Angelus, vive o muere

CAPÍTULO 2

No puedo concentrarme al estudiar, ese chico extraño de la biblioteca ronda constantemente mi mente. Es como si estuviera dentro de ella y es incómodo.

¿Esto es a lo que llaman obsesionarse por una persona a primera vista?

 

Dudo mucho que sea eso. No soy así.

 

Cierro ofuscada el libro de ciencias y me echo sobre mi cama, mirando al techo.

 

¿Porqué esos ojos esmeralda me persiguen desde que le vi? Es una sensación muy rara, como si estuviera vigilándome a todas horas.

 

Alguien llama a la puerta y me saca de mis revueltos pensamientos.

 

-¿Quién es?- me pongo en pie y me acerco a la puerta.

 

-Soy tu tía, abre, tengo algo que decirte.

 

-Voy- abro y ella entra sin mirarme.

 

-¿Qué tal llevas tu estancia en Twilight University?- Ella se asoma por la ventana y se gira para fijarse en mi.

 

-Bien, este sitio es increíble aunque…- recuerdo el discurso de bienvenida- no dejo de pensar en las normas expuestas en este lugar. Sabes de sobra sobre mi enfermedad y aun así estoy aquí, dentro de este gran grupo de personas "perfectas"- recalco esta última palabra haciendo comillas en el aire con mis dedos.

 

-Oh, vaya- se acerca a mi con paso lento, como un león ante su presa. Sin miedo ni vacilación, completamente segura de sí misma. -No te preocupes por eso querida, estás aquí porque sé que tienes mucho potencial en los estudios y quiero ayudarte. Mantendremos en secreto tu enfermedad, nadie tiene porqué saberlo.

 

Un escalofrío recorre mi espalda y otro golpe en la puerta hace que ambas dejemos nuestra conversación para mirar a la puerta.

 

-Voy a ver quién es- ando hacia la puerta y al abrir me llevo la sorpresa de que se trata de la chica del flequillo alborotado.

 

-Hola, sé que es tarde y seguro estabas a punto de irte a dormir pero quería preguntarte si…-.

 

-¿Quién te ha dicho cuál es mi habitación?- me arrepiento de interrumpirla pero me parece raro que alguien como ella, quién debe ser súper sociable y debe tener muchos amigos, esté aquí, buscándome a mi.

 

-¡Oh! Lo olvidaba. Me lo dijo Emily, una chica de nuestra clase, al parecer vive un poco más adelante, en este mismo pasillo.

 

-Ah, ya veo…- agacho avergonzada la cabeza.

 

-Bueno, a lo que iba. Quiero saber si te gustaría venir mañana por la noche a la fiesta de bienvenida que celebrarán todos en el bosque, al parecer hay un claro donde podemos estar todos juntos, hacer una fogata y charlar, ¿te apetece?- Carol se rasca la punta de la nariz con una sonrisa en su cara.

 

¿Me está invitando?¿A mi?

 

Antes de que pueda decir algo mi tía aparece detrás de mi.

 

-Claro, es una buena idea pero no podéis recogeros muy tarde, recordad que mañana hay clase temprano- La rubia muestra una sonrisa cálida pero algo me dice que es fingida.

 

-Si, claro, directora- Carol se pone recta e imita un saludo militar.

 

-Creo que me vendrá bien salir un poco, así que si, iré contigo a la fiesta mañana.

 

 

 

Llego tarde a la primera clase de ciencias.

 

¡Maldito despertador! Siempre me abandona en los momentos más importantes. Tengo que pillarme uno nuevo o simplemente acostumbrarme a poner la alarma en mi teléfono.

 

La puerta del aula aún está abierta y eso significa que el profesor aún no ha llegado.

 

Entro intentando pasar desapercibida y consigo sentarme en primera fila, junto a la ventana. Me parece raro no ver a Carol por aquí y aún más raro ver como Dylan se sienta a mi lado.

 

-Hola Maya- el chico me regala una radiante sonrisa.

 

-Hola, ¿Cómo has amanecido?

 

-Supongo que bien comparado con otras personas que les cuesta la misma vida madrugar- se ríe.- Si fuera por mi no dormiría nunca.

 

Levanto una ceja y le miro.

 

-¿Enserio?¿te gusta madrugar?- me hago la escandalizada.

 

-Si- suelta una risa altamente adorable.

 

Me fijo en que la gente empieza a amontonarse al fondo, no veo qué pasa pero supongo que habrá alguien nuevo.

 

-Alexander, dime, ¿de dónde eres?

 

¿Alexander?¿El mismo chico de la biblioteca?

 

 

-Ese tipo no es de fiar, no te acerques mucho a él- Dylan me advierte mientras mira con mala cara en la dirección del chico nuevo.

 

-¿Porqué dices eso?¿Le conoces?

 

-Por desgracia- chasquea la lengua y vuelve a mirar en mi dirección. -Enserio Maya, no te relaciones con ese sujeto, es problemático.

 

Nuestra extraña conversación termina cuando el profesor de ciencias llega al aula haciendo que todos vuelvan a sus puestos. Oigo a mis espaldas las quejas de las pijas que ya adoran al nuevo, hablan de lo guapo que es y de lo bueno que está.




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