365 días

Capítulo 15

Exclamó mi padre con malicia, disfrutando el control de la escena.

-dile que viniste a este rancho enviado por mí para ganarte la confianza de su familia y conseguir que firmen la cesión del camino para nuestra fábrica.

Cada palabra de mi padre era un impacto mortal. Miré a Alelí y vi cómo su mundo se desmoronaba en un segundo. La decepción más profunda y dolorosa se reflejó en sus ojos castaños, que rápidamente se llenaron de lágrimas. No hubo gritos ni reclamos; solo un silencio roto por su respiración entrecortada.

-Alelí... no es lo que piensas, yo...

Ella me miró una última vez, con el corazón destrozado en la mirada, se dio la vuelta y echó a correr hacia el granero con el rostro cubierto entre las manos.

-¡Alelí!

Grité, pero mi padre soltó una leve risita burlesca a mis espaldas.
Algo dentro de mí se rompió para siempre. La ira que había acumulado durante años explotó con una violencia incontrolable. Me giré hacia mi padre, lo agarré con ferocidad por las solapas de su saco de diseñador y lo estampé contra el lateral de su auto.
Los dos guardaespaldas reaccionaron de inmediato, echando mano a sus sacos, pero mi padre, sorprendido por la fuerza implacable de mi ataque, levantó una mano con rapidez para frenarlos.

-¡Atrás!

Ordenó mi padre, respirando con dificultad mientras yo lo sostenía a pocos centímetros de mi rostro.

-¡Escúchame bien!

Siseé entre dientes, con los ojos inyectados en sangre y la voz ronca por la furia.

-¡No voy a volver a ser tu peón jamás! ¡Se acabó! Quédate con tu empresa, con tus millones y con tu maldito orgullo. No me importa tu dinero ni tus proyectos

Le acerqué el rostro todavía más, sintiendo cómo temblaba de rabia.

-la amo, ¿Escuchaste? Amo a Alelí con toda mi alma, algo que tú eres incapaz de entender porque tienes piedra en lugar de corazón. Ella es lo único real que he tenido en la vida

Lo solté con tal brusquedad que mi padre tuvo que dar un par de pasos en falso hacia atrás para no caer al suelo, ajustándose la corbata con las manos temblorosas y la cara desencajada por el impacto. Señalé el camino de salida.

-fuera de aquí... y no vuelvas a pisar esta tierra nunca más

Sin esperar su respuesta ni mirar si el auto ponía en marcha el motor, me di la vuelta a toda prisa, dispuesto a correr hacia donde se había ido Alelí para rogar por su perdón.
Al girar la cabeza hacia el porche de la casa, me frené en seco un segundo. Apoyados junto a la puerta principal estaban Don Julio y John. Habían presenciado la escena entera desde la sombra; habían escuchado el plan original de mi padre, pero también habían visto mi renuncia definitiva, la agresión a mi propio progenitor y la confesión visceral de mi amor por Alelí.
En el rostro de Don Julio ya no había sospechas, sino una mirada trágica de comprensión y respeto. John asentía lentamente en silencio. Pasé a su lado como una exhalación, impulsado por el único pensamiento que me mantenía en pie: encontrar a Alelí.

[Narra Alelí]

Corrí sin mirar atrás, con los ojos nublados por las lágrimas y un nudo sofocante que me cerraba la garganta. La tierra seca del patio parecía quemarme las plantas de los pies mientras el eco de las palabras de aquel hombre resonaba en mi mente como una sentencia implacable... cálculo empresarial... contrato... una estrategia, ¿Eso soy para Marco en realidad?
Cada frase era una daga helada clavándose directo en el centro de mi pecho. El aire del campo, que siempre había sido mi refugio, de pronto se sentía denso, insoportable, como si me faltara el oxígeno. Llegué al granero tambaleándome, crucé el portón de madera y me dejé caer contra la pared del último establo, sobre la paja seca. Me abracé las rodillas contra el pecho y rompí a llorar con un desconsuelo feroz, liberando todo el dolor que se me había acumulado en un instante.
Me sentía la criatura más ingenua y estúpida del mundo. La ilusión que con tanto cuidado había construido a lo largo de estos meses se derrumbó como un castillo de naipes. Toda esa amabilidad, la paciencia con la que me escuchaba tocar la guitarra, las miradas profundas, el beso tibio en la frente antes de subir al escenario, las risas de hace apenas un par de horas en el corral mientras intentaba enseñarle a montar... Nada había sido real. Todo era parte de una mentira minuciosamente calculada por el hijo de un magnate de la ciudad para arrebatarle a mi familia lo único que nos quedaba.
Y lo peor de todo no era el engaño en sí, sino el vacío destructivo que dejaba a su paso. Le había abierto mi corazón de par en par. Le había entregado mi fragilidad, mis miedos, la memoria de mi accidente y la luz de mi regreso a la música. Creí que Marco era el ángel que el destino había puesto en mi camino para enseñarme a vivir de nuevo, pero solo había sido un espejismo cruel.
Escuché el sonido de unos pasos apresurados corriendo sobre la madera y la paja a lo largo del pasillo del granero.

-¡Alelí!

La voz de Marco sonó ahogada, ronca, rota por el esfuerzo físico y la desesperación.

-¡Alelí, por favor!

Apreté los ojos con fuerza, escondiendo el rostro entre los brazos. No quería verlo. No quería volver a caer en el hechizo de sus ojos ni en la calidez engañosa de su voz.

-¡Vete, Marco! ¡Por favor, vete de aquí! ¡No quiero volver a escucharte nunca más!

Grité entre sollozos, con la voz quebrada por el llanto. Sin embargo, sus pasos no se detuvieron. Lo sentí doblar la esquina del establo y, un segundo después, el calor de su presencia se instaló justo frente a mí. Se dejó caer de rodillas sobre la paja, sin importarle la suciedad ni su ropa elegante, quedando a mi misma altura.

-no me voy a ir a ninguna parte hasta que me escuches

Suplicó con un hilo de voz temblorosa. Estaba hiperventilando; podía oír el ritmo desbocado de su respiración y el temblor que le recorría el cuerpo.




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