Amor imperdonable de un millonario: (libro 1)

Venganza

Deivis.
-¡No quiero que me des más de tus tontas explicaciones!-Eleve mi mano y la dejé caer en su mejilla.
-Señor, por favor, perdóname. Juro que no me di cuenta que el joven señor estaba dentro del auto.
-Mira pedazo de estorbo, si a mi hijo le llega a suceder algo, no te va a alcanzar la vida para…
En cuanto iba a terminar mi sermón mi hermana Elisa me interrumpe.
-¡Ya basta hermano!-Sus ojos estaban a punto de llorar-No sigas, no quiero más violencia. Además fue mi culpa, tu me lo dejaste a mi cargo, y fallé.
Pase mis manos por mi cabello y luego resopló, estaba alterado, mi hijo, mi único hijo en estos momentos se debatía entre la vida y la muerte.
-Cálmate, tienes que ser un hombre maduro y empezar a entender que este proceso no será fácil–dijo Elisa.
-Pero Elisa, es mi hijo, es mi bebé-Ella me abraza y de inmediato una lágrima intenta escapar de mí. Pero no la dejé salir, no voy a llorar, mi hijo me necesita.
-Si, es verdad, pero recuerda que no todo está perdido, en estos momentos él está con los mejores especialistas. Además, no fue culpa de Ramón, el niño subió al auto para jugar, fue un descuido de mi parte.
Me senté en la silla y miré para la alfombra roja que adornan mi oficina, no se que podría pasar si a mi hijo le sucede algo, creo que me volvería loco, y así conocerán el verdadero Deivis que guardo en mi interior.
-¡Ramón, Lárgate!-Lo expulse como basura, no se para que los tengo.
Mi hermana se sentó a mi lado y empezó a acariciar mi espalda.
-Tienes que aprender a calmar esa irá, eso no te ayudará en nada.
Me levanto de la silla y salgo de la oficina, ignorando las palabras de mi hermana. Saqué un cigarrillo de mi bolsillo y lo encendí.
Esta vida es muy dura, por mi culpa mi hijo tiene que vivir una infancia macabra, en el instante en el que me encuentro en el balcón de la casa, a mi mente llegaron las espantosas imágenes de las últimas palabras de mi hermano menor quien fue asesinado hace un año.
-Hermano, muy pronto nuestro apellido será el más popular aquí en Colombia.
Mi hermano tenía quince años cuando fue asesinado por una banda delincuencial, lo hicieron en venganza, yo había asesinado al jefe de una banda criminal y como pagó, acabaron con la vida de mi hermano.
Fue golpeado, abusado sexualmente y por último degollado y arrojado al río Magdalena.
Me dió tan duro su muerte, quería acabar con todo aquel que se interpusiera en mi vida, mi corazón está lleno de odio.
Me siento tan miserable e incapaz de muchas cosas y todo por causa de mi pequeño hijo.
Ayer me encontraba en compañía de Coral y su hermana. Elisa me llamó diciendo que mi hijo Alan recibió un impacto de bala en su pierna.
Me volví loco, entré en desesperación, no me dio tiempo de decirle nada a ella.
Los hechos pasaron instantáneamente, resulta y pasa, que mi hijo de diez años se encontraba jugando dentro del auto de uno de mis hombres, este encendió el auto y no se percató del menor.
Luego fue embestido a tiros unas cuadras más adelante, la banda criminal quien le propinó los impactos en su vehículo fueron los "Julios" una banda conformada por siete hombres, no se cuál es el problema de ellos.
Habíamos quedado en paz hace algunos meses, pero ahora me traicionaron y me las van a pagar uno a uno.
Dejo salir el humo de mi boca y miro para el jardín, donde se encuentra uno de mis hombres mientras dialoga con alguien por su teléfono.
-¡Guarda el maldito teléfono!-Grite enojado.
-Lo siento señor, es que acaban de avisarme que mi madre está gravemente herida en el hospital.
-¿Qué ha sucedido?-Dije intrigado.
-Mi esposa me dijo que uno de los Julios fue a casa en busca de mi.
¡Maldición! Estos ya se están pasando, quieren pelear, pues vamos a pelear, quieren sangre, pues les daremos sangre.
-Reúne a los hombres en el jardín ¡Ya!-Esto se va a acabar, a las culebras se les mata por la cabeza.
A los minutos estaban todos mis hombres reunidos en el jardín, mientras que yo me encontraba en el balcón dando órdenes.
-Ustedes tres, van conmigo.
-Sí señor-Dijeron al unísono.
-Y ustedes cinco-Señalando con el dedo-Se quedarán haciendo guardia en la casa, el resto serán los encargados de empezar la guerra. ¡Quiero a todos los Julios muertos hoy mismo!. ¡Escucharon hoy mismo!
Todos asintieron, arroje el cigarro al jardín y volteo mi cuerpo encontrándome con mi hermana.
-Hermano, me acaban de llamar del hospital.
-¿Pasó algo?-Dije con incertidumbre.
-La operación de Alan fue un éxito.
-Sabía que mi hijo aguantaría eso. Él es fuerte como su padre.
-Si su recuperación mejora, en una semana lo enviaran a casa.
-Me gusta escuchar eso, lástima que no puedo ir al hospital a ver su recuperación.
-El está con su madre en estos momentos.
-¿Su madre vino?-Mis ojos se ensancharon.
-Si, ella llegó hace un par de horas.
-Perfecto–Solté un suspiro y agregó–Elisa, encárgate de los gastos médicos de Alan.
-Esta bien.
-Otra cosa, no le pierdas el ojo a Natalia, ella me amenazó con quitarme al niño hace un par de años.
-Cuenta conmigo–Elisa me mira con tristeza–me siento culpable por no haber cuidado bien a mi sobrino.
-No te sientas mal, aunque no voy a negar que me tienes un poco enojado–Sonrió de apoco.
-Lo siento-Mi Hermana es menor que yo, ella aún no está casada.
Ella cuida de Alan desde que él tenía cinco años, bueno en ese entonces me acababa de separar de Natalia mi ex esposa. Ella se había marchado a España en busca de nuevas oportunidades, luego de nuestra separación.




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