El camino de regreso estuvo lleno del murmullo satisfecho de la familia. La cena había sido un desfile de felicitaciones para Alelí, pero cuando el camión finalmente frenó frente al patio principal y los faros se apagaron, la noche volvió a quedar envuelta en ese silencio denso y estrellado que caracterizaba al campo.
Don Julio y la señora Carol bajaron conversando entre susurros de orgullo, mientras Jhon caminaba a paso largo hacia la entrada principal, llevando las llaves en la mano. Alelí fue la última en bajarse de la cabina. Estaba a punto de seguir a sus padres hacia el porche cuando la alcancé. Estiré el brazo y, con un gesto suave pero firme, rodeé sus dedos con los míos. Se detuvo en seco y se giró hacia mí. La luz de la luna llena iluminaba su rostro, resaltando los bordes del vestido marfil que aún llevaba puesto.
-Alelí, espera...
Le pedí en un susurro, sintiendo cómo mi corazón latía con una fuerza desacostumbrada. Ella me miró con sus ojos brillantes y asintió en silencio, dando un paso de regreso hacia la sombra del limonero que decoraba el patio.
Estaba a punto de confesarle todo el torbellino que su voz y su abrazo habían provocado dentro de mi armadura de hielo, cuando el teléfono móvil en el bolsillo de mi pantalón comenzó a vibrar con una insistencia agresiva. La luz de la pantalla rompió la penumbra: Padre.
Tragué saliva, sintiendo que la realidad de mi otra vida venía a reclamarme en el peor momento posible.
-dame un segundo, por favor
Ella dió un par de pasos hacia atrás con delicadeza para darme espacio, quedándose cerca del cerco de madera. Presioné el botón de contestar y me llevé el teléfono al oído, intentando mantener la voz baja.
-¿Qué ocurre, papá? Es tarde
-dejó de ser tarde en el momento en que me enteré de que sigues jugando al campesino en ese rancho
La voz de mi padre al otro lado de la línea venía cargada de una furia contenida.
-los abogados revisaron las escrituras del camino vecinal. Ese viejo Villalba no tiene intención de acelerar ningún permiso. Te estás dejando manipular, Marco. Te ordeno que cierres esa negociación este mes o enviaré a la junta a presionar por la vía legal
La sangre me hirvió en las venas. La imagen de mi padre, siempre calculando costos y fríamente indiferente a las personas, chocado de frente con la nobleza de la familia que me había recibido.
-¡No voy a presionar a nadie!
Siseé entre dientes, apretando el teléfono con rabia, olvidando por un instante la cercanía de Alelí.
-cerré un trato con el señor Villalba y voy a cumplirlo. Me quedaré el tiempo acordado trabajando aquí. Si intentas meter a los abogados en esto, me encargaré personalmente de bloquear la obra desde adentro ¡No te metas en mi trabajo!
Corté la llamada de golpe, respirando con agitación. Cerré los ojos un segundo para recuperar el control, sintiendo el peso de la culpa y el estrés aplastándome los hombros.
Cuando me giré, encontré a Alelí mirándome con preocupación. Había escuchado suficiente de mi tono alterado como para notar que algo andaba profundamente mal.
-Marco... ¿Estás bien?
Preguntó acercándose despacio, con esa voz dulce que buscaba reconfortarme.
-escuché que hablabas de un trato con mi papá... ¿Pasó algo malo? Si necesitas ayuda con algo de tu familia, puedes decírmelo
Sentí una punzada de remordimiento en el pecho. La pureza de su intención contrastaba demasiado con los intereses corporativos que me habían traído a su hogar.
-no te preocupes. Son solo... problemas en la empresa de mi padre. Nada de qué preocuparse, cosas sin importancia
Mentí con suavidad, queriendo borrar la sombra de duda de su rostro. Quise recuperar la magia del momento anterior, antes de que esa llamada arruinara la noche. Me acerqué a ella y, dejando de lado cualquier timidez, alcé la mano lentamente hasta posar la palma sobre su mejilla. Su piel estaba tibia y suave. Alelí no se apartó; al contrario, inclinó levemente la cara hacia mi toque, mirándome profundamente a los ojos.
En ese cruce de miradas, el tiempo volvió a detenerse. Su cercanía me cautivó por completo, envolviéndome en una serenidad profunda que jamás había experimentado. Estaba a solo centímetros de su rostro, sintiendo el aire de su respiración mezclarse con el mío, a punto de acortar la distancia entre nuestros labios...
Creac.
El sonido seco de la puerta de madera al abrirse nos hizo reaccionar. A espaldas de Alelí, recortado contra la luz cálida del recibidor, apareció Jhon. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho y una expresión de severidad implacable.
-Alelí. Ya es tarde. Mañana hay mucho que hacer
Alelí dio un pequeño paso atrás, sonrojándose por completo. Me dedicó una última mirada cargada de emociones encontradas y un murmullo tímido.
-buenas noches
-buenas noches
Respondí con voz baja.
La vi caminar hacia la entrada y cruzar el umbral. Sin embargo, cuando intenté dar un paso hacia adelante para ingresar también a la casa, John se interpuso en el marco de la puerta, bloqueando el paso con su cuerpo robusto. Esperó a que los pasos de su hermana se alejaran por el pasillo interior antes de fijar sus ojos fríos en los míos.
-mantente alejado de ella, Di Santos
-no es lo que piensas...
-sé perfectamente lo que es. No confío en ti en absoluto... sé sobre el trato que hiciste con mi padre para conseguir los permisos de tu fábrica. Sé que estás aquí cumpliendo un plazo, y sé que cuando termines con esto, te irás de vuelta a tu mundo de cristal
La dureza en sus palabras me golpeó como un impacto físico, pero lo peor vino después.
-Alelí ha sufrido demasiado en la vida para que venga un sujeto de la ciudad a confundirla y dejarla rota cuando se canse del juego. No voy a permitir que mi hermana acabe herida por tu culpa. Duérmete, Marco. Y no lo olvides
Sin esperar mi respuesta, se giró y cerró la puerta de madera en mi cara, dejándome solo en la penumbra del porche, con el peso de la verdad y la amenaza de mi propio origen resonando en la oscuridad.