Amor imperdonable de un millonario: (libro 1)

Deivis quien eres

 

-Me imagino que has vivido una vida muy dura-dijo él al mismo tiempo que servía otra copa de vino.
-He sido muy valiente, sabes.
-Eres una buena hermana-Mis vellos se erizaron.
Tomamos como dos viejos amigos, no sé si esto sea bueno, pero vamos muy rápido.
Me eché a reír y él dejó de hablar.
-¿Por qué ríes?.
-No, solo me acordaba de un viejo chiste-Mentí.
-Eso suena bien, a ver cuéntame el chiste
-Esta bien. El día de las madres un borracho mira un letrero que decía:
«Se vende madre sin sentimiento».
El borracho entra y dice:- ¿Cómo así que venden madres sin sentimiento? A lo que le responden: – no señor, aquí vendemos «madera sin cemento»
-¿Ese es el chiste?-su rostro no expresó ni una sonrisa. Mientras yo moría a carcajadas.
-Si, ¿No te gusto?.
-No me gustó, me encantó-De inmediato empezó a reír sin parar.
Mientras reíamos él me miró. Su mirada era penetrante.
-Me haces reír mucho-Soltó un suspiro.
-Bueno, ese es apenas el cinco por ciento de mi lado humorista, en realidad soy muy buena para hacer reír.
De inmediato su teléfono empieza a sonar, interrumpiendo nuestra conversación.
-Dame un momento mi teléfono-Me pide y yo asiento.
Contestó el teléfono.
No sé con quién está hablando pero su rostro se tornó muy enojado.
-Eres un perra, ¿lo sabías?-¿A quien le llamó perra?-No me digas más una mierda y vete al carajo-colgó el teléfono de golpe y luego lo arrojó a la mesa de un tirón.
-¿Pasa algo?-le pregunto mientras acaricio su mano la cual está hecha un puño.
-Mi ex, me ha demandado.
-Lo lamento-Su mandíbula estaba muy tensa, me dio tanto miedo ver su lado furioso.
-Esa maldita se atrevió a hacer una falsa acusación en mi nombre, me las vas a pagar Natalia. ¡Me las vas a pagar!-gritó y soltó mi agarre, luego llevó su mano a su cabeza y jalo de su cabello.
- Por Favor cálmate-trato de hablar con él de manera serena.
-Todas son unas malditas put**-murmura. su comentario me ofendió, cuando dice todas, somos todas.
Luego me miró y notó mi incomodidad ante su comentario.
-Lo siento, no debí reaccionar de esa manera.
-No te preocupes, suele suceder.
-Esa mujer, yo la aprecio mucho, no voy a dudar que fue una excelente mujer, pero es que ella, no supo entender esta vida, o más bien ella no me amó realmente-No sé qué pasó exactamente entre ellos como para romper su relación-Ahora viene con que le de la custodia de Alan-no dije ni una sola palabra, solo lo dejé que se desahogará, lo sentía lastimado por aquella mujer.
-¿Aún la quieres?-le pregunté y él me miró afligido.
-Es la madre de mi hijo, pero el amor que sentía por ella murió hace años.
-Bueno es cuestión de hablar bien las cosas con ella, a lo mejor quiere volver contigo, y use el pretexto de la custodia.
-No, no lo creo, ella antes de marcharse me juró ante Dios que jamás volvería conmigo-él soltó una risa tonta.
-Más tarde tendrán una mejor conversación, bueno eso sí, en cuanto te calmes, estás hecho un demonio.
-¿Eso parezco?-Me pregunto mientras se acomodaba sus cejas las cuales estaban despeinadas.
-Olvidemos eso, y continuemos nuestra noche-dije divertida.
-Si, era eso lo que exactamente te iba a decir.
Él me tomó de la mano y nos dirigimos escaleras arriba, hacia su habitación.
Entramos en su cuarto, su habitación es hermosa, es sin duda acogedora.
Me senté en la cama y luego deje tirar mi cuerpo en esta, se sentía muy agradable, las sábanas eran tan suaves como el pelaje de un gato.
-¿Vemos una película?-le preguntó.
-Bueno, vamos a ver algo entretenido.
Él se sentó al lado mío y colocó una película.
Me aferre de sus brazos en cuanto vi el fantasma que se asomó en la ventana. Odio las películas de terror.
-No te conozco del todo pero, eres la mujer más despreocupada que he conocido.
-Uy, eso sonó tan cursi.
-Lo digo enserio, mi chica hermosa.
Tomo mi mentón con sus suaves manos y dejo un beso en mis labios, un beso que me hizo estremecer por dentro.
-Oye tengo sueño-murmuró encima de sus labios, mis ojos apenas podían estar abiertos.
-Ven, vamos a dormir-Me abrazo con sus fuertes brazos, me sentía como una bebé mientras era acurrucada.
-Duerme tranquila mi bebé, que papi te cuidará-Susurro y al mismo tiempo empecé a cerrar mis ojos.
-Mi papi, mi papi hermoso-musitó y me acomodo en su pecho.
A la mañana siguiente desperté arropada, aún tenía mi ropa, bueno al parecer no tuvimos se**
¿Dónde estás?
Salí de la cama de un brinco y luego fui al baño e hice mis necesidades.
No me había dado cuenta pero el teléfono de Deivis estaba en la mesa.
Lo tome dentro de mis manos y deslice el dedo, bueno al menos no tiene contraseña.
Me metí en su chat, y vi un mensaje de alguien llamada Natalia.
‹Natalia.›
"Deivis, no se que pasa contigo, has cambiado mucho, ya no eres el mismo hombre del cual me enamoré.
Te di una segunda oportunidad y no la valoraste, dijiste que ibas a cambiar y no lo hiciste. Al contrario, empeoraste a tal punto de poner la vida de nuestro hijo en riesgo, más por los enemigos que tienes–¡¿Enemigos?! Mis vellos se pusieron de punta, y un frío miedo recorrió mi espalda–Sabes lo mucho que te amo, pero no puedo dejar que mi hijo viva bajo el mismo techo de un asesino. Por esa razón te coloque una demanda. Lo siento mucho Deivis. Lo siento de verdad.

