El relámpago iluminó las montañas durante un instante.
Después, todo quedó nuevamente en silencio.
Demasiado silencio.
El joven vampiro permanecía frente al ángel, sin apartar la mirada de sus enormes alas negras.
Había demasiadas preguntas en su cabeza.
—¿Quiénes vienen por ti? —preguntó finalmente.
Ella no respondió de inmediato.
Miró hacia las montañas.
—Los Guardianes de la Noche.
El director palideció.
—No deberías haber pronunciado ese nombre.
—Ya es demasiado tarde —respondió ella.
El vampiro dio un paso hacia ella.
—Explícame qué está pasando.
La joven lo miró.
—Hace muchos años, los ángeles y los vampiros estuvieron a punto de destruirse mutuamente.
—Eso lo sabemos.
—No conoces toda la historia.
Ella respiró profundamente.
—Existió una profecía.
El director cerró los ojos.
Aquella era la historia que había intentado mantener enterrada durante siglos.
—La profecía decía que un ángel de alas negras aparecería nuevamente cuando la frontera entre ambos mundos comenzara a desaparecer —explicó ella—. Y que ese ángel estaría destinado a un vampiro.
El joven se quedó inmóvil.
—¿Destinado?
Ella asintió.
—Su unión podría traer la paz...
Hizo una pausa.
—O provocar la guerra definitiva.
Nadie habló.
Entonces se escuchó un ruido entre los árboles.
Crack.
Una rama acababa de romperse.
El vampiro se giró rápidamente.
—No estamos solos.
Los profesores comenzaron a prepararse.
Una sombra salió lentamente de entre la niebla.
Después apareció otra.
Y otra.
Los ojos rojos comenzaron a brillar entre los árboles.
—¡Todos dentro de la academia! —ordenó el director.
Los estudiantes comenzaron a correr.
Pero el vampiro permaneció junto al ángel.
—No pienso dejarte sola.
Ella lo miró sorprendida.
—Si te quedas conmigo, podrían matarte.
Él sonrió ligeramente.
—Entonces tendremos que asegurarnos de que no puedan hacerlo.
Por primera vez, ella sonrió de verdad.
Pero la sonrisa desapareció cuando una figura apareció frente a ellos.
Era un hombre vestido completamente de negro.
Sus ojos eran de un rojo sobrenatural.
—Finalmente te encontramos.
El ángel retrocedió.
—No...
El hombre sonrió.
—Creíste que podías esconderte para siempre.
El vampiro se colocó delante de ella.
—¿Quién eres?
El desconocido lo observó con desprecio.
—El último error que cometió tu especie.
Levantó una mano.
Una poderosa energía oscura golpeó el suelo.
Los árboles comenzaron a temblar.
El vampiro fue lanzado varios metros hacia atrás.
—¡No! —gritó el ángel.
Sus alas negras se extendieron.
Una enorme ráfaga de energía salió de ellas.
El desconocido retrocedió.
Por primera vez, su sonrisa desapareció.
—Así que es verdad...
Miró las alas del ángel.
—La heredera ha despertado.
Ella levantó la mirada.
—¿Qué quieres de mí?
El hombre respondió:
—No quiero nada de ti.
Sus ojos se clavaron en el vampiro.
—Quiero evitar que la profecía se cumpla.
El ángel sintió un escalofrío.
—Entonces tendrás que pasar sobre mí.
El hombre sonrió.
—Eso era exactamente lo que esperaba escuchar.
Y detrás de él, decenas de sombras comenzaron a salir de la niebla.
La batalla estaba a punto de comenzar.
Pero ninguno de ellos sabía que, dentro de la academia, alguien observaba todo desde una ventana.
Alguien que conocía la verdadera profecía.
Y que sabía que el ángel de alas negras no había regresado solamente para salvar al mundo.
Había regresado para reclamar al vampiro que le pertenecía.