Amor maya

Capitulo 25

El gran beso finalizó. Después de sentir ese calor y ese amor el uno por el otro decidieron separarse para continuar con lo que seguía. Ambos se sintieron tan bien de poder besar a su pareja perfecta, lo habían esperado por mucho tiempo. Se habían desesperado e incluso creyeron que iban a permanecer solos toda la vida. Pero al final sentían esa satisfacción de poder decir "Te encontré" Lo hice después de un camino tan largo, después de sufrir muchas decepciones incluso todas ellas tuvieron sentido pues de haber funcionado sus relaciones pasadas, ellos no sabrían encontrado. Así que agradecían las traiciones y lo mal que la habían pasado en sus antiguas relaciones. Lo hacían porque de no haber sido así, ellos no estarían en esa gran aventura enfrente de sus grandes amores.

Al final todo había valido la pena y lo demostraban asi. Incluso ya no querían soltarse de las manos pero sabían que debían hacerlo para seguir avanzando.

Lorena, un poco más recuperada, los miró tiernamente y se sintió comprometida con aquella relación que sin su ayuda no hubiera podido funcionar ni darse.

Berenice y Gonzalo la tomaron de la mano para levantarla y juntos comenzaron a bajar por la gran pirámide.

Cada escalón que bajaban veían intentando reproducir recuerdos de aquella ciudad donde se amaron por primera vez de donde se habían conocido, ahí hicieron el vínculo que los había llevado hasta ese momento.

No tenían recuerdos de aquella vida solo podían imaginarlos y escuchar a los espíritus que les hablaron en sueños.

Llegaron a la parte baja de la pirámide donde los profesores los esperaban.

—¡Qué gusto ver que están bien!—Exclamó Rubén mientras recuperaba el aliento.—¿Qué sucedió, todo terminó?

—Creemos que sí.—Le respondió Berenice con una gran sonrisa.—Pero los únicos que pueden corroborarlo son los espíritus. Debemos ir ahí para saber que todo está bien.

—Bueno... pues adelantese ustedes.—Dijo Joaquín quien aún seguía recuperando el aliento.—Llegaremos pronto, se los prometemos... llegaremos pronto.

Tenían un poco de vergüenza en dejarlos ahí pero querían corroborar por sus propios ojos que todo había terminado, así que corrieron para cruzar nuevamente el camino y llegar hasta donde los espíritus estaban.

Esta vez corrían más tranquilos, sentían que todo había terminado pero lo querían corroborar.

Se apresuraron hasta llegar a la sección de las paredes, ahí donde habían colocado los amuletos y estos habían liberado a los espíritus.

Al llegar, solo pudieron ver el cuerpo de la tarotista quien parecía inconsciente.

Gonzalo se adelantó para tratar de auxiliarla pues se había convertido en una gran compañera para él y no quería que le pasara nada. Berenice sentía lo mismo a pesar de no haber sido llevada hasta ahí por ella y de culparla de sus males por haberle dado el amuleto. Reconocía todas sus acciones e incluso que había superado a su vida pasada que no quiso seguir con su cometido y tomó la decisión de hacer las cosas bien y no dejarse contaminar por la maldad que aquella bruja irradiaba. Sabía que la tarotista jugó el papel más importante pues la bruja había creído que su siguiente vida tendría la misma maldad e intenciones que ella pero no, esta mujer había decidido utilizar sus dones con la magia para bien y sin negar su pasado se rectificó para hacer lo correcto. La gran estrategia de la bruja había fallado gracias a que la tarotista se resistió creyendo que los espíritus debían ganar y tenían que ser liberados.

—¿Ella está bien?—preguntó Berenice al ver a la tarotista que era auxiliada por Luis.

—Creo que sí, aún respira.—le contestó mientras la revisaba.—Pero todo el trayecto presentó grandes molestias, necesitamos un médico pronto, debemos darnos prisa.

—Así será, vámonos de aquí lo más pronto posible.—Le dijo su amada.

Berenice giró la cabeza, era evidente que estaba buscando rastro de los espíritus pero creyó que al haber destruido la maldición al fin habían sido liberados. No sintió pena pues sabía que le habían hecho un bien y que el hecho de que estuvieran libres era lo mejor que podía pasar.

La maldición estaba rota, los espíritus debían ir a donde pertenecían y ahí seguir disfrutando de su amor como ella ahora deseaba hacerlo con Gonzalo.

Su amiga Lorena llegó y detrás de ella los profesores. Los tres también buscaron desesperadamente a los espíritus y se desilusionaron un poco al ver que no estaban. Sin embargo, trataron de auxiliar a la tarotista que era la que importaba.

La luz no se había extinguido a pesar de ser de noche. Había muchas estrellas y el esplendor de la luna era muy brillante por lo cual, la iluminación no era del todo nula. Gracias a esto podían ver el camino, la oscuridad de la noche no les daba miedo, al contrario, la encontraban motivacional para aquella gran historia que vivieron.

Se relajaron un momento mirando las estrellas y lo que estas comunicaban.

Decían que había un mundo más allá del que creían y que por cuestiones del destino se habían cruzado con ello para ser testigos. Se sintieron agradecidos y orgullosos de lo que habían vivido, decidieron continuar con sus vidas ahora con este nuevo conocimiento.

Entre ellos, los profesores sabían un poco de primeros auxilios así que trataron de ayudar a la tarotista. Determinaron que solo era fatiga y que con mucho descanso se compondría, además le dieron de beber agua y la acomodaron en una buena posición para que descansara mejor. Lo mismo que ellos, se sentían fatigados por la gran carrera.

Berenice, Lorena y Gonzalo también se sentaron y decidieron hacerlo justo en una de las paredes para poder recargarse. Era la pared donde habían liberado al guerrero y cuando Gonzalo se recargó notó que la luz se volvió a encender. Sorprendidos, se quitaron de ahí rápidamente con inercia pero después reconoció que había sido la misma luz que no les había perjudicado. Contempló a Berenice y ella le invitó con la mirada a que volviera a tocar a la pared y ver qué sucedía.




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