Amor Incondicional

El Juego

13

Controlando mi ira, fui a la habitación de Aby en donde ya me esperaba para que la ayudara a meterse a la cama, porque aunque la noche era muy joven, ella había decidido que era hora de dormir. Además, se comportó peor que nunca manteniendo su expresión agria todo el tiempo, así que cuando ya estuvo arropada en su lecho, me deslicé a mi cuarto librándome de esa manera de su adusta expresión.

Suspiré, cansado. Saqué de mi maletín una carpeta y me puse a trabajar en los documentos que debí terminar en la oficina. Jamás me había gustado llevar el trabajo a casa, pero si mis horas en la empresa eran menos, entonces no me quedaba más que hacerlo así.

Todo lo que no podía hacer en el despacho lo haría en el hogar, pues decidí no dejarle toda la carga a Daniel a pesar de que siempre estaba dispuesto a ayudarme. También tuve que planear mejor el horario que le dedicaría a la empresa para poder desempeñar mi nuevo papel: el de amo de casa.

Amo de casa.

Me burlé de mí mismo ante el pensamiento, porque siendo sincero, existía en mi país un machismo que simplemente no permitía tal denominación para un hombre.

El título ama de casa era sólo para la mujer y muchos varones pretendían ignorar que ese rol había cambiado y que en los tiempos modernos también nosotros teníamos el deber de trabajar en las labores domésticas si se requería. Ya era común que las esposas o parejas salieran a trabajar fuera para proveer en sentido económico.

Yo venía de un hogar tradicional, así que por eso rechacé de ese modo la idea. Pretendí conseguir ayuda y Aby la había rechazado. Entonces estando el asunto como estaba, no me quedaba más que ponerme el título.

Esa designación que conllevaba cumplir con las exigencias de Aby, las que amenazaban con hacerme descuidar la empresa que con tanto empeño forjé. Pensar en no poder dedicarle todo el tiempo a mi negocio me revolvió las entrañas, porque con tanto que le había invertido en todo sentido, simplemente no podía permitir su ruina.

Pero sin la ayuda de alguien en la casa me sería muy difícil desempeñar mis dos roles. Ni siquiera podía pensar en dejar a Aby todo el día sola. ¿Qué sería capaz de hacer para llamar mi atención? Tenía que ingeniármelas para atender las dos tareas.

Fue así que, aunque no estaba del todo concentrado porque mis divagaciones eran muchas, a media noche pude terminar todo lo que tenía pendiente y me dispuse a descansar, lo que de verdad necesitaba. La fatiga era mucha y me dormí de inmediato, pero no pasó mucho tiempo cuando la voz de Aby por el intercomunicador, me despertó.

—¡David!

Ella gritaba fuerte para que pudiera escucharla, aunque al abrir los ojos me sentí desorientado. Cuando se aclaró mi somnolienta mente, me levanté para ir a atenderla.

—¿Qué quieres? —pregunté parpadeando al prender la luz para verla.

—Cámbiame la bolsa

—¿Cómo? ¿Ya se llenó? Te la cambié antes de acostarte.

—Pues ya se llenó, mira.

Efectivamente, la bolsa rebosaba de líquido, así que busqué una nueva e hice el cambio, después fui a vaciar la otra al inodoro y ya vacía la eché al cesto de basura. No comprendí por qué se había llenado tan pronto hasta que miré que la jarra llena de agua que le había dejado estaba completamente vacía.

La miré desconfiado y ella me brindó una ligera sonrisa llena de maldad.

—¿Se te ofrece algo más?

—No.

Regresé a mi cuarto, me metí de nuevo bajo las mantas y dormí. Esta vez fue una hora, según el reloj que descansaba sobre uno de mis burós y el que vi cuando otra vez, la voz de Aby me sacó de mi plácido sueño haciéndome maldecir en voz alta mientras me levantaba para atender el llamado.

—¿Ahora qué?

Aby señaló la jarra.

—Tengo sed y no hay agua.

Suspiré al tomar el recipiente de vidrio y fui a la cocina para llenarla, aunque cuando iba de regreso a la habitación, me detuve a medio pasillo mirando la jarra llena. Decidí regresar a la cocina y tirar casi la tercera parte por el fregador, pero entonces, cuando retornaba a donde Aby, me volví a detener casi justamente donde la vez anterior y observé de nuevo la vasija detallando que estaba muy vacía. Medité que ella era capaz de no ajustar con esa cantidad y despertarme otra vez para hacerme llevarle más. Me devolví pues y directamente del grifo purificador del líquido, le añadí medio vaso.

Ya convencido que era suficiente, regresé al cuarto. Ahí llené un vaso que era también de cristal y no pude evitar sentir irritación cuando ella sólo le dio un sorbo.

Volví a suspirar tratando de tener paciencia, pues Aby lo único que quería era no dejarme descansar, jugando un juego que consideré muy cruel; pero ya no podía esperar menos de ella. Después de beber me miró complacida. Apagué la luz y antes de salir por completo de la habitación pregunté sin ocultar del todo mi molestia.

—¿Algo más?

—Es todo.

Regresé a mi cuarto. Volví a hacer exactamente lo mismo que antes y cuando bien dormido estaba, Aby me despertó por tercera ocasión y francamente con la ira a punto de explotar en mí, fui a verla.




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