—Te veo algo pensativa amiga.—Lorena hizo esa observación a su amiga mientras caminaban de regreso a casa.
—Estoy digiriendo todo. Fue algo extraño, eso es todo.—Berenice caminaba lentamente, aprovechaba la tranquilidad en el ambiente para exponer sus ideas.—Ella no fue muy abierta, sentí algo raro.
—Son ideas tuyas. Al final obtuviste lo que querías, ¿No?—Los ánimos que le daba eran siempre buenos.—Tienes las respuestas y la solución.
—Si, solo bastó con darle el amuleto. Sinceramente me siento más tranquila.—Sonrió nuevamente, como obteniendo esperanza. —Tal vez si me estaba sugestionado y ahora al no tener ese objeto mi mente descansa.
—Eso está muy bien.—Lorena cambió a una actitud más tranquila.—Te diría que vayamos a celebrar pero estoy cansada. He trabajado mucho y varias salidas con mi novio. Necesito ir a dormir. ¿No te molesta verdad?
—No amiga, para nada. Te mereces ese descanso.
—Pero si puedo acompañarte unas cuadras a tu casa.
La tomó de la mano y caminaron lo más rápido que pudieron.
Avanzaron algunas cuadras sin decir mucho. Ambas preferían descansar de hablar y disfrutar de lo visual.
El día comenzaba a extinguirse para abrir paso a una nueva noche en la que ambas descansarían gracias a su triunfo, pero algo las interrumpió. Justo al llegar a la esquina de la calle donde vivía Berenice, vieron al vecino incómodo caminar en dirección hacía ellas.
Lorena miró rápidamente a su amiga y su reacción. Sintió que la adrenalina se le subía y no quiso que ese cruce se efectuara.
—Deberiamos ir por el otro lado, así caminamos un poco más.—Dijo al detenerse de golpe y con ganas de salir de ahí rápidamente.
—Tranquila amiga, estoy bien. —Berenice también se detuvo pero solo para responderle a su amiga. Ella tenía la intención de continuar con su camino. —No te preocupes, no pelearé con él. Si quieres déjame aquí, iré directo a mi casa.
No hubo tiempo de respuesta, Lorena solo recibió el beso en la mejilla por parte de su amiga para despedirse y después la vió caminar rumbo a su casa.
La escena para ella pasó en cámara lenta. Sin poder moverse, solo vió como estos dos caminaban para cruzarse. El temor por el reciente comportamiento de ambos, le hizo presionar sus manos y ejercer una fuerte presión, pero no se movió de ahí.
Desde su lugar pudo apreciar a cada uno en un lado de la banqueta. Caminaron lentamente y justo cuando llegaron al mismo nivel un viento se originó muy cerca de los dos. Ambos cubrieron sus rostros para que el polvo no les afectara y siguieron caminando, sin mirarse y listos para no cruzarse más.
—¿Qué es eso? —Susurró Lorena al ver que ese viento formaba un círculo muy marcado que se extendía al cielo. Dentro de ese círculo se formaron varias figuras; algunas flores, otras eran símbolos. Después de unos segundos el círculo tomó forma del amuleto que habían dejado con la tarotista. La figura envolvió a todos los demás elementos y desde su posición, parecía como si su amiga y el vecino entraran en ese círculo.
Algo tan momentáneo pero muy marcado para ella que logró verlo y apreciar el breve espectác*l*. Uno del que solo ella se percató y ellos ignoraron.
—Hola buena tarde vecina.—Saludó muy cortésmente a Lorena una vez que estuvo cerca de ella.—¿Cómo estamos hoy?
—Hola...—Respondió mientras miraba a su amiga entrar al edificio, lo hizo sin mirar atrás.
—¿Todo bien?—Preguntó él al darse cuenta de la dispersión que tenía su acompañante.
—Si, todo bien.—Lorena por fin pudo entrar en sí, reaccionó después del corto espectác*l* que presenció. Era como si su cuerpo se descongelara y nuevamente pudiera tomar el control.—Estoy muy bien gracias y ¿Tú cómo estás?
—Apenado, quiero pedir una disculpa por lo que pasó en el edificio.—Su tono era suave aunque su voz muy varonil.—Se que es difícil de creer pero yo no soy así. No se que me pasó, exploté sin querer.
—No te preocupes hombre, todos tenemos un mal día. —Dijo ella ya completamente dueña de la conversación y del escenario.
—Eso es lo más raro. Yo estaba teniendo un gran día, me sentía muy contento. —Agachó su cabeza en señal de arrepentimiento y pena.—No se porque me puse así.
—Si, es difícil de creer. Parecía que odiabas y que todo eso lo sacaste para desquitarte.
—No me digas eso que me hace sentir peor.—Seguía con las disculpas, se veía muy arrepentido y desconcertado en verdad.—Yo solo estaba ahí y fue como si algo se apoderara de mí.
Lorena lo miró tratando de entenderlo pero no pudo. Su lógica no le alcanzó para comprender un cambio así de la nada.
—Pero bueno, solo me quiero disculpar y decir que con toda seguridad eso no sucederá de nuevo.
—Esa disculpa no me la debes a mí.—Repuso Lorena mientras señalaba con su mirada el edificio donde Berenice vivía.—Fuiste muy grosero con mi amiga, a ella le debes la disculpa.
—Claro, lo haré. —Respondió igual de apenado mientras también miraba el edificio. —En cuanto la vuelvas a traer de visita.
—¿Traerla de visita?—Preguntó para solucionar el mal entendido inmediatamente. —Te estás confundiendo, ella es la que vive en el edificio. Yo solo la fuí a visitar.
—¿En serio?—Se sorprendió mucho.—A ti te he visto un par de veces por ahí. En cambio, a ella nunca la había visto. Por eso deduje que tú vivías ahí y ella te visitó.
Lorena se quedó en silencio un momento. Recordó que su amiga le había dicho exactamente esas mismas palabras y le causaron incredibilidad. Pero ahora al escucharlo a él, comenzó a sospechar que algo pasaba.
—¿Cómo qué no la has visto nunca?—Seguía con aquella confusión.—Ella lleva viviendo ahí un buen tiempo, tuviste que verla en algún momento.
—Pues no, es la primera vez que la veo. —Su tono de voz cambió, había agarrado confianza con el tema.—Estoy seguro de eso, tengo buena memoria.
Lorena no sabía si creer o no. ¿Qué posibilidad había de vivir en un edificio y nunca conocer a alguno de tus vecinos?