La escala en Mercedes: El dolor de Pedro Leiva
Al regresar a la ciudad de Mercedes, fuimos a visitar a Pedro. En cuanto nos vio aparecer, nos reprochó con cariño que no hubiésemos ido con más tiempo y nos aseguró, con total hospitalidad, que nos habríamos podido quedar a pasar los días en su casa.
Mientras conversábamos, me llevó a recorrer las habitaciones de la vivienda. Hablaba con una profunda tristeza sobre lo mal que la habían pasado todos cuando «aquello pasó». Yo caminaba a su lado en silencio; era una completa extraña y no tenía la menor idea de a qué suceso se estaba refiriendo, pero el peso del ambiente era tal que tampoco me animé a preguntarle nada por respeto.
El viaje a Montevideo
Ya a solas, en el camino de vuelta a Montevideo, Mario me desentrañó el misterio. Me contó que su tío todavía intentaba superar la dolorosa y repentina pérdida de su esposa, y que Pedro continuaba sumamente afectado por la tragedia que había golpeado a la familia. La ausencia se sentía en cada rincón: la hija mayor se había marchado a vivir a la Argentina, y solo la menor, Fernanda, permanecía allí para acompañar a su padre.
La visita nos dejó una sensación extraña en el cuerpo. Nos despedimos agradecidos, dejando atrás aquella enorme casa cargada de silencios. En ese momento yo todavía no tenía la menor idea de que, por los giros imprevistos del destino, terminaría pasando muchas noches de mi vida bajo ese mismo techo.
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Editado: 16.10.2026