—¡Al fin llegamos a Palenque!—Exclamó el profesor Joaquín muy emocionado.
—Sí, y solo nos tomó más de tres horas.—Respondió Lorena tras ese comentario.
El equipo estaba severamente cansado, tuvieron demasiados inconvenientes para llegar y el estado de ánimo en la voz de Lorena lo hacía notar demasiado.
—Lo siento mucho. No fue mi culpa que se nos poncharan dos llantas.—Contestó Joaquín apenado. —O que el camino se bloqueara por un árbol caído.—Decía el profesor intentando seguir con su buen estado de ánimo y sus cortesías.—Tampoco fue mi culpa aquel venado que se nos atravesó ni mucho menos todas las cuestiones sobrenaturales a las cuales nos expusimos.
—Sí, tiene razón.—Opinó el Berenice con el mismo tono aburrido que su amiga.—Ese rayo que cayó cerca de nosotros en verdad me asustó y fue muy extraño, no había lluvia.
—Estoy comenzando a creer que lo que ustedes dicen es verdad.—Continuó la conversación Rubén.—Tal vez haya algún tipo de maleficio que nos quiere impedir llegar hasta la gran pirámide de Palenque.
—No digas eso amigo, nosotros somos científicos y no podemos basarnos en esos males.
—Pero tampoco podemos negarlos.—Dijo él sonriente.—Además, creo que las pruebas hablan por sí solas. La teoría que trae esta mujer suena muy interesante y es mejor considerarla a dejarla pasar.
Su querido amigo antropólogo solo lo miró y ya no le dijo nada, pero de alguna forma entendió que tenía algo de razón y no pretendía debatirlo.
Cualquiera que haya sido el caso habían llegado a su destino ahora solo necesitaban explorar un poco más y andarse con cuidado.
Eran aproximadamente las 6 de la tarde. La mayoría de los turistas ya se habían ido, aún así el profesor Joaquín tenía un pase directo por el cual evitaba hacer filas e incluso no eran vistos por los visitantes.
Con su basta experiencia lo atravesaron y llegaron a lo que parecía ser un campo de rocas o al menos para las dos amigas eso parecía, ya que para los dos profesores era un abundante recurso de información sobre lo que ocurrió en ese lugar hace muchos años. Eran piezas inigualables que hablaban a través del tiempo para explicar cómo vivieron las personas ahí. Para ellos había mucha más información de la que para las personas normales habría.
Siguieron su cometido caminando por todo el lugar y recorrieron un pequeño sendero el cual el profesor conocía de memoria. Por ende se convirtió en el guia. Caminaron lo más rápido que pudieron ya que las viejas piernas del guía eran un obstác*l* importante para aquello. Las dos jóvenes no tenían problema con eso, estaban observando todo alrededor, principalmente Berenice quien intentaba reconocer algo de lo que hubiera en sus sueños. Desafortunadamente para ella no fue posible, la ciudad era tan distinta como la soñaba pero trataba de imaginar cómo había sido.
Después de varios minutos caminando, llegaron a lo que parecía una entrada. Las dos jóvenes se sorprendieron ya que todo lo que habían recorrido eran ruinas pero ahora podían ver una pieza que se mantuvo completa y en su lugar. Era como una puerta que les daba acceso a una cueva, en ella habían grabado varios símbolos que no reconocía. También había algunas calaveras que indicaban peligro para ellas. Los profesores tenían otra visión, de hecho el profesor Joaquín explicó que era la entrada hacia un palacio y que aquellos símbolos y calaveras era una advertencia para indicar que no cualquiera podía entrar y si lo hacían se enfrentarían a los peligros que había ahí.
Berenice se tomó el tiempo para asimilar la información y se acercó para tocar la puerta.
Lorena la vió con preocupación pues según ella ya estaba demasiado involucrada con experiencias espirituales como para infectarse de otra cosa si tocaba objetos o puertas sin sentido.
Berenice sintió la necesidad de hacerlo sin importarle lo que su amiga le recomendaba.
Se acercó y tocó levemente la puerta, al hacerlo se conectó con el pasado nuevamente.
La experiencia que tuvo fue algo diferente ya que esta vez estaba preparada para eso. Al tocar la puerta entró voluntariamente al mundo de los recuerdos, ese lugar que había estado visitando en sus sueños pero ahora parecía que entraba con su cuerpo totalmente activo y podía tener control de las imágenes. No pudo ver gran cosa, solo el lugar como años antes se había vislumbrado. Además vió un par de personas que recorrían ese sendero y que entraban por ahí sin ningún problema. En ese momento ella soltó la puerta e indicó "Estamos en el lugar correcto" debemos entrar.
Los demás la miraron sorprendidos pues la afirmación corroboraba que algo estaba sintiendo.
Los profesores no dudaron y puestos por la aventura decidieron entrar en la antigüedad.
Esa puerta se tenía que mover, guardias e incluso magia eran los encargados de hacerlo, pero ahora con los nuevos descubrimientos y tecnología pudieron hacer una puerta a un costado que los trasladaba directamente al túnel del interior. Así no movían la tan pesada puerta de piedra y no era necesario, su intención era colocarse dentro del túnel y así lo hicieron.
Las antorchas tampoco hicieron falta como hubieran hecho en aquella época, los profesores iban perfectamente equipados con linternas. No eran muchos los lugares obscuros que visitarían, aún así era protocolo de su uniforme nunca salir sin una de estas.
Caminaron por delante para alumbrar el camino, las jóvenes amigas permanecieron juntas y lo más cercanas que pudieron de los profesores para no perderlos. No pudieron ver mucho en el interior de la cueva, solo intuyeron que había más rocas y algunos insectos de los cuales querían mantenerse alejadas.
Los profesores caminaban como niños emocionados que van al parque. A pesar de haber visto ese lugar, el profesor se sentía muy atraído por la nueva forma en que lo visitaba. Era una nueva teoría en su mente, una nueva aventura y muchas cosas por descubrir.