Amor en el alma

Epílogo.

Epílogo.

Entre tanto, puedo jurar que al principio sentí que perdía el tiempo cuando tomé decisiones que iban a darle un impulso inimaginable a mi amor propio y mi autoestima, y con toda la experiencia bien pulida y las bases apropiadas respaldando mis argumentos, le di permiso a la razón de darle una cachetada que despertara mi corazón y con un poco de fuerza arrebatar la venda que lo mantenía ciego.

En un principio me sentí egoísta, sentí que estaba pensando más en mí que en la otra persona y que estaba mal, me sentí yoísta y ególatra, me sentí miserable y mala persona por no querer permanecer al lado de alguien que me lanzaba al suelo y me destrozaba cada vez que quería.

En muchos instantes sentí que me faltaba el aire, en otros sentí que mi existencia no tendría sentido si solo estaba para hacer sentir bien a otra persona y me olvidé por completo de hacerme feliz a mí y darle valor a cada respirar, a cada instancia, a cada abrazo de mi mamá y deleitarme con el sonido de la voz de mi sobrino. Aprendí a valorar las cosas que tengo antes de buscar tener otra.

Quiero que pasen años y seguir recordando esta experiencia, quiero tener treinta y cinco y sentirme bien con las decisiones que tomé a los dieciocho. Quiero vivir para amarme y amarme a morir.

Quiero escucharme con cautela y paciencia, quiero entender mi caos sin querer ordenarlo. Quiero abrazar mi big bang sin miedo a cortarme con el filo de mis piezas rotas, quiero recurrir a los llamados de emergencia durante mis insomnios y atender a los gritos ahogados de mis sueños.

Quiero gritar y llorar fuerte por cada uno de mis dolores, quiero aprender a sentir con cada átomo de mi ser hasta la simpleza de aire golpeando mi rostro.

Quiero leer esto dentro de unos años y sentir que me escucho a mí misma, quiero decirme tanto... Quiero retarme, quiero, quiero, quiero.

Quiero hablar conmigo misma, que estos séanlos consejos que quise recibir y los que necesite más adelante.

Quiero llorar en la noche, con mi propio libro en manos, un café bien cargado y una oleada de sentimientos encontrados, quiero inundarme de nostalgia, humedecer mi almohada y recordar que a pesar de lo difícil que fue, no me detuve, ni me detendré jamás.

Derrama el dolor de tus párpados en el lienzo de tus páginas arrugadas, esas que echaste a la papelera. Pero no trates de escribir sobre ellas.

No ignores la sangría, recuerda que cada párrafo debe tener un espacio antes de comenzar. Luego de cada punto, puedes seguir escribiendo, pero empieza bien, empieza grande; empieza con mayúscula.

Asegúrate de utilizar bien los signos de puntuación, a veces vas demasiado rápido. Hay momentos donde tienes que hacer pausas para poder expresarte adecuadamente.

Enumera, separa. Utiliza los guiones largos para organizar tus diálogos; no pierdas tiempo escribiendo un guion teatral y colocando el nombre del personaje antes de lo que quiere decir, aquí no tienes que fingir ser algo que no eres, no tienes que actuar, no es un club de drama.

Piensa antes de hablar, como si escribieras con tus labios y tuvieras que cuidarte de los errores ortográficos.

Termina el párrafo, siéntelo, vívelo. Escríbelo con tu alma, reléelo con tu espíritu.

Escribe con la misma intensidad de la oscuridad que arropa la inmensa extensión del cielo durante las noches, y no lo olvides, las figuras literarias son las estrellas, embellecen el texto y hacen que sea placentero hasta el final de las líneas.

Separa con hiatos aquellas vocales que la poesía de la vida te vaya indicando que no pueden ir juntas, puedes pronunciarlo en una sola sílaba; sé tu propia sinéresis. No necesariamente debe ser un punto y final, puede ser un punto y aparte.

Une con sinalefas todo lo que sea necesario.

La diéresis se me olvidó nombrarla porque no siempre querrás contar las sílabas con diptongo como si fueran diferentes; a veces desearás que formen parte de la misma sílaba.

Ignora los finales tristes, recuerda que los finales abiertos son un destello de esperanza; indican que existe una continuación, tres puntos al final.

Lee el epílogo, llóralo, siéntelo. Pero no dejes de escribir, no dejes de vivir, y tampoco dejes de leer.

Aplica para todo, para la vida y para la escritura; el mundo real y el que inventamos.

Lo más bonito del amor propio es que te hace encontrar dentro de ti esa tranquilidad que el mundo te quita, te hace entender que tu brillo proviene de tu interior y solo tú tienes acceso a ese interruptor.

Quererse a uno mismo es acostumbrarse a restarle importancia al daño que intentan hacerte; el mundo es redondo y tarde o temprano, volvemos a caminar por el sitio donde soltamos nuestras energías, sean malas o buenas, todo se devuelve y la justicia divina se encarga de retribuirle a cada quien lo que se merece.

El amor que das y nadie valora algún día lo recibirás, así tengas que dártelo tu misma; lo mejor de todo es que te llenará, y solo entonces sabrás que en tu pecho siempre estuvieron todos tus trozos, que te rompiste pero jamás perdiste a ninguno.

Nunca nos perderemos a nosotros mismos; se fiel a lo que sientes sin ignorar lo que piensas.

Quiérete, ámate, respétate y escúchate; es lo mejor que puedes hacer por ti misma.

Nunca me sentí más viva que aquellos días donde estaba comenzando a encontrarme a mí misma de esta forma tan pura y tan genuina, tan íntima y con tanta intensidad que me hacía sentir completa; fue una mutua sensación de encuentro entre la razón y el corazón, como un pacto de amistad, se prometieron no fallarse.

Tarde me di cuenta de que eso no es como lo pensé, imaginé mi ser como una Pangea indestructible; y me estrellé cuando me di cuenta de que la mente y el corazón no son del mismo continente.

¿Dejaremos de permitir algún día que el corazón dejé de cuestionar las decisiones de la razón?

Después de todo, obedecer a la razón no nos hará dejar de sentir, ni obedecer al corazón nos hará dejar de pensar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.