Capítulo 2
Minutos antes de entrar a la habitación
—Alejo, señora, ¡qué bueno que están aquí! ¿Cómo está Rory? —pregunta Andrea, muy ansiosa.
—¿Podemos verla? —pregunta Margarita.
—Ella está bien, y sí pueden verla. Pero antes de que lo hagan, necesitamos hablar con ustedes. Cuando despertó, preguntó por Manuel.
—¿Qué? —respondió Margarita, aterrada.
—No, no me diga esto, por favor —dice Andrea mientras se recuesta en la pared para sostenerse.
—Mamá y yo venimos de hablar con el doctor. Nos recomendó que, por ahora, no sería buena idea contarle la verdad a mi hermana. Después de todo, lo de Manuel fue lo que la llevó a ese accidente y a estar en coma por dos meses.
—¿Pero qué se supone que le vamos a decir cuando pregunte por Manuel? ¿O cuando pregunte por qué no le escribe o la llama?
—No lo sé, Margarita. Ahora mismo no tengo la menor idea de qué vamos a hacer. Solo sé que debemos proteger a mi hermana, al menos por un mes, hasta que esté totalmente bien para saber la verdad.
—Le romperemos el corazón por segunda vez cuando sepa la verdad… cuando se entere de que Manuel… que él está muerto —dice Andrea mientras intenta contener las lágrimas.
—Hola, ¿qué hacen aquí afuera? ¿Por qué no están con Aurora? —pregunta Robert.
—Ah, cuñado, tenemos que hablar contigo de algo muy serio —le dice Alejandro, con tono grave.
—¿Qué ocurre? —pregunta Robert.
—Se trata de mi hermana… y de Manuel —responde Alejandro.
—Dios… ¿ahora qué está pasando? —dice Robert, preocupado.
Dos días después
Casa
Por fin, después de dos días en el hospital y muchos exámenes, me dieron de alta. Ya estoy de vuelta en casa. Mi habitación está igual: mis libros, mi escritorio, mi cama… todo está como lo recuerdo.
—Bien, hermana, ya estás de vuelta en casa. ¿Cómo te sientes? —me preguntó mi hermano mientras colocaba su mano en mi hombro.
—¿Cómo me siento? Feliz. Ya no quería estar ni un minuto más en ese hospital. Aunque me trataron muy bien, ya estaba ansiosa por volver a casa.
—Pues ya estás aquí, cariño —me dice Robert mientras me sonríe.
—¿Alguien ha sabido algo de Manuel? Solo fue a verme el día que desperté. Cariño, ¿crees que puedas llamarlo y saber si está bien? Dile que quiero verlo, que no se olvide de mí.
—Lo haré, pero más tarde. Ahora descansa un poco. Aunque saliste del hospital, aún necesitas reposo. Nos retiraremos para que descanses. De paso, llamaré a Manuel y le diré que venga a verte. Bueno, ahora duerme un poco —me dice Robert mientras besa suavemente mi frente, me dedica una tierna sonrisa y sale de la habitación junto con mi hermano y las chicas.
Me parece raro que Manuel no haya ido a verme al hospital. Lo conozco muy bien; sé que, con solo saber que estoy triste, feliz o cualquier cosa que tenga que ver conmigo, él siempre llega corriendo. Si tan solo tuviera un celular, lo llamaría o le enviaría un mensaje, pero se dañó el día del accidente que tuve. Cuando tenga la oportunidad, les pediré a las chicas que me acompañen a comprar uno nuevo. Después de dos meses en coma, deben de haber pasado muchas cosas, y quiero estar al tanto de todo lo que ha sucedido mientras estuve dormida
En la sala
—¿Ahora qué se supone que le voy a decir cuando me pregunte si llamé a Manuel? Dios… Desde el momento en que me contaron lo que estaba pasando, supe que esto no iba a ser sencillo. Amo mucho a Aurora, pero en verdad no creo que sea buena idea seguir mintiéndole de esta manera —dice Robert.
—¿No? ¿Acaso quieres que suceda lo mismo que cuando le contamos que su mejor amigo había muerto? ¿Eso es lo que quieres? —le responde Alejandro, fríamente.
—Tenemos una segunda oportunidad. Esta vez lo haremos diferente, aunque tengamos que cerrar todas las puertas con seguro para que ella no vaya a ningún lugar. Pero hay que decirle la verdad. ¡Por Dios! Ella piensa que él está con vida, incluso que la fue a visitar al hospital esto es absolutamente imposible porque el esta muerto. Esto es muy cruel, tanto para ella como para nosotros. ¿Alguien más piensa lo mismo que yo? —dice mirando a todos.
Silencio.
—Bien, por lo visto quieren seguir con esta mentira —los mira molesto.
—Robert, por favor, solo será por un mes. Solamente tienes que esperar un poco más para que le contemos la verdad —le responde Margarita.
—Bien, está bien. Como quieran, entonces. Voy a ir a llamar a Manuel para pedirle que venga a ver a su mejor amiga, que está impaciente por verlo o saber algo de él —responde Robert mientras toma las llaves de su auto y sale de la casa.
—¿Están seguros de que podremos ocultarlo por un mes? —les pregunta Andrea.
—Yo… yo no lo sé —responde Alejandro.
Yo solo quiero cuidar a mi hermana hasta que esté totalmente recuperada. Apenas salió del hospital; si sabe la verdad ahora, va a sufrir mucho, y solo Dios sabe cómo terminará esta vez. Quiero prepararla, que tenga la suficiente fuerza para cuando llegue el día de decirle la verdad.