Amor en juego

Cap 12

Alessia

No podía apartar los ojos de aquella fotografía.

La frase escrita detrás seguía repitiéndose en mi cabeza.

«11:45 p. m. — Adrian fue el último en verla con vida.»

Levanté lentamente la mirada.

Adrian seguía frente a mí.

No intentó acercarse.

No intentó quitarme la fotografía.

Solo me miraba.

Y por primera vez desde que lo conocía, no parecía el chico seguro de sí mismo que siempre tenía una respuesta preparada.

Parecía asustado.

—Dime que es mentira —susurré.

Adrian tragó saliva.

—No puedo.

Sentí que algo dentro de mí se rompía.

—Entonces es verdad.

—No exactamente.

Solté una risa nerviosa.

—¿No exactamente? ¿Qué significa eso?

Valeria cruzó los brazos.

—Significa que tu querido Adrian sabe mucho más de lo que te ha contado.

La miré.

—Tú cállate.

Su sonrisa desapareció.

Adrian dio un paso hacia mí.

—Alessia, escúchame.

—No.

—Por favor.

—¡No!

Mi voz rebotó contra las paredes del invernadero.

Tenía demasiadas cosas dentro.

Rabia.

Miedo.

Confusión.

Y algo que me dolía admitir.

Decepción.

Porque, aunque intentara negarlo, había empezado a confiar en él.

Había empezado a pensar que quizás lo que había entre nosotros era real.

Y ahora estaba descubriendo que todo había comenzado como una apuesta.

—¿Estuviste con Elena esa noche?

Adrian bajó la mirada.

—Sí.

Mi corazón se detuvo.

—¿A qué hora?

—Antes de las once y media.

—¿Y después?

Silencio.

—Adrian.

—Me fui.

—¿A dónde?

—A casa.

—¿Y ella?

—Se quedó allí.

Lo miré fijamente.

—¿Sola?

Él tardó demasiado en responder.

—Sí.

Valeria soltó una pequeña risa.

—Qué conveniente.

Adrian se giró hacia ella.

—No empieces.

—¿Por qué? ¿Vas a contarle toda la verdad?

—Sí.

—Entonces hazlo.

Adrian volvió a mirarme.

—Elena y yo discutimos aquella noche.

Sentí un nudo en la garganta.

—¿Por qué?

—Porque ella descubrió algo.

—¿Qué?

Adrian respiró profundamente.

—HeartPlay.

Me quedé inmóvil.

—¿Ella sabía de HeartPlay?

—Sí.

—¿Y qué descubrió?

—Que algunas personas no estaban jugando por diversión.

Fruncí el ceño.

—¿Qué significa eso?

—Que había apuestas que iban mucho más allá del dinero.

Valeria dejó escapar una risa.

—Ya está empezando.

—Cállate, Valeria.

Ella lo miró con desprecio.

—Siempre fuiste cobarde, Adrian.

—Y tú siempre fuiste una mentirosa.

La expresión de Valeria cambió.

Durante unos segundos ninguno habló.

Entonces ella se acercó a mí.

—Pregúntale qué ocurrió después de la discusión.

Miré a Adrian.

—¿Qué ocurrió?

Él cerró los ojos.

—Elena me pidió que me fuera.

—¿Y te fuiste?

—Sí.

—¿La dejaste sola?

—Sí.

Mi garganta se cerró.

—Entonces fuiste el último en verla.

Adrian no respondió.

—¿Por qué no me dijiste esto antes?

—Porque sabía que ibas a pensar que fui responsable.

—¿Y no lo eres?

Sus ojos se clavaron en los míos.

—No.

—Entonces dime qué pasó.

—No lo sé.

—¡Mientes!

—¡No lo sé, Alessia!

Su voz hizo que me quedara quieta.

Adrian respiró profundamente y bajó el tono.

—Eso es lo que me ha estado persiguiendo desde entonces.

Por un instante vi algo diferente en sus ojos.

Culpa.

Pero no sabía si podía creerle.

—Entonces, ¿por qué tienes esta fotografía?

Adrian miró la imagen.

—Porque Elena me la dio.

—¿Qué?

—Antes de irme.

Sentí un escalofrío.

—¿Por qué?

—Me dijo que si algo le pasaba, debía esconderla.

—¿Y por qué la escondiste?

—Porque tenía miedo.

—¿De quién?

Adrian miró a Valeria.

Ella permaneció completamente quieta.

—De todos nosotros —respondió.

El silencio fue absoluto.

Miré a Valeria.

Después a Adrian.

Y finalmente otra vez la fotografía.

Había demasiadas piezas.

Pero ninguna encajaba todavía.

—¿Qué tenía Elena contra Valeria?

Adrian no respondió.

Valeria sí.

—Nada.

La miré.

—Entonces, ¿por qué estás tan nerviosa?

Su expresión se endureció.

—No estoy nerviosa.

—Sí lo estás.

Di un paso hacia ella.

—Desde que mencioné a Elena no has dejado de intentar cambiar la conversación.

Valeria sonrió.

—Eres más inteligente de lo que pareces.

—Y tú eres exactamente como imaginaba.

La sonrisa desapareció.

—Ten cuidado, Alessia.

—¿Es una amenaza?

—Es un consejo.

Adrian se interpuso entre nosotras.

—Ya basta.

Valeria lo miró.

—¿Vas a protegerla ahora?

—Sí.

—Qué rápido olvidaste las reglas.

Adrian se quedó completamente quieto.

Yo fruncí el ceño.

—¿Qué reglas?

Valeria sonrió.

—Pregúntale.

—Valeria...

—Pregúntale qué prometió hacer contigo antes de que llegaras a Valmont.

Sentí un escalofrío.

Miré a Adrian.

—¿Qué prometiste?

No respondió.

Y eso fue suficiente.

—Adrian.

Finalmente habló.

—Prometí que haría que confiaras en mí.

Sentí un vacío en el pecho.

Aunque ya lo sabía, escucharlo de su propia boca dolía muchísimo más.

—¿Y después?

Él me miró.

—Después debía conseguir información sobre ti.

—¿Sobre mí?

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque alguien quería saber quién eras.

—¿Quién?

Adrian guardó silencio.

—¿Quién, Adrian?

—No lo sé.

—¡Deja de mentirme!

—¡No estoy mintiendo!

Su voz se quebró ligeramente.

—Alessia, cuando acepté la apuesta no sabía quién eras. No sabía nada de Elena. No sabía por qué habías llegado. Solo pensé que eras otra chica que podía conquistar y olvidar.




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