Amor imperdonable de un millonario: (libro 1)

Los hombres de la mesa


-Adios mamita-Alan me dió un beso en la mejilla, y con su manito al aire me dijo adiós. Cerré mis ojos y tomé un poco de aire, ser madre soltera no ha sido fácil, la verdad, no me queda tiempo para compartir con mi hijo. Pero de vez en cuando salimos a divertirnos al parque de atracciones. Alan le encanta la casa del terror y la cama elástica. Entré a la casa y empecé a recoger todo, anoche nos acostamos temprano no me dió tiempo siquiera de organizar. Estaba muerta del cansancio, el restaurante en el cual trabajo, tenía una cena para unos invitados importantes, y bueno terminamos muy tarde, ya que ellos se pusieron a beber hasta decir no más. Eso sí, me gane unas buenas propinas, además trabaje horas extra. Es decir la paga fue efectiva. -¡Wau!-El ladrido de Milena hizo eco en el baño. -Milena ven aquí perrita-La llamo y ella sigue ladrando. Dejé el trapero a un lado de la cocina y me dirigí hacia el baño. Encuentro a Milena ladrandole a una rata. Pego un grito y de inmediato fui a buscar el trapero para echar la rata, la cual estaba pequeña todavía. Dios mío, no sé qué pasa en esta casa, jamás había visto una rata. Cerré mis ojos y le di con el trapero a la rata. Milena de inmediato atacó a la rata y la mordió. -¡Milena matala!-Le di la orden y ella siguió mordiendo a la rata hasta causarle la muerte. Estaba temblando, le tengo asco a los ratones. La boca de Milena estaba sucia de sangre. -Buena chica-movió su cola indicando que la había matado a la perfección. Me coloque unos guantes y eche la rata por el inodoro, luego limpie la sangre y me puse a acomodar los shampoo y acondicionador que estaban desordenados en la repisa, Alan cuando se baña deja todo tirado sin importarle nada. Luego de eso bañé a las mascotas y le cepillé sus dientes los dejé bañaditos en su alfombra favorita la cual les da calor. Ya he arreglado la casa, solo falta que venga Alan y la desordene, reí tras recordar cuando viene corriendo del colegio directo a jugar con Milena y Juan. Mi teléfono empezó a sonar y era mi compañero de trabajo, José. -Si, dime…-Contestó apoyando mi oreja con mi hombro, estaba limpiando el ordenador.

-Coral, no olvides traer la hoja que te pedí por favor-Jose me había pedido el favor que le bajara el certificado de discapacidad. José sufrió un accidente en moto lo cual le dejó varias anomalías al caminar, por ello entró en el régimen de discapacidad. Pero aún así trabaja como cualquier persona normal. -No te preocupes, anoche mismo lo descargue.

-Está bien hermosa, muchas gracias. Te debo una.

-Una no, me debes un montón-Solté una risa al igual que él.

-Te las devolveré, te lo prometo.

-Vale, cuídate. Cerré el teléfono y terminé de limpiar. Oh por Dios, ya son las díez, tengo que ir al super a comprarle a Alan el disfraz, mañana será halloween, la profe me pidió que lo disfrazara de Romeo ya que hará una exposición, pero como él es tan flojo, no ha querido aprenderse el guión que le toca. Alan me dice que no le gusta ese tipo de cosas, que el mejor prefiere ser el árbol de la obra o simplemente el típico jardinero o panadero. Algo que no le permita hablar. Pero la profesora quería que él participará para que se diera la oportunidad de reunirse con todos sus compañeros de clase. Fui al closet y me coloque una sudadera y un suéter grande, parecía como si fuera la ropa de mi marido, pero la realidad es otra. Desde que di a luz, cambié mi forma de vestir, ya no me llamaba la atención la ropa extremadamente sexi, solo cosas anchas y cómodas. Mi vida es muy activa, me mantengo corriendo de arriba abajo. El trabajo, sacar a las mascotas a pasear un rato, el colegio de Alan, las compras, hacer aseo, cocinar, mejor dicho y las cosas que faltan por decir. No tengo tiempo siquiera de tomar aire e ir al gimnasio, me hace mucha falta hacer mis rutinas de ejercicio. Ya hasta mondongo me ha salido. Solté una risa en medio del almacén de ropa, unas señoras que estaban comprando me quedaron viendo, como quien dice ¿y está loca de qué ríe?. Me río de mi vida ajetreada, de ser una mamá súper man. La verdad me cansé buscando por todo el almacén el disfraz de Romeo. La chica que atiende me dijo que ese disfraz estaba agotado -¿Que?-grité con las manos puestas en mi cabeza ¿y ahora que voy a hacer? Que le digo a la maestra de Alan la verdad ese disfraz se lo habían pedido hace diez días, pero como he estado ocupada no me acordé, hasta el día de hoy… Y mira qué mala suerte, no hay disfraz. -Pero señora cálmese puede ver en otras tiendas-Dijo la muchacha. -No tengo tiempo para ir a recorrer otras tiendas, tengo que trabajar en una hora. -Lo siento mucho señora-Respondió la muchacha con una sonrisa triste. Me fui corriendo hasta el auto, y tomé el teléfono, para llamar a Anastasia. -Anastasia, por favor necesito tu ayuda. -¿Que paso amiga?-Tengo el don de hacer preocupar a la gente. -Necesito un disfraz de Romeo lo antes posible. -Ah… Déjame pensar. Anastasia se demoró unos minutos para después hablar.

Anastasia demoró unos minutos para hablar después. -Mi cuñada tiene una tienda de ropa, voy a preguntarle a ver si tiene ese disfraz, de lo contrario te lo envío a tu casa ¿Vale?.

-Está bien, gracias.

-Por cierto, la profesora de Alan me llamó está mañana, me dijo que hoy habrá una reunión.

-Está bien Anastasia. Te agradezco que vayas por mi. Anastasia va a las reuniones de Alan cuando yo estoy muy ocupada, de hecho lo cuida en su casa hasta que yo regrese del trabajo en la noche.

-Si. De hecho ya estoy en camino hacia la reunión, imagine que estabas ocupada, ya que no contestabas tu móvil.

Terminamos de hablar y colgué la llamada y fui a casa a cambiarme, en realidad el tiempo que me había cogido. -Hola José-Salude a José quien estaba limpiando unas copas en la cocina.

-Hola hermosa.

-Ah, espera… Saque de mi bolso el papel de registro de discapacidad y se lo entregue.

-Muchas gracias-Sus ojos brillaron cuando tomó el papel, la cuestión de José es que va a meter una tutela, ya que en el antiguo trabajo en el cual estaba no le dieron una pensión por haber sufrido el daño en su motocicleta, él era repartidor de pizza.




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