—Vete de aquí... aléjate.—La voz proveniente de una sombra que se acercaba volando, era muy escalofriante.
No tenía sentido ni forma de identificarla pero por alguna extraña razón se entendía claramente.
—Yo debo estar aquí.—Respondió con firmeza Berenice. Aunque sentía temor, no se echó para atrás en ningún momento.—El destino me necesita aquí y no me iré.
La sombra se multiplicó en ese momento. Aparecieron tres de ellas y se acercaron más rápido a Berenice.
El lugar era una especie de bosque pero se veía tenebroso. Más allá de la obscuridad, los árboles estaban sin hojas, solo se veían sus ramas haciendo figuras de seres escalofriantes.
La luna se veía a lo lejos, pérdida entre las nubes obscuras que se esforzaban por ocultarla. El astro quería dar ese brillo amarillo que solo unas pocas veces al año es capaz de regalar, pero le costaba hacerlo.
El piso estaba lleno de vidrios cortados, por eso Berenice se esforzaba por no caer levitando bajo.
El viento y la presión que se sentían eran muy fuertes. Tanto que podían mover una caja fuerte o arrastrar árboles para llevarlos fuera de su perímetro.
La joven visitante no sabía que había ahí ni como había llegado pero se esforzaba por mantenerse en el lugar y avanzar.
El viento era de lo menos que tenía para preocuparse, las sombras que ya se acercaban a gran velocidad eran su verdadero problema. Sombras que parecían caníbales asomando sus peligrosos colmillos de fiera mientras volaban hacia ella. Sus ojos estaban definidos por un par de huecos que se veían aún más obscuros que sus cuerpos.
—¡Aléjate de aquí!—Sus voces se escuchaban más fuertes, como si de gritos se trataran.—¡Vete, vete, aquí no perteneces!, ¡Eres mala para este lugar, ella te alcanzará!
Se esforzaban de manera verbal para expulsarla de ahí pero Berenice no dijo nada, se concentró en esperar el impacto pues ya estaban muy cerca y se estamparian contra ella.
Pronto las sombras ya la habían alcanzado y lo inevitable sucedió. Atacaron a Berenice como yenas despedazando a su víctima. Mordían por varios lados mientras ella se trataba de defenderse con sus manos. Su cara era lo que cubría mientras que con sus pies y manos trataba de repelerlas. Con el miedo, no imaginó ni se percató que el dolor era nulo así como el daño que podía recibir. Esos espíritus por más que lo intentaran, no podían dañarla.
De pronto, una gran luz penetró como si alguien rompiera una lámina que impedía su paso. Gracias a esto se abrió un hueco por donde pasó y así los espíritus se distrajeron.
Pero esto no fue todo, en cuanto ayuda se refiere, también un par de enormes manos entraron para retirar a los espíritus y así tocar a Berenice, quien con desconfianza se dejó tocar. Estas manos al sujetar con fuerza, comenzaron a moverla fuertemente de un lado a otro mientras una voz se escuchaba a través de la luz… "Despierta Berenice, despierta"
La luz comenzó hacer más abundante y ella abrió los ojos para darse cuenta que el profesor la movía con un poco de fuerza.
—Por fin despertaste.—Dijo él muy complacido, se había preocupado en verdad.—Ya me estaba desesperando, tenías el sueño muy pesado y tu corazón muy agitado.
—¿Qué sucedió? —Aún estaba muy desubicada y necesita entender.—Me siento rara.
—Parece que es más grave de lo que pensé.—El profesor puso mirada de preocupación.—Soy Rubén y nos dirigimos rumbo a Palenque. Estamos en el avión, *p*n*s unos minutos pasaron y te quedaste dormida. Dormías plácidamente hasta que comenzaste a gemir y gritar de manera anormal. Como si de una pesadilla se tratara.
—Si, recuerdo un sueño muy extraño.—Dijo aún confusa.
—¿Quieres que pidamos asistencia médica? Nada de esto es normal.
—No, no se preocupe. Esto ya me había pasado.—En ese momento estaba cayendo en cuenta de lo que pasaba.—Disculpe si lo asusté. No he dormido bien y eso pasa cuando no lo hago, pero ahora ya estoy bien.
—Muy bien, te voy a creer.—Su voz era muy pacifica y amable.—Aún así te haré unas preguntas solo para corroborar.
—Esta bien profesor.
El señor Rubén era un señor con una personalidad muy particular. Podía verse que era de gustos distinguidos e incluso un poco difícil de complacer. Aunque era un hombre elegante en esta ocasión se había vestido muy cómodo, ideal para una aventura. Llevaba puesta una chamarra color verde militar, muy parecida a la que usan los boys scouts y muy útil para ir a acampar. También llevaba un pantalón tipo cargo de color café, unos tenis cómodos aunque seguramente cambiaría de calzado al llegar a su destino.
Su rostro era redondo, muy bien afeitado con anteojos circulares. Su cabeza estaba totalmente calva y eso le hacía verse más interesante y maduro. Era alto, con buen cuerpo, aunque tenía más de 60 años ya.
—¿Cómo te llamas?—Comenzó el cuestionario.
—Soy Berenice Sandoval.
—¿Qué es lo último que recuerdas?
—En este momento ya recuerdo todo. Lo contacté gracias al instituto, de ahí me puse en contacto con usted para que me ayudara a resolver una teoría sobre una princesa maya.
Las respuestas, forma de hablar y la mirada de Berenice parecían completamente normales. Aún así el profesor deseaba continuar.
—¿Dónde nos vimos? y ¿cómo nos reconocimos?—Su rostro era el de alguien muy analítico.
—En una tienda fuera del aeropuerto. Usted quería beber un café de ahí, porque es muy especial y tiene buen sabor.
—El mejor señorita, el mejor...
—No se que más decirle, lo reconocí por la descripción que me dió aunque yo ya había visto su foto en la página de la universidad.—Esto comenzaba a aburrirle un poco. La pesadez del sueño seguía haciendo efecto.
—Con eso es suficiente, solo que debería tratarse esa pesadez, no es muy normal y no me quiero imaginar lo que puede ocurrir si está usted sola.
El profesor no alcanzaba a comprender todo lo que ella ya había pasado.