La campana de la Academia de la Luna y la Sangre continuó resonando durante varios minutos.
Nadie sabía qué estaba ocurriendo.
Los estudiantes habían sido obligados a regresar a sus habitaciones, mientras los profesores recorrían los pasillos asegurándose de que nadie saliera.
Pero las preguntas ya habían comenzado a extenderse.
¿Quién era aquella mujer?
¿Por qué había entrado a la academia?
Y, sobre todo...
¿Por qué tenía alas negras?
La sala de los profesoresEl director permanecía de pie frente a una enorme mesa de piedra.
A su alrededor se encontraban los profesores más antiguos de la academia.
Todos tenían expresiones preocupadas.
—Esto no puede estar sucediendo —dijo uno de ellos.
—Las barreras mágicas no pueden ser atravesadas por un ángel —respondió otro.
El director levantó la mirada.
—Por un ángel común, no.
Todos guardaron silencio.
—¿Entonces qué es? —preguntó una profesora.
El director respiró profundamente.
—Una criatura que no debería existir.
La puerta se abrió de golpe.
Una joven profesora entró apresuradamente.
—Director... la encontraron.
—¿Dónde?
—En el jardín norte.
El director se levantó inmediatamente.
—¿Está sola?
La profesora dudó.
—Sí.
—¿Dijo quién es?
La mujer negó con la cabeza.
—Solo dijo una cosa.
—¿Qué cosa?
La profesora bajó la voz.
—Dijo que vino a buscar a alguien.
El director sintió un escalofrío.
—¿A quién?
—No quiso decirlo.
El encuentroMientras los profesores se dirigían al jardín, la joven permanecía bajo un enorme árbol.
Había retirado la capucha.
Su cabello rubio caía sobre sus hombros y sus ojos color gris brillante observaban la academia con una mezcla de tristeza y nostalgia.
Sus alas negras habían desaparecido.
Pero ella sabía que no podría ocultarlas durante mucho tiempo.
Escuchó pasos detrás de ella.
—No deberías estar aquí.
La joven se giró.
Frente a ella había un joven de mirada fría.
Sus ojos tenían un extraño brillo color azúl
Era un vampiro.
La joven lo observó durante unos segundos.
Y entonces sintió que el corazón se le detenía.
Lo reconocía.
Aunque habían pasado muchos años...
Era él.
El joven también la observó.
Algo dentro de él comenzó a despertar.
Una sensación que no podía explicar.
—¿Quién eres? —preguntó.
Ella sonrió débilmente.
—¿De verdad no me recuerdas?
El vampiro frunció el ceño.
—Nunca te había visto.
Una expresión de dolor apareció en el rostro de la joven.
—Eso pensé.
Ella comenzó a alejarse.
Pero él tomó su brazo.
—Espera.
La joven se quedó inmóvil.
El vampiro la miró fijamente.
De repente, una imagen atravesó su mente.
Una niña.
Un jardín.
Una noche iluminada por la luna.
Y unas pequeñas alas blancas.
El recuerdo desapareció tan rápido como había llegado.
El vampiro soltó su brazo.
—¿Quién eres?
Ella lo miró directamente a los ojos.
—Soy la persona que prometiste esperar.
El silencio entre ambos fue absoluto.
El secretoAntes de que pudiera responder, una voz se escuchó detrás de ellos.
—¡Aléjate de ella!
Los dos se giraron.
El director y varios profesores estaban frente a ellos.
El director miró al vampiro.
—No sabes con quién estás hablando.
—Entonces dígamelo —respondió él.
El director miró a la joven.
—Ella no es simplemente un ángel.
La joven cerró los ojos.
Sabía que el momento había llegado.
—Dígales la verdad —susurró.
El director permaneció en silencio.
Finalmente, pronunció unas palabras que hicieron que todos retrocedieran.
—Ella pertenece a la antigua sangre de los ángeles.
Los estudiantes que habían conseguido observar desde las ventanas comenzaron a murmurar.
—¿La antigua sangre?
—Pensé que habían desaparecido.
El director continuó:
—Hace cientos de años, los ángeles de alas negras fueron considerados una amenaza por ambos mundos. Fueron perseguidos hasta casi desaparecer.
El vampiro miró a la joven.
—¿Por qué?
Ella respondió con tristeza:
—Porque nacimos diferentes.
—¿Diferentes cómo?
La joven abrió lentamente sus alas.
Esta vez no hubo manera de ocultarlas.
Enormes plumas negras aparecieron detrás de ella.
El vampiro quedó paralizado.
Pero no fue miedo lo que sintió.
Fue reconocimiento.
El recuerdo volvió a su mente.
Una niña.
Una promesa.
Una voz.
“Algún día volveré por ti.”
El vampiro abrió los ojos.
—Eras tú...
La joven sonrió entre lágrimas.
—Sí.
El director dio un paso adelante.
—Y ahora que ella ha regresado, todos los que conocen la antigua profecía vendrán por ella.
—¿Quiénes? —preguntó el vampiro.
El director miró hacia las montañas.
A lo lejos, un relámpago iluminó el cielo.
—Los que quieren evitar que se cumpla.
La joven bajó la mirada.
—Ya comenzaron a buscarnos.
El vampiro la observó.
—¿A nosotros?
Ella levantó los ojos.
—Sí.
Y en ese instante, una enorme sombra apareció sobre las montañas.
Algo había llegado.
Algo mucho más peligroso que un ángel.
La guerra entre los dos mundos acababa de despertar.