El caos no siempre solo se encuentra en un espacio en una comunidad a veces el caos está en nuestras propias mentes y solo el tiempo nos hace darnos cuenta. Como yo que odio que mi apellido sea sinónimo de la peor caída de la historia, porque significa que yo no tengo permitido tropezar ni una sola vez. Mi herencia no es una mochila, es una armadura de hierro negro que me aplasta las costillas y me corta el aire. El mundo entero espera que sea el monstruo bajo su cama, y mi padre espera que lo haga con elegancia. Todos miran mi linaje con temor o con envidia, pero nadie ve lo que cuesta mantener las apariencias cuando te estás quemando viva por dentro. No quiero el trono, no quiero la corona de espinas, y definitivamente no quiero pasarme la eternidad intentando enorgullecer al ser más orgulloso del universo. Solo quiero que me dejen respirar sin que cada suspiro tenga que sonar a apocalipsis. Y así como yo todos los otros hijos de los grandes reyes demoniacos sentían sentimientos muy similares a los míos la corona es asfixiante y no cualquiera lo puede lograr y menos cuando todo mundo espera que tú seas igual o mejor que tu familia. Solo pensar en la corona me hacía temblar pues en mi peor juicio estaba mi idea de reinar cuando era más joven y mi padre Lucifer me entrenaba diario pensaba y soñaba con que algún día lograría tomar su lugar por fin en el trono infernal. Lo que nunca llegó pues después de 103 años es difícil pensar en que puede hacer realidad y es mejor dar sentón a la realidad para saber que ese momento nunca iba a llegar.
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Editado: 22.09.2026