Alba X Aurora

Capitulo 6

**Capítulo 6: El Juego del Poder**

La noticia del intento de fuga de Isabela y Tomás se esparció por el palacio como un incendio incontrolable. Los cortesanos murmuraban entre ellos, y Don Rodrigo observaba desde las sombras, sus ojos llenos de una malévola satisfacción. El rey Alonso, en su trono, estaba más decidido que nunca a mantener el control sobre su reino y su nueva reina.

Isabela, confinada en sus aposentos, se sentía prisionera de un destino que no había elegido. Cada día, sus pensamientos volvían a Tomás y a la promesa que le había hecho. Sabía que debía encontrar una manera de liberarlo y, a su vez, liberarse a sí misma.

Una tarde, mientras paseaba por los jardines vigilados del palacio, Isabela se encontró con Don Rodrigo. Su presencia siempre la incomodaba, pero sabía que debía mantener la compostura.

"Mi reina," dijo Don Rodrigo con su habitual tono serpenteante, "pareces preocupada. ¿Hay algo que te aflija?"

Isabela lo miró con desdén, pero decidió ocultar sus verdaderos sentimientos. "Estoy preocupada por Tomás. No merece estar en las mazmorras."

"Ah, sí. El joven imprudente que intentó raptarte," respondió él con una sonrisa sarcástica. "No te preocupes, mi reina. Su castigo será justo."

"Justo," repitió Isabela, sintiendo un nudo en la garganta. "¿Y qué pasará conmigo? ¿Seré castigada también por intentar huir?"

Don Rodrigo la miró con una expresión inescrutable. "El rey es indulgente contigo, Isabela. Debes agradecer su magnanimidad. Pero recuerda, todos aquí jugamos un juego de poder. Y en este juego, la lealtad es lo más valioso."

Isabela asintió, pero en su interior, sabía que debía jugar sus cartas con cuidado. Don Rodrigo tenía sus propios planes y ella debía ser cautelosa.

Esa noche, mientras la luna iluminaba el cielo, Isabela se encontró de nuevo en sus aposentos. Decidió escribir una carta a Tomás, una carta que escondía cuidadosamente en la base de una lámpara. Sabía que debía encontrar una manera de hacerla llegar a él, y su única esperanza era un joven sirviente que había demostrado ser confiable.

A la mañana siguiente, Isabela llamó al joven sirviente, Pedro, y le entregó la carta. "Pedro, necesito que lleves esto a Tomás. Es muy importante."

Pedro asintió, sus ojos llenos de comprensión. "Haré lo que me pides, mi reina. Pero debes tener cuidado. El palacio está lleno de ojos y oídos."

Isabela lo despidió con una sonrisa de gratitud, sabiendo que su mensaje llegaría a Tomás. Mientras tanto, ella debía continuar jugando el juego del poder, manteniendo su apariencia de sumisión mientras planeaba su próximo movimiento.

El tiempo pasaba, y las tensiones en el palacio crecían. Isabela y Tomás intercambiaban cartas a través de Pedro, planificando su escape. Sabían que debían actuar con rapidez, antes de que el rey o Don Rodrigo descubrieran sus intenciones.

Una noche, mientras el palacio dormía, Isabela decidió que era el momento. Se dirigió a las mazmorras, donde Pedro la esperaba con las llaves. Juntos, liberaron a Tomás y se dispusieron a escapar por los pasadizos secretos del palacio.

Pero justo cuando estaban a punto de salir, Don Rodrigo apareció, su sonrisa maliciosa iluminada por la luz de una antorcha. "¿Creíste que podrías escapar tan fácilmente, mi querida reina?"

Isabela y Tomás se miraron, sabiendo que estaban atrapados. Pero en sus corazones, la llama de la esperanza seguía ardiendo. Sabían que, a pesar de las adversidades, debían luchar por su libertad y su amor.



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En el texto hay: relato corto

Editado: 28.02.2025

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