El día era soldado, con la temperatura ideal para salir a caminar. De esos días que se antoja ir al parque, por un helado, o simplemente a caminar por las hermosas calles de la ciudad.
Las nubes mantenían su distancia unas con otras lo que permitía el paso firme del Sol. Una de las grandes maravillas que ofrece el mundo si de paisajes se habla, pues en el podían verse los más magníficos y este país en aquella región, era un claro ejemplo.
Berenice se estaba alistando para salir, por fin había llegado el momento de conocer Palenque y los misterios que ahí podrían ocurrir. Si todo lo que planeaba fracasaba, aún podía verlo como unas merecidas vacaciones.
Finalizó de acomodar la ropa en su maleta. Llevaba mucha, tanta como para más de tres semanas. La maleta era tan grande que cupieron cambios completos elegidos para cualquier tipo de clima. La ciudad a donde se dirigía, era conocida por estos cambios repentinos.
—Muy bien, tengo mi celular, tableta, cosméticos, ropa, ¿Qué otra cosa?, ¿qué más necesito?—Conversaba consigo misma en voz alta. A pesar de todo, el hecho de salir le hacía estar muy emocionada.—Mi identificación, desodorante, bloqueador…creo que llevo todo. Estoy lista.
Tomó su maleta, se colocó los lentes de sol, acomodó la cartera, respiró profundamente y se dispuso a salir.
Al abrir la puerta se encontró con la novedad de que su amiga Lorena estaba afuera a punto de tocar. Casualmente no lo hizo pues su amiga había abierto la puerta.
—¡Lorena!, ¿Qué haces aquí?—Preguntó sorprendida pero también contenta al verla. Algo que su mirada no pudo ocultar.
—Pues… vine a verte...¿Tú qué crees?—Dijo ella aún muy dudosa de estar ahí y sorprendida de verla con una maleta.—Llevamos días sin hablar y creo que debiste decirme algo. Si va terminar nuestra amistad, creo que lo mejor es hablarlo de frente.
—¿Terminar nuestra amistad?—Le respondió impactada por su comentario aunque entendió que en ese tiempo ella había originado ese pensamiento.—Pasa por favor, hablemos...
—¿No interrumpo nada importante?—Preguntó antes de pasar.
—No me interrumpes, estaba rumbo al aeropuerto pero voy con tiempo de sobra. Podemos hablar.
Berenice dejó la maleta y le extendió la mano nuevamente para invitarla a pasar. Caminó hacia su comedor y ahí se sentó esperando a su amiga.
—Me imagino que te mudas… a ese grado hemos llegado, ¿No?—Comenzó a caminar lentamente hacia ella después de cerrar la puerta.
—Lo he pensado muchas veces, cambiar de aires es bueno.—Le respondió un poco nerviosa por el comentario.—Pero por ahora no es el caso, solo planeaba unas vacaciones.
—¿Unas vacaciones sin decirle a tu mejor amiga?—Se sintió indignada y decidió no sentarse con ella.—Me hubiera gustado más escuchar que te ibas de aquí porque no soportabas a tu vecino.
De alguna forma tenía que sacar aquello que llevaba atorado. Era un tema de mucha importancia para ella aunque para su amiga parecía irrelevante.
—Oh, de ese… no creo tener la necesidad de huir de él.—Dijo mientras jugaba con sus manos entrelazando sus dedos.
—Pues eso no pareció la otra noche, cuando saliste corriendo dejándonos a mi novio y a mi ahí sin decir nada.
Berenice bajó la mirada y hubo un silencio penetrante entre las dos. Había mucho que decirse pero no encontraban la forma.
—Sabes, creo que es mejor que no hablemos de ese tema.—La miró a los ojos decidida.—Yo no quiero que nuestra amistad termine pero creo que el tema de mi vida amorosa me corresponde abarcarlo a mi nadamas. Ya viste lo que sucedió con aquel que insististe que saliera.
—¿Insistí?—Lorena suspiró haciendo coraje. Después se sentó y se relajó para continuar.—Ok, no hablaremos de ese tema pero también hay ciertas cosas que debes modificar porque aunque no lo notes estás cambiando mucho, si te afecta o no es evidente.
—Muy bien, yo no voy a dejar que mi mal humor influya.—Sacó una tarjeta de su bolsa y se la mostró.—De hecho por eso me iré de vacaciones, eso me ayudará a aclarar ideas y sobre todo a relajarme.
—¿A dónde irás?, Claro si se puede saber.—Dijo no tanto por curiosidad si no para cambiar el tema.
—Iré al estado donde está esa ciudad con la pirámide de mis sueños.—Dijo al mostrarle la tarjeta.—De hecho, contacté a este profesor, es un experto en el tema y me va ayudar para encontrar respuestas.
—¿En serio te vas de vacaciones para continuar con eso?—Preguntó muy sorprendida y abriendo los ojos demasiado.
—¿Por qué la sorpresa?, ¿Es tan malo?—Berenice tenía el temor de ser regañada por su amiga, algo que sin duda le bajaría el ánimo.
—Para nada, lo único malo es que te ibas a ir sin avisarme.—Su tono de voz cambió a uno con emoción.—Habíamos quedado que yo iría contigo. No puedo creer que te quisieras ir así.
—Lo pensé porque creía que estábamos mal. —Dijo un poco arrepentida.—Además, no creí que aprobaras mis locuras en este tema.
—Ay amiga, he aprobado muchas más locuras en tu vida.—Se levantó y extendió los brazos muy emocionada.—Creo que está será sobre todo muy divertida, tengo que ir.
—Yo estaré encantada que me acompañes.—Le dijo Berenice con una gran sonrisa.
—¿A qué hora sale tu vuelo?—Preguntó nerviosa por la presión del tiempo.
—Sale en cinco horas...
—Eso es muy poco tiempo, tengo que hacer maletas, organizar el trabajo, avisar a mi novio, comprar cosas. —Dió vueltas en círculos diciendo esto para después detenerse.—¡Qué barbaridad!
—Bueno yo te puedo prestar ropa.—Berenice trató de hacer las paces y llevar a su amiga.—Lo demás podemos conseguirlo allá y puedes arreglar las cosas llamando.
—Tienes mucha razón amiga. Por eso te amo y te perdono todo.
Ambas comenzaron a reír y realizaron los preparativos restantes para así salir del edificio e irse al aeropuerto donde se reunirían con el profesor. Una mucho mas emocionada mientras que la otra nerviosa porla situacion.