Amor prohibido

4. Entre sueños y confesiones en Miami

El aire vibraba con la energía juvenil mientras Sasha acompañaba a Becky. La sombra de Seth, sin embargo, se cernía sobre sus pensamientos.

Sasha llegó a casa de Becky, donde la charla pronto giró en torno a Seth. Sasha, fiel a su estilo, no tardó en insinuar el creciente interés de Becky hacia él.

—Ya, Sasha, basta. Sabes que me gusta Seth, pero no quiero que esto arruine nuestra amistad —dijo Becky, tratando de zanjar el tema.

—Lo sé, pero no puedes negar lo evidente —respondió Sasha con una sonrisa pícara.

La noche cayó sobre la ciudad, y las amigas se sumieron en un sueño reparador, listas para la aventura que les esperaba.

Semanas después, el cumpleaños de Paige se acercaba, llenando a todos de emoción. Alexa, con pesar, anunció que sus estrictos padres no le permitirían asistir a la celebración.

—Qué pena, Alexa. Te extrañaremos —dijo Seth, con genuina tristeza.

—No importa, chicos. Diviértanse por mí —respondió Alexa, resignada.

Dean interrumpió el momento para compartir una noticia sorprendente:

—¡Chicos, Liv y yo somos novios!

Seth y Roman felicitaron a la pareja, aunque este último no pudo evitar añadir un comentario sarcástico.

Al día siguiente, las chicas se reunieron temprano para ultimar los preparativos del viaje. Paige, ajena a la sorpresa que le aguardaba, coordinaba los detalles con entusiasmo.

En casa de Sasha, el ambiente era de expectación. Las chicas discutían qué llevar, mientras Sasha intentaba calmar los nervios de Charlotte, indecisa sobre su vestuario.

—Tranquila, Charlotte. Todo te queda bien —dijo Sasha, con una sonrisa alentadora.

Liv, siempre práctica, instó a las demás a empacar rápidamente para no perder el vuelo.

—¡Vamos, chicas! Si no, se nos hará tarde y no dormiremos bien —exclamó Liv, con su habitual energía.

Mientras las chicas se dedicaban a empacar, los chicos pasaron la tarde a su manera, ajenos a la vorágine femenina. Sasha, por su parte, decidió llamar a Becky para ultimar los detalles de su encuentro.

—¿En qué lío te has metido ahora? —preguntó Becky, conociendo el historial de su amiga.

—En ninguno, solo quería saber si podía ir a tu casa para que nos vayamos juntas mañana —respondió Sasha, con una sonrisa inocente.

—Sabes que no tienes que preguntar. Eres como mi hermana, puedes venir cuando quieras —dijo Becky, con cariño.

Sasha se despidió de su madre y partió hacia casa de Becky. La madre de esta la recibió con una sonrisa y Sasha subió rápidamente a la habitación de su amiga.

—¡Llegaste! Mira, ¿cuál de estos bikinis me llevo? —preguntó Becky, mostrando dos opciones a Sasha.

—Los dos son hermosos —respondió Sasha, con sinceridad.

—Vale, me llevaré estos... ¡Y ya terminé! Ahora, ¿qué me querías contar? —dijo Becky, impaciente.

Becky confesó haber escuchado una conversación entre Alexa y Seth, donde este último no demostró ninguna emoción al despedirse de ella.

—¿No eran solo amigos? —preguntó Sasha, sorprendida.

—Sí, pero desde que hablaste del tema, no dejo de pensar y soñar con él... ¡Y son sueños raros! —exclamó Becky, con un rubor en las mejillas.

—¿Cómo? —preguntó Sasha, intrigada.

—No lo malinterpretes, solo sueño que él y yo nos besamos... y así —respondió Becky, nerviosa.

—¡Jaja! ¡Se nota que de verdad te estás enamorando de él! —dijo Sasha, con una sonrisa burlona.

—¡Esto es tu culpa! Yo no pensaba ni soñaba con esas cosas —protestó Becky, avergonzada.

—O sea, que también lo piensas, ¿eh? —dijo Sasha, con una mirada pícara.

—¡Ya no me molestes! ¿Y qué si me gusta? —respondió Becky, a la defensiva.

—No nada... Jajaja. Sabes que se me hace que Seth igual piensa en ti... Ya mejor vemos una película romántica, ¿va? —dijo Sasha, tratando de desviar la atención.

—¿Por qué dices eso? —preguntó Becky, con curiosidad.

—Por nada... ¿Y la peli? —respondió Sasha, evasiva.

—¡Ay, dime, please! —insistió Becky, impaciente.

—Primero la peli —respondió Sasha, firme.

—Bien, ya está. Ahora dime —dijo Becky, encendiendo la televisión.

—No estás lista para la conversación —respondió Sasha, con una sonrisa misteriosa.

—¡Sasha! —exclamó Becky, exasperada.

A la mañana siguiente, las chicas se levantaron temprano y se dirigieron al aeropuerto. Al llegar, Sasha notó cómo Seth no apartaba la mirada de Becky, y no pudo evitar darle un codazo cómplice.

—Te ves preciosa, amor —dijo Finn, con una sonrisa encantadora.

—Gra-gracias —respondió Becky, tartamudeando, visiblemente nerviosa.

—Se lucieron, chicas —comentó Nikky, admirando el estilo de sus amigas.

Aj lee, fiel a su estilo, optó por un atuendo cómodo y práctico.

—Bonito y cómodo —dijo Aj lee, con una sonrisa satisfecha.

Brie, siempre impaciente, instó a las demás a abordar el avión.

—¡Ya debemos subir al avión, vamos! —exclamó Brie, con su habitual energía.

Después de unas horas de vuelo, llegaron a Miami. Pasaron la tarde acomodando sus cosas en la habitación y organizándose en parejas: Dean y Seth, Roman y Daniel, Brie y Nikky, Paige y Aj Lee, Sasha y Becky, Finn y Jhon, Liv y Charlotte. Por la noche, bajaron al jardín para hablar sobre la sorpresa de cumpleaños de Paige. Le dijeron que alguien la esperaba abajo, pero al llegar no encontró a nadie.

—Ummm, ¿qué les parece si alquilamos un yate y ahí festejamos su cumple? —propuso Liv, con entusiasmo.

—Suena bien —respondió Daniel, con una sonrisa.

—Bien, chicas, ustedes la llevan. Mañana será una sorpresa —dijo Roman, con complicidad.

Charlotte, tomando la iniciativa, propuso:

—Bien, nosotras nos encargaremos de eso y ustedes de la sorpresa en el yate, ¿ok?

—Bien —respondió Seth, con una sonrisa.

Sasha, agotada por el viaje, bostezó:

—Ahora vamos a dormir, estoy muerta de sueño.

Subieron a sus habitaciones y Sasha no pudo evitar comentar:




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