Alba X Aurora

Capitulo 3

**Capítulo 3: La Sombra del Destino**

El clima en Valle Sereno cambió de manera abrupta. La noticia de un edicto real recorrió el pueblo como un río caudaloso, llevando consigo rumores y miradas de preocupación. Los habitantes se reunían en la plaza, susurrando entre ellos, intentando entender el motivo detrás de la repentina orden.

Isabela y Tomás, sin embargo, no podían evitar sentir una sombra de incertidumbre que se cernía sobre ellos. Decidieron encontrarse bajo el viejo roble, el mismo lugar donde tantas veces compartieron sueños e historias.

"¿Has oído lo que dicen?" preguntó Isabela, su voz temblando levemente.

Tomás asintió, su expresión grave. "Dicen que el rey ha mandado llamar a varias jóvenes del pueblo. Nadie sabe por qué."

Isabela miró a su alrededor, sintiendo el peso de la situación. " llaman a mí?"

Tomás le tomó las manos, sus ojos llenos de preocupación. "No permitiré que te lleven, Isa. No puedo imaginar mi vida sin ti."

Sus palabras resonaron en el corazón de Isabela, pero antes de que pudiera responder, un grupo de soldados apareció en la plaza. El líder de los soldados, un hombre de aspecto severo, comenzó a leer el edicto real.

"Por orden del Rey Alonso, las siguientes jóvenes deben presentarse en el palacio antes del atardecer," proclamó el soldado. "Isabela de Valle Sereno, estás entre las elegidas."

El mundo de Isabela se detuvo en ese instante. Tomás la abrazó con fuerza, su voz un susurro desesperado. "No puede ser... no permitiré que te separen de mí."

Isabela, con lágrimas en los ojos, asintió lentamente. "No tenemos elección, Tomás. Debo ir."

Los soldados se acercaron, escoltando a Isabela mientras la multitud observaba en silencio. Tomás los siguió a distancia, su corazón roto pero decidido a proteger a su amiga.

El viaje al palacio fue largo y silencioso. Al llegar, Isabela fue conducida a una lujosa sala donde otras jóvenes esperaban nerviosas. Un hombre elegante y refinado se presentó como el consejero real.

"Bienvenidas al palacio," dijo el consejero con una sonrisa forzada. "El rey os ha llamado para elegir una esposa, y una de vosotras será la afortunada."

El corazón de Isabela se hundió al escuchar esas palabras. Sus pensamientos volaron hacia Tomás, su amigo de toda la vida, con quien compartía un amor silencioso pero profundo.

Días después, el rey Alonso hizo su elección. Isabela fue llevada ante él, su rostro sereno pero su corazón desbordado de emociones. El rey, un hombre de porte majestuoso pero con un aire distante, la observó detenidamente antes de hablar.

"Isabela, te he elegido para ser mi reina," declaró con voz firme. "Aceptas?"

Isabela sabía que no tenía opción. Con un nudo en la garganta, asintió. "Sí, majestad."

El matrimonio se celebró con gran pompa y ceremonia, pero en el corazón de Isabela, el anhelo por Tomás ardía como una llama inextinguible. Cada vez que miraba al horizonte, recordaba su promesa: encontrar una manera de regresar a los brazos de su verdadero amor.



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En el texto hay: relato corto

Editado: 28.02.2025

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