Amor maya

Capitulo 6

—¿Qué c*r*j* te sucedió ahí arriba?—Preguntaba Lorena aún confundida por la actitud de su amiga. —¡Estabas irreconocible!

—No lo se amiga, te juro que no entiendo que hice.—Berenice tenía un rostro de arrepentimiento total, su mirada estaba pérdida, no sabía lo que había pasado.

—¿Cómo no lo vas a saber?—Preguntó ella muy molesta, estaba tomando el papel de una madre al regañar a su hija. —Pues yo te lo diré por si ya lo olvidaste… Estuviste ahí, discutiendo enfrente de tus vecinos con alguien al que asegurabas no conocer pero que parecía que odiabas a muerte. Tengo que preguntarte. ¿Pasó algo entre tú y él?

—Para nada, ¿Cómo crees?—Respondió muy apenada por dicha pregunta.—Lo que te digo es verdad, yo no conocía a ese hombre.

—Pues no parece, en verdad tu comportamiento fue muy intenso.—Seguía con el regaño mientras caminaban fuera del edificio donde Berenice vivía. Su intención era alejarse lo más rápido posible de ahí. Aún creía que su amiga podía meterse en problemas.

—Ya no me digas nada, mientras bajábamos las escaleras me quedé sorprendida por lo que había pasado. Yo misma me desconocí.

Su arrepentimiento era sincero, de hecho, era una mujer que controlaba perfectamente sus emociones, predicaba la paz y la tranquilidad entre todos.

No era conocida por una persona con conflictos emocionales, durante toda su vida a pesar de que algún novio se iba con otra mujer, ella nunca había tenido una actitud violenta. Si en algo destacaba era por su tranquilidad y compromiso para dialogar. La única excepción había sido con su vecino, la persona con quién directamente se había puesto violenta. Algo que descontroló incluso a ella.

—Me conoces, sabes que yo prefiero dialogar antes que la violencia.

—Y vaya que dialogaste.—Respondió ella un poco burlona pero aún molesta.—Fue el diálogo de tu vida. Fuiste muy precisa con tus puntos y exigencias.

—¿Tan mal estuvo?—Preguntó con mirada triste.

—Y todavía preguntas. —Le respondió mientras avanzaba caminando más rápido. —Si yo fuera tú, me iría de ese edificio ahora mismo antes que me pongan por apodo la loca del 403.

Lorena soltó una ligera risa que evadió la situación y el mal carácter de su amiga en ese momento. Lo hizo tan espontáneamente que la contagió.

—No te rías tonta, es enserio. —Dijo Berenice tratando de aguantar la risa.

—Es que eres muy ocurrente, sabes sacar lo mejor de un mal momento.

—¿Por decirte tu próximo apodo en el edificio? —En ese momento ya dejó salir una risa completa. —Pide a Dios que los rumores no se entiendan por la colonia, si no cambiarás a Bereloca, la espantavecinos. Por favor no hagan ruido cerca de ella.

—Haha, no te pases de lista mujer. —Le respondió ella divertía con la idea de aquellos apodos.—Creo que tendrá su lado positivo, así ya nadie se meterá conmigo.

—Nadie se mete contigo amiga, recuerda que estás soltera.—Ese comentario fue como una flecha en el corazón de Berenice, pero fue fácilmente aceptado en el mismo tono burlón de ambas.

—Eso dolió, bueno ya valdrá la pena entonces.—Las risas continuaban. Se acercaban lentamente a la plaza que se encontraba cerca de su casa, sin darse cuenta habían caminado y vacilado por varios minutos. —Asi le saco provecho a esto también.

Los años de amistad que ellas tenían avalaban cualquier conflicto que tuvieran. Su amistad era perfecta, no desde el punto que no se peleaban, más bien por el hecho de que cualquier dificultad sabían superarla. Eso les hizo ser más fuertes y generar una unión mayor.

Desde que se conocieron sintieron algo especial, fue una situación muy cómica durante la prepa. Iban en el mismo salón pero no se hablaban, a pesar de que Lorena era muy sociable, nunca rompió el hielo con ella directamente, era como si la estuviera estudiando porque en verdad le caía bien. Berenice sentia lo mismo, ella había sido una persona muy seria, le hablaba a los que se dirigían a ella pero nunca iniciaba una conversación, era demasiado penosa para eso.

En una ocasión, la cual ninguna de las dos olvidaba, ambas se perdieron. El profesor había indicado un cambio de aula pero ninguna de las dos puso atención, llegaron al salón y no había nadie. Ahí fue donde se comenzaron a hablar y caminaron por toda la escuela buscando a sus compañeros. A pesar de su esfuerzo, no lograron el cometido y decidieron continuar la aventura saliendo de la escuela y caminaron por horas. Al darse cuenta del tiempo, quisieron ubicarse pero no sabían dónde estaban. Tuvieron que regresar caminando a la escuela siguiendo indicaciones de las personas que se encontraban en el camino. Eso les generó mucha gracia y diversión. Al llegar a la escuela ya había terminado el horario de clases así que tuvieron que irse a casa. Desde ahí ya no se soltaron y pretendían continuar con esa amistad por el resto de sus vidas.

—Ya en serio Berenice. Si te hace falta un hombre, esos arranques no son normales y espero que no continúen saliendo.

—Hablando de eso. ¿Crees que sea una nueva reacción del amuleto?—Preguntó evadiendo el tema de pareja.

—Solo eso me faltaba. —Respondió su amiga con burlas nuevamente.—Le echarás la culpa de tu mal humor a un simple amuleto, ahora eso será el origen de todos tus males, ¿No?

—Es en serio, piénsalo solo un poco. —Se detuvo para tomarla de las manos y hablarme mientras la miraba fijamente. —Yo no fuí muy consciente de lo que pasó, no era yo. Sentí una gran ira contra él aunque no lo conozco. Era algo raro, de lo único que me percaté es que el almuleto se puso muy caliente y se movía.

—¿No te lo habías quitado ya?

—Si lo hice pero lo llevo conmigo en mi bolsa. Por alguna razón sentía la necesidad de traerlo, aunque solo en mi ropa.

—Ay amiga, te vas a obsesionar. Creo que hice mal en llevarte a ese lugar. —Respondió tocándose la cabeza en señal de desesperación. —Hubiera sido más fácil llevarte a uno de esos lugares para conseguir pareja. No conseguirás nada estable pero al menos la pasarías bien un rato.




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