A Rincón del Cololó en Tándem

Las farmacias de Mercedes en retrospetiva

Mirando el asunto en retrospectiva, a veces me pregunto por qué no tomé cartas en el asunto y los denuncié formalmente ante la DGI (Dirección General Impositiva). En ese momento lo llegué a pensar en serio, pero la realidad era que yo ya tenía demasiado en mi plato en esa etapa de mi juventud: lidiaba con la crianza de mis tres hijos chicos, arrastraba el inmenso dolor por lo de la Yaya —que habrá ocurrido por ese mismo tiempo— y tenía que desgastarme lidiando con la compleja dinámica familiar junto a Mario, trabajaba en Montevideo y además, estudiaba.

Sumarle una batalla legal contra la farmacia hubiera sido insostenible. Pero esa es una historia completamente diferente, cargada de sus propios bemoles, que ya tiene su propio libro reservado así que no voy a mezclar en estas páginas.

Esas idas a Mercedes y luego a las termas o a visitar a otros parientes de Mario en el norte del país eran una manera de poder tener pequeñas vacaciones que de otra manera no hubiéramos podido pagar, pero claro, usualmente gastábamos más de lo que me pagaban. El sueldo sólo me servía cuando iba yo sola. Tener doble sueldo claro que servía, y la gente de Mercedes era genial, pero esa pareja había convertido algo que era un rato agradable con gente a la que le tenía afecto en momentos de tensión por unos pocos pesos. Perder ese tiempo no valía la pena.

Menos, para ir a estar haciéndome mala sangre cada mes.

NOTA: Si Ud. quiere saber qué pasó con La Yaya, mi perra, hay un libro que se llama así donde está esa hitoria.

Continué con esa regencia de la farmacia del Oeste hasta que la vida me cambió los planes de forma drástica y tuve que marcharme a los Estados Unidos. Debido a la compleja enfermedad de mi segundo esposo Doug, lo que iba a ser un viaje temporal terminó convirtiéndose en una radicación definitiva.

En el intermedio de la mudanza, la farmacia me quedó debiendo un dinero; como ellos venían arrastrando una situación económica complicada, me habían diferido unos pagos y yo preferí no presionar, ya que siempre habían sido excelentes personas conmigo. Al final, viendo que yo ya no regresaría al Uruguay y que ellos jamás me hicieron el menor problema por mi partida repentina, decidí con total madurez que lo mejor era dejar esa deuda atrás, dar vuelta la página y priorizar que me dieran buenas referencias profesionales para poder abrirme camino en el mercado norteamericano.

Cumplieron con creces. Gracias a esas cartas de recomendación, logré conseguir mis primeras suplencias en el Norte. Sin embargo, los desafíos, las soledades y las anécdotas de esa etapa de inmigración tienen su propia fuerza y formarán parte de un libro independiente que estará disponible para mis lectores más adelante.




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