Catherine sacó un cuchillo, un marcador y se acercó al cocodrilo.
—¡Que gruesa que tiene la piel! —dijo la mujer.
Adele se quedó esperando. Con un marcador Catherine dibujó en el pecho del animal unas líneas.
—El corazón debe estar aquí —señalo con el cuchillo. —Bueno vamos a empezar, no tenemos tiempo.
Adele se dio vuelta.
—Catherine, ¿Y el vigilante donde esta?
—No estoy para esto ahora, vigilar a un vigilante.
—Pero no está.
—Capas que lo llevó el otro cocodrilo. —dijo Catherine bien tranquila como hablando del clima.
Adele miró donde dormía el otro cocodrilo.
—¡Dios mío! ¡Lo llevó al agua!
Unos raspones en el piso se conducían al lago.
—¿Catherine que hacemos? —Adele pegó un grito, —lo va a comer.
—No me molestes.
—¿Tú tienes sentimientos?
—A ver. Lo único que me interesa ahora es obtener el corazón de cocodrilo.
—¿Para qué? Ya tienes uno igual que éste en tu pecho.
La mujer no contestó, solo se concentró en su tarea.
Adele se acercó a la orilla del lago. Un oleaje ligero le avisó que adentro hay un movimiento.
Adele tomó el aire e hizo un paso al agua.
Catherine abrió los pedazos de piel del animal que estaban colgando, metió la mano adentro del pecho del cocodrilo y tocó el corazón. El órgano vital se levantaba y se bajaba bombeando la sangre del “rey de ríos y lagos”. Ahora era la tarea de cortar las arterias que lo unían al cuerpo. El bisturí le resbalaba en la mano manchada de sangre.
Chik! Una ya está. Chik! La otra… Era como cortar salame.
Adele se metió al agua hasta la cintura. No puede dejar que muere un hombre inocente por culpa de una doctora psicópata.
La ropa mojada se hizo pesada, la llevaba al fondo.
¿Dónde carajo buscar al cocodrilo y a su víctima?
De repente vio un leve oleaje dos metros a la izquierda. La chica se dirigió allí. Tomó la respiración y se tiró al agua de cabeza.
Bajo el agua no se veía nada. La luz escaza de la jaula no llegaba hasta aquí.
Adele movía las manos tratando de encontrar al hombre al tacto. De repente se topó con una pierna. Al lado estaba la otra, loquitamente, según la fisiología humana.
Sin pensar mucho Adele tomó al hombre de los tobillos y tiró afuera. Por surte esta parte del estanque no era profunda, Adele tocó el fondo y se puso de pie. Ahora solo tirar y tirar hasta sacar a estos dos animales fuera del agua. Uno color verde y otro color piel. Parece que el cocodrilo no se dio cuenta que está pasando con su presa, ¿por qué se va? Mientras el “rey de los ríos y lagos” estaba tratando de recalcular su próxima jugada, seguía flotando bajo el agua sin sacar los dientes del hombro de la presa.
Así Adele puedo sacar a los dos a la orilla. Tirar dentro del agua no era tan pesado como ahora en la tierra. Arrastrar casi doscientos kilos que pesaban entre los dos era mucho más difícil. La solución sería despegar al cocodrilo. Adele soltó al hombre y se levantó.
Recién el cocodrilo vio a la chica. Por más que el animal tenia pensamiento lento, pero tenía sus instintos naturales. Así que abrió la boca, dos troncos gigantes llenos de dientes y atacó a la chica.
Lo más fácil sería empezar a correr, pero Adele se acordó las palabras de un hechizo para domar a los animales. Según le libro de brujería esto podría servir para todos los animales que escuchen sonido, porque allí estaba la clave del resultado.
“Menos más que tú no eres un pez” —pensó Adele y sin dar un paso atrás empezó a pronunciar las palabras.
“Trundis, comron, esprog”.
El cocodrilo parece que clavó la cabeza contra una pared. Se detuvo de golpe con la boca abierta.
Emitió un sonido del desagrado. “Gh—h—h!” La mandíbula superior empiezo a caer por la ley de gravedad, no tuvo fuerza de mantenerla arriba. La cabeza se cayó al piso. Las pupilas subieron mirando a Adele desde abajo.
El poderoso animal estaba bajo la influencia de una chica frágil.
“Ahora te vuelvas a tu hábitat” —ordenó Adele.
El cocodrilo emitió otro sonido más y se dio vuelta para meterse al estanque. Caminaba despacio, es como decía “No me mandas tú, voy por mis propias ganas”.
Adele suspiró aliviada y miró al vigilante.
—No está mal. —dijo la doctora, —me impresionaste.
—Y tú a mí, con la indiferencia.
Adele se sentó al lado del hombre. Estaba agotada.
—Eran muy pesados —dijo respirando hondo.
—¿Por lo menos está vivo? —Preguntó Catherine sin dejar de hacer si tarea cirurgica. Si no, te mojaste en vano.
Adele le clavó la mirada de odio.
—¡Estas enferma! No te importa la vida de la gente.
Adele lo miró al hombre, puso la mano en el pecho de él. El hombre no respiraba.
—¡Hijo de su madre! Debe estar lleno de agua—La chica se puso de rodillas y clavó los codos en la pansa del vigilante. Apretó una vez, dos veces, tres veces.
Unos chorros de agua se dispararon por la boca, nariz y oídos.
—Agh—gh! —El hombre inhaló el aire y abrió los ojos.
Adele suspiró con alivio.
—Tienen visita —dijo Catherine con un tono de burla.
Era cierto. El cocodrilo que se quedó sin la cena, parece que limpió el hechizo con el agua, salió del estanque y se dirigía derecho a Adele y el vigilante. El animal estaba más furioso que nunca.
Ya no había tiempo para otro hechizo.
—¡Levántate! —dijo Adele al hombre.
—¿Eh? —el vigilante la observó con una mirada perdida.
El animal que todavía estaba vivo, en comparación con su amigo sin corazón, abrió la boca y rugió. Ya estaba a dos metros de distancia y seguía avanzando.
—¡Ayúdame! —dijo Adele a Catherine.
—Estoy ocupada.
—¡Hija de su madre!
Adele se levantó. Miró alrededor buscando algo para protegerse. El tubo de gas que dejo Catherine estaba llamando con su brillo en la luz de luna.
El cocodrilo parece que se sorprendió que la presa que recién escapó estaba acostada en el mismo lugar. Solo acércate y tómala.
Editado: 05.02.2025