Amor Ciego

Capítulo 17

Con el paso de los días, Paloma se vio afectada por la actitud de Mariana, quien se había negado a salir de su habitación y participar en las actividades familiares o en cualquier otra cosa. El sábado por la tarde, la joven tuvo una crisis de nervios, así que la enfrentó bastante irritada.

—¿Puedes decirme de una vez por todas por qué estás así? No soy tonta, Mariana, sé que a ti te pasó algo muy feo ese fin de semana que no te vimos. ¿Por qué no me lo dices? ¡Dímelo ya, maldita sea!

El llanto de Mariana, el que acudía rápido, brotó de nuevo. De verdad que estaba muy frágil, pero Paloma se exasperó más.

—No es verdad que fuiste a ver a un médico, ¿verdad? ¿Dónde estuviste? Y no te atrevas a decirme que no te pasó nada. Tú ya estabas más tranquila por la muerte de Sergio, ¿qué pasó pues para que estés en este horrible estado?

Mariana sollozó.

—¡Ya basta! —vociferó Paloma, casi histérica—. Te levantas ahora mismo de esa cama y bajas conmigo. Es hora de que salgas de aquí y te hagas cargo de tus responsabilidades, maldición. ¡Son tus hijos, es tu trabajo, no es mío!

—Lo sé, sí que lo sé, pero... me avergüenzo de mí misma. El mundo... nadie debería verme más.

—¿Pero qué diantres estás diciendo?

Paloma ya no sabía qué hacer. No entendía lo que le sucedía a su hermana.

Desde que volviera así el lunes pasado, indagó con Marcos, pero él no le había querido decir nada. Lo único que le recomendó fue que no molestara a Mariana con preguntas, no obstante, ella necesitaba saber.

Estaba harta de ignorar la situación. Por las noches se debatía en encontrar respuestas a preguntas que le robaban el sueño. ¿Mariana había descubierto la identidad de Nic? ¿Sabía que ella conocía quién era y también que se lo había ocultado? ¿Se enteró su hermana que ella fue la que introdujo a Joel Reyes a la familia? ¿O quizá su hermana seguía pensando en ese vídeo que mencionó aquel chico? ¿Planeaba una venganza contra Joel? ¿Ya no le importaban ellos; sus hijos y ella? ¿La odiaba? ¿Quizá no había olvidado que por su descuido Sergio murió?

—¿Qué es Mariana? ¡Dímelo, por Dios! ¡Se supone que yo soy la adolescente que se porta mal, no tú! ¡Mira! ¡Date cuenta hasta dónde he caído porque no puedo con mis pensamientos, no puedo con tantas cosas que han sucedido!

En un arrebato desesperado, la chica tomó la mano de su hermana y levantándose la blusa del uniforme, la llevó a su vientre. Los dedos de Mariana temblaron al reconocer las heridas en la carne.

—¡Paloma! —gimió, incrédula—. ¡Tú! ¿Qué te estás haciendo?

¡No!

Mariana comprendió que no debía cuestionar, que no debía hacerla sentir peor, por eso abrazó a la joven y lloró por ella, por sus hijos, por sus amados que ya no estaban, por ella misma y también por Nic, porque él se había ido y ella lo extrañaba demasiado.

—Perdóname, hermanita. Te he dejado sola y tú has tenido qué cargar con todo. Perdóname. Los he descuidado tanto que no me había dado cuenta. Estoy haciendo todo mal, ¿verdad?

—No, no, tú no —susurró Paloma en su hombro, reconfortada por su abrazo. Hacía mucho que no sentía el cariño de su hermana y de verdad que le hacía mucha falta.

—Pero es que sí estoy haciendo mal las cosas, Paloma. Hice algo muy malo, ¿sabes?

Paloma se separó y la miró entre asustada y preocupada.

—¿Está relacionado con Joel Reyes? —le preguntó en tono apagado, aunque sintió miedo de oír la respuesta.

Mariana asintió y la joven tembló.

—Fui a verlo a su casa.

—¿A su casa, por qué?

Mariana la vio al rostro y Paloma, aunque sabía que era imposible por la ceguera, se sintió escrutada por la mirada .

—Te contaré lo que sucedió, pero a cambio, quiero pedirte algo. Prométeme que ya no vas a lastimarte. Júrame que cualquier cosa que te angustie, no volverás a recurrir a esta práctica para desahogarte.

—Mariana, yo…

—¡Escúchame, Paloma! Si crees que yo no puedo ayudarte en algo, hay otras formas, escribe lo que sientes, has deporte, dibuja, pinta, canta, grita tanto como puedas. Por favor, hermana, necesito que dejes de hacerte daño. ¡Dime que ya no lo harás!

Paloma pasó su mano por las cortadas, unas ya cicatrizadas y otras aún frescas. Siempre que terminaba de cortarse, se arrepentía de haberlo hecho. Estaba consciente que no era bueno a pesar de que lograba descargar sus emociones mediante el dolor que se producía.

—¿Paloma? Tienes que arrancar este hábito de ti antes de que sea demasiado tarde.

—Lo sé, Mariana y no es que no confíe en ti, es sólo que hay cosas que no puedo decirte y no puedo con eso.

Mariana la abrazo de nuevo y desechó la decepción que sintió porque Paloma no confiaba en ella.

—Está bien, Paloma, que no te inquiete eso. Comprendo por tus palabras que hay algo que no puedes decirme, pero pensaré que te callas por el bien de todos, ¿es así, hermana?

Paloma se separó y asintió.

—¿Estás asintiendo, Paloma?

—Sí, Mariana y gracias por comprenderme. Te prometo que no voy a lastimarme más.




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