A Rincón del Cololó en Tándem

Los números turbios de la Farmacia del Hum

Fue justamente en medio de todo ese traqueteo de viajes y Mercedes cuando en mi horizonte profesional asomó la oportunidad de ser la directora técnica una segunda farmacia en el pago: la Farmacia del Hum. En su momento pensé que sería una buena oportunidad. Ya que iba por una farmacia, iba a cobrar por otra. Pero la realidad terminó revelando una trastienda de mala fe, avaricia y avivadas que hoy decido largar en este teclado antes de que se me borre de la cabeza.

Los dueños de aquel negocio implementaban unas maniobras contables sumamente dañinas. Para evadir al fisco y pagar la menor cantidad de impuestos posible, registraban en las planillas oficiales una fracción ridícula de mis ingresos reales; para ponerlo en números ilustrativos, facturaban ante los papeles del Estado como si yo ganara un sueldo de 100, cuando la realidad era que yo percibía un salario real de 1000. Esa trampilla patronal me perjudicó cuando me tocó salir de licencia maternal por el nacimiento de mi hijo. Al ir a cobrar el subsidio correspondiente, el Estado me liquidó una miseria absoluta basándose estrictamente en ese sueldo ficticio de 100 que figuraba en el sistema.

Cuando pedí que me declararn por la cantidad correctala, no aceptaron e incluso me preguntaron por qué me importaba si en realidad no era asunto mío.

El colmo de la desfachatez económica ocurrió poco después, cuando por decreto gubernamental se fijó un aumento general de salarios, digamos que era del 10%. Los encargados de la farmacia, con una viveza de vuelo corto, pretendieron aplicarme ese 10% de aumento tomando como base los 100 declarados, que reran 10, en lugar de mis 1000 reales, user era 100, intentando consolidar una rebaja salarial flagrante y descarada en mi recibo. Por supuesto que no entendían, o no querían entender, qué estaba yo reclamando, el aumento real. Yo era la directora técnica de 2 farmacias, y había estado ganado lo mismo. Luego del aumento, mientras una había subido a la cantidad correcta, digamos que eran 1010 siguiendo con el ejemplo, ellos pretendían pagarme 1010 y encima declarar 110.

A aquellas rispideces financieras se sumaban las mañas de la dueña del negocio. En un principio, Teresa, la dueña de la farmacia de Oeste, se hacía cargo de abonarme el costo de los pasajes de ómnibus para mis traslados de ida y vuelta a Mercedes, un gesto que yo valoraba enormemente. Era lo que habíamos acordado al contratarme.

Sin embargo, en cuanto empecé a trabajar con la otra farmacia, algo que me consiguió ella misma, arreglaron de forma impositiva entre ellas dividirse el costo de mis boletos a medias. Fue una clara avivada de ambas partes, pero en mi fuero íntimo a Teresa la perdono sin resentimientos porque en el trato diario siempre se portó de forma maravillosa conmigo. La otra mujer, en cambio, era un ser verdaderamente pesado e insufrible.

Tiempo después, la propia Teresa me comentó un detalle que describe a la otra dueña de cuerpo entero: la firma contable que le llevaba la administración de los papeles comerciales en Mercedes había realizado una votación interna de camaradería y, por absoluta unanimidad, aquella mujer (de la cual ni siquiera recuerdo el nombre al día de hoy) había sido galardonada formalmente como la clienta más insoportable de todo su catálogo de cuentas. Una pequeña y merecida justicia poética que me hace sonreír frente a la pantalla de la Mac al cerrar este capítulo de mi juventud.

A mí el planteo me pareció ridículo; entiendo perfectamente que la presencia de personal no registrado ante el fisco representa un problema legal, pero en este caso era un evento completamente casual y resultaba sumamente simple de demostrar que ella ni siquiera residía en la ciudad. Ellos, que tenían los papeles sumamente turbios, se asustaban por una simple visita familiar.Las cosas terminaron de explotar el día en que decidí plantar bandera por mis derechos salariales.




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