Amor en el alma

011.

"Si lo ven por ahí, díganle que lo quiero volver a ver. Es fácil saber quién es, lleva un pedacito de mí en sus ojos"

Autor desconocido.
 




 

Díganle.

Los quince meses a su lado no podían pasar desapercibidos, no había manera en el universo de que pasara por alto y aquí estábamos; tumbados en el tiempo, después de tanto nadar contra la corriente, seguíamos nadando juntos, y era lo importante ¿No?

Le escribí una carta, no tenía nada que regalarle, y de pronto, recordé lo mucho que ama lo que escribo para él. Pero mi idea no es solo enviárselo. Era bastante básico, lo sé, pero debo admitir que soy una persona bastante sencilla. No tengo para comprarle lo que se merece, pero puedo ofrecerle lo que soy; escribo lo que sé y lo que siento porque es lo único que tengo.

Letras lo que escribo; letras lo que soy y letras lo que vivo.

¿Hace cuantos años que se acostumbraban a regalar cartas y poemas de amor? Muchos, eso se veía mucho en aquellos tiempos.

Los hombres buscaban de cortejar a las mujeres con cartas, rosas, chocolates y esas cosas todas cursis y clichés...

Y aunque lo material no importa, me avergonzaba. Me sentía mal al ver esta fecha aproximarse y no poder preparar un buen regalo, me dolía no tener dinero para un chocolate, ni siquiera, ni para un pequeño detalle; pero mis intenciones que darle un presente y hacerlo sentir especial se mantenían intactas en mi interior.

Y me pasaba frecuentemente, no solo con él. Me sentía tan insuficiente cuando mi madre estaba de cumpleaños y no tenía un regalo en mis manos, o cuando se acercaba el día de las madres. Hasta en el cumpleaños de su sobrino o de mi hermano; me causa una sensación de impotencia.

Y así con toda mi familia y cada persona que me importaba; sabía que merecían más de lo que yo tenía y más de lo que yo era, o soy.

Pero, más allá de todo lo material que una persona te pueda ofrecer, siempre vas a ver las intenciones, no vas a ver los colores, no vas a ver los chocolates.

Tu solo vas a ver "Me prestó atención cuando le dije que me gusta el chocolate" o un simple "Se tomó la molestia de regalarme algo.

Las acciones son el mejor regalo, y la atención la mejor envoltura.

Me tomé una madrugada completa para entender mis ideas y luego, finalmente, plasmarlas.

Fue complicado, es difícil expresarte cuando ni tu misma te entiendes, cuando no te conoces, cuando no sabes lo que significa ese sentimiento ardiente quemándote el pecho por las noches; cuando no sabes lo que significa la dilatación de tus pupilas, ni el golpeteo acelerado de tu pecho.

Quería salir a la calle solo para encontrarme de nuevo a mí misma —admito que también a quienes dijeron que no lograría salir de mi caos —y sanar mis heridas; desde las más profundas hasta las más superficiales, recordar lo que fui si mi esencia perdí por un intervalo efímero de tiempo; una fracción de segundo, cuando me juzgaron o dijeron que mi personalidad se había esfumado, justo cuando me sentí más yo, más libre, más colorida y brillante.

¿Acaso les afectaba que estuviera bien y brillara tanto? Si no intentaba opacar a nadie.

¿Por qué mi brillo molestaba a personas que creía que me querían?

Si de dónde vengo, todos nos alegramos por los triunfos de otros.

¿La única luz que querían para mí era esa al final del túnel que me ofrecía la muerte?

No lo entenderé jamás, no lo explicaré; nada justificará la avaricia y la envidia de personas cercanas, y tal vez, hasta de personas que son conectados a nosotros por un vínculo sanguíneo.

No todos los que comparten mi sangre son mi familia; el respeto y el cariño se gana, debemos demostrar que lo merecemos y que entendemos que todos somos iguales, tengamos la edad que tengamos, pensemos lo que pensemos.

Se me hizo tarde para convertirme en una nueva yo, y de piezas rotas me compuse; de trozos me armé y soy la mejor obra de arte, el mejor producto de mis noches tributantes y pesadillas agonizantes.

Me pareció absurdo tener que preguntarles a otros para poder definirme a mí. Hablé con mi «Yo» del pasado y le pedí que me definiera, le pregunté por el dolor que sobresalía de mis bordes y si el pegamento en algún momento secaría, y me pidió tiempo; me pedí tiempo y solo me dije "En un futuro hazme la misma pregunta".

Eso me dije, murmuré por lo bajo, entendí que Dios y el tiempo tenían las respuestas a todas mis preguntas; Google me falló, pero debía buscarlas de una manera más profunda y resiliente, debía ser más espiritual.

Todo comenzó porque quería encontrar ese lado de mí que les agradaría a los demás, les pregunté a todos y quien respondió fue el eco de mis propias respuestas, solo vivía de problemas y de mares de aguas dolorosas saliendo de mis ojos, pensaba que estaba sola cuando yo sabía que yo misma estaba conmigo, debí entender que yo misma tenía las respuestas a todas mis dudas, me faltó escuchar mi voz interior; me faltó gritarme más fuerte, me faltó ver por más tiempo la imagen que me proyectaba el espejo del tocador de mi habitación, por andar escuchando las críticas, las cosas cambian, y ya estaba acostumbrada a creer que no me tenía.

Mi rutina se basaba en perderme y dilapidar cada fragmento de mi amor propio; era algo temporal, más que efímero, precario y fugaz con voracidad y avidez, ignoraba mis pensamientos pero era esclava de mis sentimientos.

¿Quién lo entendería? Si ni yo misma lo hacía.

Pensé que el tiempo lo diría todo de una forma definida y bien explicada; pero no lo diría tan fácilmente, me haría trabajar por mis propias respuestas, pero crecer es darse cuenta que luego, de pronto te cambian las preguntas y todo se convertía en un juego, y no en cualquier juego, uno de mucha astucia y estrategia, había que meterse por el ojo de una aguja; entender jeroglíficos.

La vida es como un juego de ajedrez y los individuos de clase baja somos los peones de este tablero; por no tener dinero y terminamos trabajando para los demás.




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