A Rincón del Cololó en Tándem

En Rincón del Cololó

La llegada

A pesar de mis temores de "pecadora" y extraña, la llegada a Rincón del Cololó borró de un plumazo toda la incertidumbre. Pasamos un par de días verdaderamente hermosos. Allí conocí a los tíos de Mario y me cayeron de maravilla desde el primer instante.

En realidad, descubrí después que no eran exactamente parientes de sangre: era una pareja que criaba a una sobrina como si fuera su propia hija, y a él todos le decían afectuosamente «El Negro». Su hermano Pedro había estado casado con una tía de Mario, pero de todo ese enredo genealógico me enteraría yo mucho más tarde. Mario los consideraba sus tíos de corazón, y ellos nos recibieron con los brazos tan abiertos que, desde ese momento, lo fueron para mí también.

El vaquero del Cololó

Para mi gran alivio, nos asignaron un cuarto para nosotros dos solos, lo que estuvo genial y demostró la inmensa hospitalidad del campo. Y fue justamente allí, entre los corrales, donde descubrí una habilidad oculta de Mario de la que no tenía la menor idea: ¡podía montar un caballo como los auténticos vaqueros de las películas! Venía corriendo a toda velocidad, daba un salto en el aire y lograba subirse limpiamente al lomo del animal en movimiento. Debo confesar que aquello me impresionó muchísimo.

Fueron jornadas mágicas que compensaron con creces el sufrimiento del camino. Pero como todo lo bueno en esta vida tiene un final, el tiempo pasó volando y llegó el momento de emprender el regreso a casa.




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