A Esa Hora

Capítulo 5

—Ese es Ehecalt—me dijo Jord, que había llegado a nuestro lado en algún punto. Señaló a un hombre joven de cabello castaño que nos daba la espalda. 

Joe se atragantó con el agua. Me asusté y comencé a darle golpes en la espalda, no tan delicados, pero que debieron servir de algo porque enseguida se recompuso.

—¿Có-cómo dijiste?

—Ehecalt.

—Ay, Señor… —se tropezó al hablar—. Tú- tú- tú- Jordy… ¿Estás seguro? —Joe se dió la vuelta sobre sí mismo, buscando por todo el lugar algo. Su cara palideció al momento que sus ojos adquirieron un matiz de terror—. No, ni me digas, ya lo ví. Sí, es él. ¿Cómo carajos se me escapó de la vista tanto tiempo?

Joe jamás llamaba «Jordy» a Jordan. Siempre era... pues, «Jordan». Si acaso «Jord» (y eso sí estaba muy de buenas) pero nunca jamás desde que ellos se conocían le había dicho así como se refirió a él ahora. Así que, para haber usado aquel sobrenome, esto era algo que verdaderamente lo tomó por sorpresa

Entonces yo misma empecé a buscar su cara, tarde un poco porque estaba de espaldas y no iba a gritarle que se volteara para que pudiera verle. Cuando por fín lo ví, me dió un escalofrío reconocerlo como el chico que me había buscado aquel día con las crías. 

—No estuviste por el Deshuesadero esta semana Joe, y ellos sí. De hecho, todos ellos estuvieron conmigo, son bastante agradables una vez que se les pasa la defensiva. 

Pero Joe ignoró a Vivian para responderme a mí, que había hecho una pregunta al mismo tiempo que Viv hablaba.

—¿Lo conoces?—le pregunté, con el ceño ligeramente fruncido. 

Era evidente que el chico me conocía, pero nunca me imaginé que también se conociera con Joe. La verdad, ni me imaginé nada con respecto a él durante estos días. Me aprecia imposible creer que se conocieran de algún lado, así que había tomado la simple decisión de ignorar el asunto y no molestar a Joe con ello. Errorrr.

—Tú también—Joe me dió su mirada más asustada. Yo fruncí el ceño.

—Pues no, yo no…

No lo recuerdo. 

—No lo recuerdas—la mirada azul de Joe fue sino menos, hastiada. No era ni de cerca la primera vez que esa frase salía de mi boca—. Por supuesto.

Le dí una mirada de advertencia, porque no me había gustado nada ese tono. ¿Acaso no podía explicarme en lugar de evidenciar lo evidente? 

Después de un momento retándonos, Joe cedió.

—Bell, la verdad ya no te estoy creyendo ese cuento de que no recuerdas nada.

O tal vez no.

—Una o dos veces está bien, que olvides cosas de la carrera está bien, que olvides lugares está bien, pero, ¿olvidar a tus amigos? Puedes enojarte después por esto pero me parece una excusa de mierda para no enfrentar la realidad. Algo ridículo considerando que nadie es más puto consciente de «la realidad» que tú. 

Jordan intervino antes de que yo terminara de dar un paso al frente, no sé exactamente para qué avancé. Jamás dañaría a Joe. 

—Tal vez no convivieron demasiado, solo eráis vecinos, después de todo. O eso me dijo…

Joe soltó un ruido que dejaba muy en claro lo absurdo que consideraba aquella sugerencia.

—De cualquier forma—dije yo, porque ya me empezaban a molestar esto de las suposiciones acerca de mí y si no lo paraba ahora, Joe y yo íbamos a tener un problema—, ¿qué coño hace colgado del cuello de Nelly? 

Había una extraña sensación subiendo por mi vientre, similar a la que me acompañaba en las expediciones, específicamente en el punto donde se escuchaban los gruñidos y los gorgojeos demasiado cerca de nosotros. Aquel frío en las venas y el vacío en el hueco del estómago. 

Era una sensación que me ponía alerta de forma inmediata. En aquellas situaciones, mi primer instinto era levantar el arma, apuntar y esperar; esperar el siguiente ruido y entonces, disparar. Eso es lo que se me había enseñado y lo que siempre hacía, sin dudar. 

Pero justo ahora, no sabía que estaba esperando antes de actuar. 

—Se habrá lastimado—sugirió Viv—. Déjame ir a ver.

La mujer se alejó a pasos apresurados. 

Desde la distancia, nosotros tres la observamos irse. Los dos hombres a mis costados no tenían ni idea de lo que estaba pasando por mi cabeza cuando, un momento después Nelly pareció entender todo y corresponder al abrazo, rodeándolo con ambos brazos, que eran delgados y débiles a todas leguas, pero en los que él se recargó con completa confianza.

Y tal vez eso era lo que estaba esperando. 

Y entonces no quise levantar un arma de fuego.

Sin dejar de mirar la escena frente a nosotros, murmuré a 

—Joe… ¿dónde están los cuchillos?

Mi amigo sonrió complacido, no me interesó preguntar la razón. Se rió sin molestarse por ocultarlo. 

—Para tí, en ningún lado. Nos vemos mañana, Jord, cuida a los cachorros. Media hora más y a descansar. Tenemos una reunión, recuérdaselo a Pao y a Liz, por favor. 

Entonces me cogió por el brazo y me sacó de ahí a rastras, sin esperar respuesta de Jordy. Aunque no era necesario porque Jordy siempre obedecía, incluso a Joe, con quién no tenía la mejor de las relaciones. Como no era algo que me hiciera quedar bien, me abstuve de resistirme. Así que solo caminé en la dirección en que él me llevó sin decir una palabra, aunque en mi cara se podían ver todos mis pensamientos como si fuera de cristal.




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