Almas Cambiadas

Más allá de la aldea

Una vez que se despidieron todo el grupo de lobos, excepto Sidera, llamados por ellos mismos como la corte joven, Lobezna y Lobezno recorrieron lo que les faltaba de buena parte de la aldea, hasta casi llegar a la llamada parte inacabada; que más que ser un sitio en plena construcción, el lugar era llamado así por ser el destino de todas las piezas incompletas o en mal estado, y escombros del resto de las construcciones de la aldea.

Por el camino se habían encontrado a varios lobos que se dirigían principalmente  a la salida de la aldea, rumbo a la cacería; los más decentes solo los ignoraron, mientras que la mayoría les lanzaron miradas juzgadoras, como siempre en los últimos años. Pero en los poco más de 5000 mil lobos, no todos eran iguales, habían otros mucho peores, que siempre que no estuviera Liber o sus amigos, les gritan cosas, tratando de humillarlos.

-¿Qué fue eso ahí con Sidera, hermana? –pregunto Lobezno, con una leve sonrisa mientras recordaba.

-¿A qué te refieres?

-Vamos, no finjas, nunca te había visto tan brava.

Ella solo rio suave y tranquilamente, sin dejar de ver al frente.

-No eres el único al que no le gusta que traten mal al otro. Sidera es mi amiga y mucho tiempo ha sido la mejor de todas. Es solo que el pensar de su madre le ha nublado su propio juicio –dijo Lobezna, sonriendo, mientras paraban antes de entrar a la parte inacabada de la aldea, quedando ambos frente a frente-. Pero aunque no fuera ese el caso, y su corazón verdaderamente pensara eso, tu eres mi hermano y te guste o no, yo también he de cuidar siempre de ti.

Lobezno no sabía porque en esos momentos Lobezna le parecía más hermosa de lo normal, quizás era el pelo suelto, que muy rara vez lo llevaba a si y le hacía lucir más los grandes ojos verdes, o quizás la cálida sonrisa que le regalaba en esos momentos junto con las palabras de afecto, en esos tiempos tan difíciles para ambos.

-Sabia que venias en camino, Lobezno –grito Paulina, mientras corría, al tiempo que saltaba de frente a Lobezno, rodeándolo con ambas piernas y brazos. Ella era otra Humana-Loba más de la aldea, tenía 21 años de edad y había llegado a la aldea a los 12. Su altura y físico era muy similar al de Lobezna, diferenciándose principalmente en los pechos, donde a pesar de ser algunos años más joven, Lobezna le llevaba bastante ventaja de tamaño. Sin embargo las mayores diferencias se encontraban en la tez morena de Paulina, sus ojos color azul intenso y su pelo lacio y negro, hasta la espalda -. Tu olor a tierra mojada es inconfundible aun a kilómetros, aun cuando esta vez me parece que lo tuvieras mezclado con un aroma raro.

-Bueno, los dejo… iré a buscar donde quedarnos –dijo Lobezna, avanzando dentro de la parte inacabada de la aldea, ambos sin dejarse de verse y ella con una leve sonrisa tierna.

Lobezno dejo de ver con pesar a su hermana adoptiva, luego de perderla detrás de una enorme columna resquebrajada.

-Ya te he dicho que no me abraces así –dijo él a regañadientes, mientras la bajaba de sus brazos.

-¿Qué pasa? –inquirió ella ofendida-. Pensé que habías venido conmigo, o mejor aún, por mi.

-¿Por qué habría de hacer eso?

-Porque sabes que dentro de pronto seremos pareja –dijo Paulina sonriendo entre burlesca y seria.

-Aun no siento nada por ti.

-Pero yo por ti si, desde antes de cumplir los 18 años me sentí completamente atraída hacia a ti. Y solo son 2 años de diferencia que las hembras despertamos antes ese sentimiento. Así que tu pronto descubrirás que somos la luna del otro.

Lobezno la miro en completo silencio intranquilo, aun no podía creer que eso llegara a ser verdad, cuando había lobos que duraban siglos para encontrar su amor verdadero.

- ¿Por qué me vez así? –Rio Paulina-. Tan grande y fuerte y en esos temas aun pareces seguir siendo peor que un cachorro y ya es hora de que proceses esos temas. Pronto estaremos cogiendo, como acostumbran decir los humanos. Sabes que por ti, no participé aún pudiendo en estos 2 últimos Carnubescere, solo para esperarte a que cumplas la edad mínima para participar.

El Carnubescere era un evento que se organizaba cada 6 nuevas lunas, periodo de tiempo que duraba hasta el creciente, donde las hembras no eran fértiles, de tal modo que se podían llevar encuentros íntimos sin riesgo de fecundación, permitiendo así saciar las pasiones carnales, sin romper la ley de la aldea de procreación controlada.

-Entiende Paulina, que no creo llegar a sentir la misma atracción por ti… no al menos entonces –dijo Lobezno, dando media vuelta-. Y aunque así fuera, no me interesa participar en esas cosas –afirmo con total seriedad, viéndola de reojo.

- ¿Y quien dijo que para participar debías estar enamorado de alguien o tener pareja? –Inquirió encogiéndose de hombros con una sonrisa maliciosa-. No creo que seas muy diferente a Ciro, así que tal vez solo necesitas algo de motivación.

-No te atrevas a compararme con él –gruño molesto-. Claro que soy muy diferente. A mí me gustan las lobas –respondió agachando la cabeza-. Así que por lo mismo jamás pretendo participar.

-Pues es algo natural y más en lobos sin una propia luna, ya lo veras. Pronto hasta tu querida Lobezna la veras siendo penetrada una y otra vez –dijo Paulina y Lobezno le clavo de inmediato los ojos negros, con el ceño fuertemente fruncido-. Ya casi deja de ser una cachorra y no la podrás tener junto a ti por siempre, así que mientras más rápido lo entiendas, más rápido dejaran esa hermandad enfermiza.



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En el texto hay: viaje, aventura, amor

Editado: 12.12.2023

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