No se que está pasando realmente, ahora me entero de que él es un asesino. ¡Oh Dios mío!
Mi vida no da nada bueno, primero mi familia es peligrosa y ahora él… Él también lo es.
Mis ojos se empañaron, tenía tantas ganas de llorar, pareciera que todo esto fuera el mismo castigo de todas las mentiras que he dicho, ahora solo me toca averiguar quién es realmente él, porque su ex le habla acerca de enemigos ¿Vale la pena? ¿Realmente vale la pena estar al lado de él?. Y todo por la maldita vanidad.
Cuando lo conocí, pensé que era algún famoso o quizá alguien importante en la industria del comercio, y ahora me entero de la realidad, ahora que lo recuerdo aquella vez en el club, muchas personas huyeron cuando lo vieron, era más bien como si hubieran visto algún fantasma.
Deje el teléfono en la mesa y luego tome una bocanada de aire para relajar mi tensión, estaba muy angustiada de lo que podría enterarme si es que él realmente es de los malos.
Cuando volteo veo a Deivis mientras me mira con las cejas fruncidas. Pegó un grito silencioso y mis ojos se ensancharon.
Pero instantáneamente sonríe con ternura, no sé si llevaba tiempo mirándome.
Creo que la he cagado esta vez.
-¿Cómo estás bebé?-Se dirige hacia mi, en un momento iba a sacarle el cuerpo pero luego recordé que tengo que averiguar si realmente él es quien dice ser.
-Bien-le sonrió y lo abrazó, su rico perfume navegó por mi nariz y eso me relajo.
-Vamos abajo, te prepare algo que sé que te va a encantar-anuncio.
-Si, está bien-murmuro.
Ambos bajamos por las escaleras hasta llegar a la sala de estar.
En la mesa había una ensalada de frutas y al lado de esta estaban unos chocolates en forma de oso.
Él se sentó al frente de mí, y colocó su mano en su mandíbula mientras me miraba contemplar lo que él me había hecho.
-¿Cómo es que sabes que me gustan mucho los chocolates?-declare al mismo tiempo que llevaba uno a mi boca.
-Solo imagine que te gustaban-Falso, algo tramas demonio.
-Bueno como tú digas-Me dio un inmenso miedo, no sé cómo es que sabe que cosas me gustan, no me quiero imaginar que este sujeto esté espiando mi vida, realmente eso sería devastador.
-¿Qué vas hacer el día de hoy?-le pregunto.
Él miró su reloj y luego respondió.
-Tendré una breve reunión.
Eso es, aquí es donde puedo averiguar quién eres, Deivis.
-¿Puedo ir contigo?-Sus ojos se abrieron de una manera jamás vista.
-Amor, solo iremos hombres, creo que no es el lugar adecuado para una hermosa mujer.
-Vamos, no seas tan malo, quiero ir-le ruego y él me miró con desaprobación.
-Te dije que no-Aprieta mi nariz con sus dedos.
-Esta bien no insistiré-Respondí derrotada.
El desayuno estuvo muy bueno, después de eso pensé en ir a la habitación de Deivis para buscar mis aretes los cuales había dejado en la mesa.
-¿A dónde vas?-Me dice tomando mi mano.
-Iré a tu habitación, bueno voy a buscar unos aretes-le explicó.
-Esta bien, te espero.
-¿A dónde vamos?-Dije extrañada.
-Iremos de comprás.
-La verdad no es necesario. Además es mucho lo que haces.
-No, no digas eso, esto será con cariño-Se señala-De mi. Para ti-Me señala.
-Si tu lo dices, pues está bien.
Le sonrió y luego subí a su habitación, le di seguro a la habitación, esta será otra oportunidad para averiguar.
Abrí el closet de su ropa, y no vi más que cientos de camisas planchadas.
Luego abrí unos pequeños cajones que estaban en su escritorio y tampoco vi nada más que papeles de mercancías de comida y cosas para el aseo personal. ¿Por qué recibe estas facturas?
Deje todo organizado, no entiendo porqué tanta comida, en esta casa es solo él. A dónde lleva esa cantidad de comidas.
Estaba desesperada por encontrar algo que quitará mi ansiedad, pero no vi nada.
La puerta es tocada de tres golpes y eso me hizo saltar del susto.
-¡¿Está todo bien allá adentro!?-Me pregunta él a través de la puerta.
-S-si, si todo está bien -Afirmó con la voz temblorosa.
Tome los aretes y me dirijo para abrir la puerta para cuando abro me encuentro a Deivis mordiendo su labio inferior mientras mueve sus pies.-¿Qué hacías?-Dijo con voz fría.




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