Al filo del corazón enemigo

Capítulo 5

— ¿Quieren que ordene algunas pizzas? ¿O alguien se ofrece para cocinar? -silencio absoluto. Sabía que el ramen no bastaría.

— Yo la quiero con queso extra –suelta Liz mientras ríe.

Rita desapareció de la sala para pedir pizzas, mientras que Austin intenta desaparecer.

— ¿A dónde vas?

Liz se pone de pie.

— Iré a admirar las estrellas- miente.

— ¿Sigues con esa porquería? Sabes que te hace daño...

— Iré a comprar algo para beber, relájate. No está tu madre para regañarnos.

Austin tenía razón. Sabine no estaba con ellos. Por primera vez podían hacer lo que quisieran.

— ¿Quieres que vaya con él y lo regañe por si intenta fumar? -intervino Matthew y Liz asintió con rapidez.

El chico desapareció junto a Austin. Rita apareció nuevamente con su teléfono en mano, pero ya había colgado la llamada.

— ¿A dónde se fueron?

— Irán por algo para beber.

Las amigas comenzaron a ordenar la pequeña mesa ratonera que estaba frente al enorme sofá con algunos vasos y servilletas. Rita apagó la televisión para que el ambiente sea más tranquilo.

— Rita, quiero preguntarte algo...

— Dime.

— ¿En dónde dormirán los chicos? -su amiga le entrega una mirada juguetona- no hablo de eso. Sabes de lo que hablo.

— ¿Matthew sabe que no te has acostado con nadie? Ahora que lo pienso, tu madre jamás te permitió quedarte a dormir en mi casa. Luego de que se deshizo de Ken, solo dijo que sí.

— Que no te oiga Austin. He notado que lo asesina con la mirada a Matthew. No quiero que haya problemas entre ellos.

Liz temía que su hermano y con quién fingiría un noviazgo se llevaran mal. Ya que sus padres lo detestaban. Pero estaba equivocada. Mientras ellas charlaban, ellos seguían de compras como mejores amigos.

— ¿Cuánto apuestas a que podría sacar ese peluche para Liz? -habla Matthew con una sonrisa mientras introducía un billete en la máquina de peluches.

— Intenta con ese rosa- lo ayuda involuntariamente.

Ven como la garra baja lentamente y toma al peluche, pero la garra lo suelta con facilidad. Ambos gritan.

— Yo lo haré, sostén esto –le entrega las bolsas a Matthew y Austin introduce otro billete-vendrás a mí maldito conejo.

Matthew vigiló si había alguien mirando, pero las calles estaban vacías y el hombre de la tienda estaba casi dormido, así que aprovechó la oportunidad.

Al momento que la garra bajó, levantó la máquina para inclinarla en dirección al hueco de salida y así sacar el peluche mientras la garra se movía descontrolada hacia los lados.

— Sal maldito conejo –al verlo caer en el hueco, ambos celebraron a gritos, mientras se daban un abrazo de victoria. El hombre de la tienda se sobresaltó y al ver que eran dos adultos, se cubrió el rostro con su sombrero para intentar volverse a dormir.

Austin tomó el peluche y se lo arrojó a Matthew.

— A Liz le gustan los conejos -le arrebata las bolsas con una sonrisa y comienza a caminar con una paleta en su boca.

— Sé que tus padres tienen una versión de mí-comienza a hablar mientras caminan- quiero que se conserve. No quiero que sepan que Liz y yo nos llevamos bien hasta que tenga la situación bajo control.

— ¿A qué te refieres con bajo control?

— Ya lo sabrás -palmea su hombro y lleva al conejo en sus brazos como un bebé.

Unos metros después, entran a la casa encontrándose con las muchachas comiendo algunas rebanadas de pizza. Ambas se sobresaltaron al verlos.

— Eso debería ser ilegal, Lizbeth -regaña Austin acercándose.

Matthew camina hacia ella y Liz divisa el peluche entre sus manos.

— Me enteré de que te gustan los conejos –le sonríe tiernamente.

Ella no supo qué decir, pero tomó su obsequio con cuidado como si fuera lo más preciado de su vida.

Todos tomaron asiento alrededor de la pequeña mesa.

— Brindemos con lo que Austin trajo.

El chico desvió su mirada y sacó varias cervezas de dentro de la bolsa.

— ¿Estás bromeando? ¿Beberemos alcohol?

— ¿No quieres?

— Esto no es alcohol, Austin. Ahora vuelvo.

Rita se encaminó hacia la cocina y volvió junto a dos botellas de Ron y uno de Vodka.

— Esto sí es alcohol -ríe.

— Chicos, yo no puedo beber...mañana tengo que ir a la academia.

— Solo un poco –insiste su amiga.

Liz asiente y Matthew se acerca a su oído mientras Austin y Rita discuten sobre qué música poner.

— ¿Estás segura?

— Sí, no creo que me emborrache tan fácil.

La pijamada había comenzado. Durante la primera ronda Austin y Rita no dejaban de debatir sobre qué banda de rock era mejor. La personalidad de su amiga, al discutir con su hermano le causaba demasiada risa a Liz. Su estómago dolía. Matthew por su parte no dejaba de observarla. El cómo abrazaba al conejo mientras reía le daba demasiada ternura. Quería grabar ese recuerdo en su mente para siempre.

En la segunda ronda, comenzaron las historias sobre la secundaria y primaria. Las anécdotas de sus vidas y, Austin, no dejaba de exagerar sobre su vida. Liz rodaba los ojos al escuchar sus absurdas historias sobre que había asesinado a un cocodrilo en el servicio militar.

En la tercera ronda, Rita y Austin comenzaron a cantar canciones que apenas conocían inventando la letra ellos mismos, hasta que la chica se desplomó en el sofá riendo de absolutamente todo.

Liz sentía su cara arder. Todo le daba vueltas y no paraba de reír como Rita. Austin por su parte se había sentado en el sofá y recostó su cuerpo para evitar marearse.

En cuanto a Matthew, él estaba fresco. Había bebido dos pequeños vasos de vodka, pero no quería beber para cuidar de Liz. Su mirada no se apartaba de su rostro rojo.

— ¿Te sientes bien?

Se acercó a ella para tomar su cabeza al verla tambalearse hacia los lados.

— Tengo una idea –grita Rita sobresaltando a todos- tomemos una foto.

— Te cobraré por una foto mía- suelta Austin sin mirarla.




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