome un beso en la frente. Giré la mirada hacia Marco. Él estaba parado un paso más atrás, observándome con una fijeza que me erizó la piel. Sonreía, pero en su rostro había un signo de interrogación enorme. No entendía por qué un vestido causaba tanta conmoción en la familia un viernes cualquiera.

~Narra Carol Villalba~
Observé la escena desde el umbral de la puerta de costura, sintiendo cómo el pecho se me apretaba de emoción. Ver a mi Alelí reír con ese vestido de vuelo suave me devolvía la vida. Pero al mirar a Marco, noté el desconcierto en su mirada limpia y atenta. Él veía la belleza de mi hija, sí, pero no entendía el peso del milagro que estaba presenciando.
Me acerqué despacio a él, mientras Julio y John continuaban felicitando a Alelí en el centro de la sala.

-se ve preciosa
-tiene un significado muy grande ese vestido

Le dije en voz baja, poniéndome a su lado.
Marco se giró hacia mí de inmediato, prestando toda su atención. Le dediqué una sonrisa triste y le hice una seña discreta para apartarnos un par de pasos hacia el pasillo.

-ese vestido es para esta noche, dará un concierto en el centro cultural del pueblo

Marco frunció levemente el ceño, intrigado.

-no sabía que tocara en público

Apreté mis manos sobre el delantal, sintiendo cómo el recuerdo de la sombra más oscura de nuestra familia volvía a flotar en el aire. Suspiré, mirando sus ojos oscuros y atentos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.