Al filo del corazón enemigo

Capítulo 10

Matthew quedó inmóvil frente a la puerta de su casa. Su verdadero hogar. La casa donde vivía junto a sus padres. Durante unos segundos permaneció allí, observando la entrada como si necesitara reunir el valor suficiente para volver a cruzarla. Desde que comenzó su venganza contra Glen, conocer sus debilidades nunca había sido un problema. El verdadero problema llegó cuando sus sentimientos por Liz cambiaron. Nunca pensó que terminaría enamorándose de ella.

Tomó el picaporte con su mano derecha y lo giró, adentrándose finalmente en la casa. El mayordomo lo recibió con la seriedad de siempre y se hizo a un lado para permitirle entrar. Matthew ni siquiera se detuvo a saludarlo. Con su ropa empapada y el cabello húmedo, del que todavía caían algunas gotas, caminó hacia la sala en dirección a las escaleras. Solo quería llegar a su habitación. No podía volver a su casa.

— ¿Puedo saber qué haces aquí?

Adriel se hizo presente, parándose a un lado de las escaleras. Matthew levantó la mirada y lo encontró observándolo con los brazos cruzados, como si su presencia allí fuera algo completamente inesperada.

— Voy a quedarme aquí unos días…

— ¿Por qué? ¿Ya no puedes pagar la renta?

Una risa burlona escapó de su boca, pero se detuvo rápidamente al notar la expresión de su hijo. Matthew estaba demasiado tenso y parecía no tener la menor intención de seguirle el juego.

— ¿Por qué no contestas mis mensajes?

— No estoy de humor, padre…

Adriel lo observó durante unos segundos. La expresión de su hijo no era la de alguien que simplemente había tenido un mal día. Había algo mucho más pesado detrás de aquella mirada perdida y de la forma en que apenas podía sostenerle los ojos.

— ¿Qué te ocurre? No contestas mis mensajes, desapareces por días y ni siquiera sé si asistes a tus clases en el club.

Matthew permaneció en silencio. Bajó la mirada mientras apretaba ligeramente la mandíbula, intentando encontrar la manera de decirlo sin quebrarse frente a su padre.

— Es por Lizbeth

El muchacho levantó lentamente la mirada.

— Tuvo un accidente de tránsito.

La expresión de Adriel cambió inmediatamente. Abrió ligeramente los ojos y dio un pequeño paso hacia su hijo, aparentando una preocupación que Matthew no cuestionó.

— ¿Qué?

Matthew bajó nuevamente la cabeza. Le costaba incluso pronunciar las siguientes palabras, como si hacerlo significaba aceptar finalmente que aquello estaba ocurriendo.

— La llevaron al hospital.

Adriel dio otro paso hacia él.

— ¿Está bien?

Matthew negó lentamente con la cabeza.

— ¿Qué tan grave fue?

Matthew respiró profundamente antes de responder.

— Tiene una lesión en la columna.

Adriel se quedó quieto. Durante una fracción de segundo, la preocupación que fingía desapareció por completo de su rostro. Sus ojos se abrieron ligeramente y su expresión se endureció, pero recuperó rápidamente la compostura antes de que Matthew pudiera notar algo extraño.

— ¿Los médicos dijeron algo?

Matthew apretó la mandíbula.

— Están esperando para saber cómo evoluciona.

Adriel asintió lentamente, intentando mantener la calma mientras procesaba aquellas palabras. Aquello no era lo que había esperado.

— Entonces todavía hay esperanza.

Matthew soltó una pequeña risa amarga y apartó la mirada.

— No saben si volverá a caminar.

Aquellas palabras hicieron que Adriel perdiera la compostura. Su rostro quedó completamente inmóvil. Durante unos segundos no reaccionó, como si necesitara procesar lo que acababa de escuchar. Matthew levantó la mirada y frunció el ceño al notar su silencio.

— ¿Padre?

Adriel parpadeó y recuperó rápidamente su expresión.

— Lo siento. Es una noticia difícil de asimilar. Después de todo, es hija de quien era mi amigo...

Matthew no dijo nada. Simplemente lo observó durante unos segundos, demasiado agotado para cuestionar aquella reacción.

Adriel extendió una mano y la apoyó sobre su hombro.

— ¿Quieres que te lleve al hospital?

Matthew apartó suavemente el hombro, sin siquiera mirarlo.

— No.

— Matthew…

— Necesito estar solo.

El muchacho comenzó a subir las escaleras. Sus pasos eran lentos y pesados, como si llevara encima mucho más que el cansancio de aquella noche.

***

Los primeros días después del accidente fueron lentos y difíciles. Lizbeth permaneció bajo observación mientras los médicos controlaban su evolución y comenzaban a determinar hasta dónde había afectado la lesión en su columna. Matthew no se apartó de ella. Pasaba horas en aquella habitación, sentado junto a su cama, acompañándola incluso cuando ella no tenía ganas de hablar. No intentaba llenar los silencios ni decirle que todo estaría bien. Simplemente permanecía allí.

Una noche, cuando Matthew ya se encontraba fuera de la habitación respondiendo mensajes de Rita, el mismo médico que lo había llamado la noche del accidente se acercó para hablar con él. Le explicó que, pese a la gravedad inicial de la lesión, Lizbeth estaba mostrando una evolución favorable. Su cuerpo era joven, tenía una excelente condición física gracias a los años que había dedicado al deporte y estaba respondiendo mejor de lo esperado a los primeros tratamientos. Todavía era demasiado pronto para asegurar algo, pero existía una posibilidad.

— ¿De volver a caminar? -preguntó Matthew.

El médico asintió con cautela.

— Es posible. Quizá en algunos meses, si mantiene este ritmo. Pero necesitará mucha rehabilitación y, sobre todo, fortaleza mental. El cuerpo puede recuperarse, pero ella también tendrá que aprender a confiar nuevamente en él.

Matthew permaneció en silencio durante unos segundos. Aquellas palabras eran probablemente las mejores noticias que había recibido desde el accidente, pero no se atrevió a entrar en la habitación y contárselas. Sabía cuánto significaba la esgrima para Lizbeth y conocía demasiado bien lo que podía ocurrir cuando alguien se aferra a una esperanza y esta termina desapareciendo.




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