Amor en juego

Cap 11

No volví a ver a Adrian durante el resto del día.

Y eso debería haberme tranquilizado.

Debería haber sido exactamente lo que necesitaba.

Pero no.

Cada vez que escuchaba unos pasos detrás de mí, pensaba que era él.

Cada vez que alguien mencionaba su nombre, sentía un nudo en el estómago.

Y cada vez que recordaba aquella habitación de archivos, volvía a escuchar su voz.

"Esto empezó como un juego."

Un juego.

Yo había sido un juego.

Una apuesta.

No sabía qué dolía más: descubrir que Adrian me había mentido o darme cuenta de que, a pesar de todo, todavía quería creer que había algo verdadero entre nosotros.

Me encerré en mi habitación apenas llegué al apartamento.

Camille estaba sentada en el sofá viendo una película, pero en cuanto me vio entrar, apagó la televisión.

—¿Qué pasó?

—Nada.

Me miró.

—Alessia.

—Estoy cansada.

—Eso ya me lo dijiste ayer.

Dejé el bolso sobre la mesa y me quité los zapatos.

—Pues hoy también estoy cansada.

Intenté pasar de largo, pero ella se levantó.

—¿Fue Adrian?

Me detuve.

No quería responder.

Pero mi silencio fue suficiente.

—Sabía que ese chico iba a traerte problemas.

—No quiero hablar de él.

—Entonces no hablaremos de él.

Camille volvió a sentarse.

Yo entré a mi habitación y cerré la puerta.

Me apoyé contra ella.

Respiré profundamente.

Una parte de mí quería llorar.

Otra quería regresar a Valmont y exigirle a Adrian que me contara absolutamente todo.

Y una tercera...

esa tercera parte quería volver a estar cerca de él.

Esa era la que más odiaba.

Me senté sobre la cama y saqué la fotografía.

La observé nuevamente.

Elena.

Valeria.

Adrian.

El desconocido.

Y aquella pequeña marca.

A.M.

No podía dejar de pensar en ella.

¿Por qué alguien había escrito mi apellido?

¿Qué significaba?

Busqué una lupa en el cajón del escritorio y acerqué la fotografía a la luz.

Había algo más.

Una pequeña fecha escrita debajo.

14/10 — 11:45 p. m.

La hora.

Sentí un escalofrío.

La hora exacta.

Quizás no era una fotografía cualquiera.

Quizás alguien había querido dejar una pista.

Tomé mi teléfono y fotografié la imagen.

Después guardé el original en un sobre.

No podía perderlo.

No después de todo lo que había descubierto.

Entonces mi teléfono vibró.

Número desconocido.

Otra vez.

Abrí el mensaje.

"No confíes en Adrian."

Fruncí el ceño.

Otro mensaje apareció inmediatamente.

"Pero tampoco confíes en Valeria."

Me quedé mirando la pantalla.

¿Quién demonios estaba detrás de esto?

Escribí:

"¿Quién eres?"

Los tres puntos aparecieron.

Esperé.

Y entonces llegó la respuesta.

"Alguien que conoció a Elena mejor de lo que tú crees."

Mi corazón se detuvo.

—¿Quién eres...?

No hubo respuesta.

Pero esta vez había algo diferente.

Una imagen.

La descargué.

Era una fotografía antigua.

Elena.

Estaba sentada en una cafetería.

Sonriendo.

Y frente a ella había alguien.

No podía verle el rostro porque estaba de espaldas.

Pero reconocí algo.

Una pulsera negra.

La misma que llevaba Adrian en una de las fotografías que había encontrado.

Sentí que el aire abandonaba mis pulmones.

No podía ser.

¿Adrian había estado con Elena aquella noche?

¿O antes?

¿Y por qué nadie me había contado nada?

A la mañana siguiente regresé a Valmont.

No tenía intención de buscar a Adrian.

Al menos eso me dije.

Pero apenas entré al edificio, lo vi.

Estaba al final del pasillo.

Hablando con alguien.

Nuestros ojos se encontraron.

Él se quedó completamente quieto.

Yo también.

Durante unos segundos ninguno hizo nada.

Después aparté la mirada.

Seguí caminando.

—Alessia.

No me detuve.

—Alessia, espera.

Seguí caminando.

Escuché sus pasos detrás de mí.

—Por favor.

Me detuve.

Cerré los ojos.

No quería hacerlo.

Pero finalmente me giré.

—¿Qué quieres?

Adrian se quedó frente a mí.

Por primera vez parecía no saber qué decir.

—Quiero explicarte.

Solté una risa amarga.

—¿Qué parte?

—Todo.

—Entonces empieza.

Silencio.

—No aquí.

—¿Por qué?

—Porque hay gente escuchando.

Miré alrededor.

El pasillo estaba casi vacío.

—Habla.

Adrian pasó una mano por su cabello.

Parecía nervioso.

Nunca lo había visto así.

—Lo de HeartPlay...

—¿Qué pasa con eso?

—Sí comenzó como una apuesta.

Sentí el golpe aunque ya lo sabía.

—¿Quién apostó?

Él bajó la mirada.

—Yo.

Sentí una presión horrible en el pecho.

—¿Tú?

—Sí.

—¿Y qué tenía que hacer?

No respondió.

—Adrian.

—Conseguirte.

Me quedé inmóvil.

—¿Conseguirme?

—Hacer que confiaras en mí.

—¿Para qué?

—Para ganar.

Lo miré sin poder creerlo.

—¿Y qué ganabas?

—Dinero.

Una risa seca salió de mi garganta.

—Claro.

Me di la vuelta.

No quería seguir escuchándolo.

Pero él tomó suavemente mi brazo.

Me giré inmediatamente.

—No me toques.

Me soltó.

—Alessia, las cosas cambiaron.

—¿Cuándo?

No respondió.

—¿Cuándo cambiaron, Adrian?

Sus ojos se clavaron en los míos.

—La primera vez que me miraste como si no supieras quién era.

Mi corazón dio un pequeño golpe.

—Eso no es una respuesta.

—Es la única que tengo.




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