365 días

Capítulo 30

[Narra Marco]

La recuperación de mi padre fue el milagro que la familia necesitaba, pero también el catalizador que aceleró la locura en la mansión. Tres semanas después del infarto, Vittorio Di Santos estaba de vuelta en la casa y al mando parcial de la empresa. Tenía la mirada más suave, la voz cansada, pero una lucidez implacable. Desde el primer día que cruzó el umbral, mi padre dejó claro su respeto por Alelí, agradeciéndole en persona aquel momento en la clínica.
Sin embargo, para mi madre y Amelia, ver a la "chica de rancho" ganarse el corazón del patriarca fue la gota que derramó el vaso. Se estaba jugando la última carta, y el ataque no vino por el lado del protocolo, sino directo al corazón de nuestra confianza.
La noche previa a la asamblea general de accionistas, la tensión en la mansión se podía cortar con un hilo. Yo estaba en el despacho del primer piso revisando los discursos finales cuando mi madre entró, cerrando la puerta con pestillo. Tenía una expresión extraña, casi triunfante.

-Marco

Dijo con una calma helada.

-necesito que bajes al salón de música. Ahora
-mamá, estoy trabajando. La junta es mañana temprano...
-se trata de la mujer que metiste en esta casa

Interrumpió, clavándome la mirada.

-si de verdad crees que esa muchacha es tan pura y desinteresada como presume, baja y compruébalo tú mismo

Un mal presagio me atravesó las entrañas. Dejé los papeles sobre el escritorio y la seguí por el pasillo. Mientras bajábamos las escaleras, mi madre no dijo una sola palabra más, pero la sonrisa sutil que insinuaba en las comisuras de los labios me encendió todas las alarmas.
Al acercarme a la puerta entreabierta del salón de música, escuché voces. La voz aguda de Amelia y el tono firme pero pausado de Alelí. Me detuve a un lado del marco, fuera de la vista de ambas.

-entiéndelo de una vez

Decía Amelia, caminando en círculos alrededor de ella con una carpeta de cuero en las manos.

-eres un capricho de etapa difícil. Marco estuvo bajo demasiada presión con la fábrica y el rancho, pero esta es su realidad. Mañana en la asamblea se anunciará la fusión y, con ello, nuestro compromiso público. Las familias ya lo acordaron

Mi corazón dio un vuelco, ¿De qué demonios estaba hablando? Yo jamás había acordado semejante locura. Intenté dar un paso al frente para desmentirla, pero la mano de mi madre me sujetó el brazo con una fuerza sorprendente, susurrándome al oído: "Escucha antes de actuar, Marco".

-Marco no me ha dicho nada de un compromiso contigo, Amelia

Respondió Alelí sin que le temblara la voz, aunque vi cómo apretaba los puños a los costados de su vestido.

-y yo confío en él

Amelia soltó una carcajada amarga y abrió la carpeta, sacando un juego de documentos firmados y un estuche de terciopelo.

-¿Confías en él? Míralo tú misma. Esta es la transferencia que la corporación aprobó esta tarde para tu rancho. Cincuenta millones de pesos a nombre de tu madre. Y este anillo de diamantes lo compró Marco ayer en la joyería del centro, ¿De verdad crees que te trajo a la ciudad por amor? Te compró, Alelí. Pagó por la tierra de tu familia y por tu tiempo para tener una aventura rural, pero la esposa de un Di Santos requiere un contrato firmado, como este

Amelia dejó caer el cheque y el estuche de la joya sobre la mesa del centro, a pocos centímetros de Alelí.

-tu padre aceptó el pago esta mañana

Mintió Amelia con una frialdad sociopática.

-Marco no sabía cómo decírtelo sin arruinar su imagen de 'caballero'. Toma tu dinero, junta tus cosas y vete antes de que mañana te humillen públicamente en la asamblea

Vi a Alelí dar un paso atrás. El color se le fue del rostro por completo. Vi la duda, la traición y el dolor rasgarle los ojos en un segundo. La trampa era perfecta, maquiavélica y despiadada. Mi madre y Amelia habían fraguado una transferencia bancaria utilizando los fondos de la reestructuración del rancho que yo mismo había gestionado días atrás para proteger sus tierras, distorsionando los papeles para hacerlo parecer un pago de liquidación por sus "servicios".
Alelí miró el cheque, miró el anillo y luego bajó la cabeza. Dos lágrimas pesadas rodaron por sus mejillas.

-así que... todo esto era un contrato más

Susurró con la voz totalmente quebrada.

-los besos, la colina, las promesas... solo era comprar mi silencio y mi tierra

Dio media vuelta, dispuesta a salir corriendo hacia la puerta trasera para huir de esa pesadilla.
No aguanté más. Me zafé del agarre de mi madre de un tirón seco, abrí la puerta del salón de golpe y entré como un torbellino.

-¡Ni se te ocurra dar un solo paso, Alelí!

Grité, haciendo que las tres mujeres dieran un salto.
Amelia palideció al instante, tratando de esconder los documentos detrás de su espalda, mientras mi madre daba un paso al frente intentando recomponer su postura. Alelí me miró con los ojos llenos de lágrimas y una decepción tan profunda que me partió el alma en mil pedazos.

-Marco... no te acerques

Pidió Alelí con un hilo de voz, dando un paso atrás.

-no voy a permitir que te creas una sola de las mentiras que estas dos mujeres acaban de escupir

Dije, caminando directamente hacia la mesa y tomando el cheque falso y la carpeta de Amelia. La rompí en dos frente a sus caras.

-¡Eres una miserable, Amelia!
-¡Marco, no me hables así! ¡Lo hice por ti!

Chilló Amelia, perdiendo por completo la compostura aristocrática.

-¡Ella no pertenece a tu mundo! ¡Te va a arruinar! ¡Su familia aceptó el dinero!
-mi familia no ha aceptado nada, porque ese dinero era la cancelación definitiva de la hipoteca del rancho que yo pagué de mi propio bolsillo para que nadie volviera a tocar su tierra jamás

Sentencié con la voz temblando de rabia.

-y este anillo...




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