Almas Cambiadas

Aprendiendo a la mala

Lobezna se apreciaba muy feliz y cariñosa con el Lobo-Espino, al que no le había dejado de hacer carisias, que empezaban a molestar por alguna razón a Lobezno. Fuera de eso todo lo demás iba bien para Lobezno, nada anormal y extraordinario para él, hasta que a la distancia vio una gran masa de agua que no parecía tener ni comienzo ni fin y que de ancho era casi del mismo tamaño que la plazuela de la aldea.

-Una vez que crucemos el rio, empezaran a notar una fuerte presencia de presas. De este punto en adelante, hasta los cazadores más novatos podrían conseguir mucho alimento –dijo Liber, tan sabio como siempre para Lobezno-. Y es que no solo eso notaran, sino un mucho mayor aumento en la temperatura ambiental.

-¿Es eso lo que genera toda esta agua? –pregunto Lobezno, inquieto.

-El sol derrite el hielo de más al norte, junto con el de los alrededores y viaja hasta el mar del centro de la tierra. Es la misma función que hacen los acueductos de la aldea, al sacar el agua fuera… solo que por este rio se podría llegar nadando hasta la aldea de las tortugas.

-¿Nadando? –inquirió Lobezno, al escuchar esa palabra por primera vez, pero entendiendo de inmediato y lo hizo ponerse más incomodo al no saber cómo hacerlo-. Todo lo que dices es impresionante, hermano.

-Sí, lo es –confirmo Lobezna, sin embargo, no se veía ni la mitad de impresionado que él-. Pero yo lo que quisiera saber es como cruzaremos con el Lobo-Espino.

-Eso es fácil –respondió Liber-. Como ustedes aun no saben nadar y es obvio que el recién nacido no lograra aprender, los 3 subirán a mi espalda y yo cruzare hasta el otro lado del rio.

-No hermano –dijo la hermosa Humana-Loba, en tono serio y firme-. No podemos cruzar de esa forma y arriesgar a este pequeño.

-Lo siento, hermana, pero debido a que ninguno de nosotros es un ser mitológico, como los dragones de las leyendas, es la mejor opción que tenemos –dijo Liber con una pequeña sonrisa.

 -No, hermano. Siento yo el contradecirte de nueva cuenta, pero no podemos hacer eso –dijo Lobezna, seria. Llamando la atención de ambos, en especial más la de Lobezno, pues sabia perfectamente que ella nunca mostraba un carácter tan intenso, ni mucho menos era de contradecir a Liber o sus padres-. El rio parece llevar mucha corriente y si eso te mueve lo suficiente, como mínimo puede hacer que el que lleve al recién nacido caiga junto con él. Y el pequeño no es para nada igual que nosotros, tal vez el si puede enfermar, por lo que el agua para él es tan sumamente fría que podría hasta morir –finalizo la Humana-Loba con su clásico parado y la misma mirada tierna e inocente. Pero para Lobezno en aquellos momentos su hermana era totalmente diferente, tan sabia como él nunca lo había sido, pese a su mayor edad.

Liber se quedo un momento pensativo, como si realmente no hubiera considerado antes nada de lo que Lobezna había dicho y lo cual tenía mucha lógica para los 3 ahí.

-Tienes razón, hermana. Busquemos entonces una mejor opción –dijo Liber, con mucho orgullo en su mirada.

-Podríamos avanzar por la orilla del rio, hasta encontrar un espacio menos amplio y tranquilo como para atravesarlo sin tantas dificultades –dijo Lobezna.

-Me parece una excelente idea, hermana –dijo Liber.

-¿Cómo es que últimamente eres tan sabia? –inquirió Lobezno, cada vez más extrañado de su conocimiento, que hace muy poco parecía no poseer.

-No lose, hermano –sonrió Lobezna con sencillez, encogiéndose de hombros con orgullo, para luego reír con deje de malicia-. La etapa de desarrollo en las hembras empieza antas y entrando en ella, hermano. Supongo que me debo hacer más sabia y no solo viaja como tú, hermanito.

Lobezno solo gruño con una sonrisa que también hizo sonreír a Lobezna a modo de disculpa. En eso Liber empezó a escarbar en el suelo. Sus enormes patas y su increíble fuerza hacia que sacar tierra del suelo pareciera algo sumamente fácil, logrando en muy poco tiempo un montículo de tierra de más de 2 metros de alto.

-¿Qué haces, hermano? –pregunto Lobezno sorprendido y algo cansado de desconocer tantas cosas.

-Los ancianos me dieron una sola instrucción para llegar a la aldea de los espinos. Y esa es seguir este camino, de manera recta, sin importar que sea lo que se tenga que atravesar, por lo que al desviarnos por el rio, tenemos que volver, hasta que del otro lado veamos esta tierra y así estar seguros de seguir en línea recta.

-Muy bien, hermanos. Sigamos entonces –dijo Lobezna, muy feliz.

Así continuaron con mayor velocidad por la orilla del enorme rio, recorriendo cientos de kilómetros en 3 horas de trayecto. En ocasiones el plan perecía que funcionaria, pues el rio se volvía más estrecho, aunque no lo suficiente como ellos lo necesitaban, para cruzarlo de un solo salto. Hasta que encontraron una parte en la que algunas rocas sobresalían por encima de las cristalinas y gélidas aguas y que se encontraban entre una y otra, a menos de 20 metros de distancia. Una distancia cómoda para que saltaran entre ellas, hasta llegar al otro extremo.

-Este lugar es perfecto –exclamo Lobezna, sonriente, mientras colocaba sobre el suelo, suavemente al Lobo-Espino en 4 patas.

Entonces la Humana-Loba se despojo de su capa blanca y empezó a amarrar ambos extremos, formando así una especie de morral, en el que coloco dentro al Lobo-Espino.



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En el texto hay: viaje, aventura, amor

Editado: 12.12.2023

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