71 Para La Libertad

CAPÍTULO 7: El mensaje desde las entrañas del Palacio

Mientras la obsesión consumía al Canciller día y noche, el Palacio Nacional y el Zócalo se habían convertido en una fortaleza infranqueable. Había patrullas en cada esquina, francotiradores en los techos y retenes militares controlando cada acceso. Dentro de sus aposentos, el Canciller caminaba de un lado a otro, sirviéndose un trago y contemplando el gran ventanal que daba a la plaza. Intentaba calmar la paranoia convenciéndose a sí mismo de que todo estaba bajo control:
—Nadie puede tocarme —se decía en voz baja, analizando cada pieza del tablero—. El pueblo me quiere. Creen en mis promesas, aman la estabilidad que les he dado. Todo saldrá bien... nada puede salir mal.
No tenía idea de que la verdadera amenaza no venía desde afuera, sino que ya respiraba bajo su propio techo.
Aprovechando los pasajes subterráneos y los conductos olvidados del viejo edificio colonial, el Vigilante burló uno a uno los anillos de seguridad blindados de la policía y el ejército. Moviéndose como una sombra entre los pasillos de mármol y las salas desiertas de la burocracia, se coló silenciosamente hasta una habitación de transmisiones reservada para emergencias de Estado.
Cerró la puerta de madera pesada con seguro. De su chaleco táctico sacó una cámara de alta frecuencia y la conectó directamente a la red del transmisor central.
De pronto, en millones de hogares, en las fondas, en las cantinas y en las pantallas gigantes de las avenidas, la programación habitual de los canales oficiales se interrumpió de golpe. Las transmisiones se fueron a negro durante sesenta segundos exactos. El país entero aguantó la respiración.
La pantalla parpadeó y la imagen del Vigilante apareció en cuadro, vistiendo la capa negra, el sombrero y la icónica máscara sonriente. Detrás de él se alcanzaba a distinguir el tapiz oficial del propio Palacio Nacional.
Con una voz serena, elegante y de una lucidez helada, el Vigilante habló a la nación:
"Buenas noches, ciudadanos. Les pido que me disculpen por esta interrupción. Como a muchos de ustedes, me gusta el confort de la rutina diaria, la tranquilidad de lo familiar. Pero en el espíritu de la conmemoración, he pensado que podríamos marcar este día robándole un momento a nuestra agitada vida para sentarnos y hablar.
Hay, desde luego, quienes no desean que hablemos. Sospecho que en este momento ya se están gritando órdenes por teléfono y que hombres armados se apresuran a acallarme. ¿Por qué? Porque mientras que la fuerza puede ser usada en lugar de la razón, las palabras siempre conservarán su poder. Las palabras ofrecen el medio para comunicar el sentido y, para quienes quieran escuchar, la afirmación de la verdad. Y la verdad es que hay algo horriblemente mal en este país, ¿no es así?
La crueldad y la injusticia, la intolerancia y la opresión. Antes tenían libertad para objetar, para pensar y decir lo que pensaban. Pero ahora tienen censura y sistemas de vigilancia que les exigen conformidad y solicitan su sumisión. ¿Cómo ocurrió esto? ¿A quién culpar? Bueno, ciertamente hay algunos más responsables que otros, y se les pedirá cuentas. Pero si están buscando al culpable... solo tienen que mirarse al espejo.
Sé por qué lo hicieron. Sé que tenían miedo. ¿Y quién no lo tendría? La guerra, el terror, la enfermedad... Había una cantidad infinita de problemas que conspiraron para corromper su razón y robarles el sentido común. El miedo se apoderó de ustedes, y en el pánico, acudieron al Canciller. Él les prometió orden, les prometió paz, y a cambio solo les exigió su silencioso y obediente consentimiento.
Anoche intenté poner fin a ese silencio. Anoche asesinaron a un hombre que solo quería hacerlos reír, para recordarles que el tirano no es invencible. Si no han visto nada, si los crímenes de este gobierno les son indiferentes, entonces les sugiero que dejen que esta noche pase sin pena ni gloria. Pero si ven lo que yo veo, si sienten lo que yo siento, y si buscan lo que yo busco... entonces les pido que se unan a mí, exactamente dentro de un año, afuera de las puertas del Palacio, y juntos les daremos a todos un día que nunca, jamás, será olvidado."
El mensaje terminó. La señal regresó bruscamente a la programación habitual, dejando a todo un país paralizado frente a los televisores y al Canciller petrificado en su habitación, descubriendo que la voz del rebelde había resonado desde las entrañas de su propio hogar.
¿Qué te parece cómo quedó este capítulo con la adaptación del discurso de V de Vendetta contextualizado a la muerte de Jorge y al Palacio Nacional?



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En el texto hay: #suspenso, #político, #triller

Editado: 20.10.2026

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