Antes de apagar la luz

La distancia que nadie veía.

Las personas creen que la distancia aparece cuando alguien se va.

No siempre es así.

A veces la distancia llega cuando dos personas siguen estando juntas.

Siguen hablando.

Siguen diciendo "te quiero".

Siguen apareciendo en las fotografías.

Pero algo invisible empieza a crecer entre ellas.

Un espacio pequeño al principio.

Tan pequeño que uno piensa que puede ignorarlo.

Yo intenté hacerlo.

Me convencí de que era una etapa.

Que todos los momentos difíciles pasaban.

Que el amor también tenía días donde simplemente había que esperar.

Y quizás era verdad.

Quizás solo estaba preocupado de más.

Pero había una sensación que no desaparecía.

La sensación de que estaba intentando alcanzar a alguien que caminaba un poco más rápido que yo.

Antes, cuando algo le ocurría, yo era la primera persona a la que buscaba.

Ahora algunas cosas las descubría después.

No porque quisiera ocultármelas.

Simplemente porque ya no parecía necesitar contarme todo como antes.

Y eso dolía más de lo que quería admitir.

Porque no se trataba de una pelea.

No había una razón concreta para estar triste.

No había una herida visible.

Solo pequeños cambios acumulándose.

Una conversación que antes duraba horas ahora terminaba en minutos.

Una llamada que antes esperábamos con emoción ahora se convertía en algo que hacíamos cuando teníamos tiempo.

Un "te extraño" que antes salía naturalmente empezó a aparecer con menos frecuencia.

Y yo empecé a preguntarme si estaba exagerando.

Porque cuando alguien no te lastima directamente, es difícil explicar por qué te duele.

Una noche decidí hablar con ella.

No quería reclamarle.

No quería hacerla sentir culpable.

Solo quería entender.

—Siento que últimamente estamos diferentes —le dije.

Hubo unos segundos de silencio.

Ella suspiró.

—No sé... creo que solo hemos estado ocupados.

Esa respuesta tenía sentido.

Era lógica.

Era una respuesta que cualquiera podría aceptar.

Pero mi corazón esperaba algo diferente.

Quizás esperaba escuchar:

"Yo también lo he sentido".

"Vamos a arreglarlo".

"No quiero que cambiemos".

No lo dijo.

Y aunque no significaba que ya no me quisiera, algo dentro de mí sintió miedo.

Aun así, sonreí.

—Sí, tienes razón. Quizás es eso.

Otra vez elegí guardar lo que sentía.

No porque ella me obligara.

Sino porque tenía miedo de convertirme en una carga.

Esa noche pensé mucho sobre algo que nunca antes había considerado.

¿En qué momento una persona deja de luchar por algo y empieza solamente a intentar no perderlo?

Yo todavía la amaba.

Eso nunca estuvo en duda.

Seguía viendo a la misma persona de la que me había enamorado.

Seguía recordando su risa.

Sus gestos.

La forma en que me hacía sentir cuando todo parecía perfecto.

Pero también empezaba a extrañar una versión de nosotros que ya no estaba completamente presente.

Y extrañar algo que todavía tienes es una de las sensaciones más extrañas que existen.

Porque no puedes despedirte.

No puedes decir que lo perdiste.

Pero tampoco puedes negar que algo cambió.

Hubo días en los que todo volvía a sentirse como antes.

Días donde hablábamos durante horas.

Días donde ella me hacía reír hasta olvidar mis preocupaciones.

Y esos días eran los que me daban esperanza.

Me recordaban por qué seguía ahí.

Me hacían pensar que quizás solo estábamos pasando por una etapa.

Que todo volvería a ser como antes.

Porque el amor tiene esa capacidad.

Te hace aferrarte a los momentos buenos incluso cuando los momentos difíciles empiezan a ser más frecuentes.

Un fin de semana decidimos salir juntos.

Fue como regresar al pasado.

Caminamos.

Reímos.

Tomamos fotografías.

Durante unas horas olvidé todas mis dudas.

La miré y pensé:

"Ahí está. Esta es la persona que amo".

Y quizás ella también estaba pensando lo mismo.

Quizás los dos estábamos intentando volver a encontrarnos.

Pero cuando regresé a casa y vi las fotografías de ese día, sentí algo extraño.

Eran bonitas.

Nos veíamos felices.

Parecíamos exactamente los mismos de antes.

Pero yo sabía que una fotografía solo captura un segundo.

No muestra todo lo que ocurre después.

No muestra las dudas.

No muestra los silencios.

No muestra las cosas que una persona guarda cuando no quiere perder a alguien.

Todavía no sabía cómo terminaría nuestra historia.

Todavía creía que el amor podía arreglar cualquier cosa.

Y esa creencia era lo único que me mantenía tranquilo.

Porque mientras quedara una posibilidad de volver a ser quienes éramos...

Yo iba a intentarlo.

Aunque todavía no entendía que algunas cosas no se rompen de golpe.

Algunas cosas se van apagando lentamente.

Tan lentamente...

que cuando notas la oscuridad, ya olvidaste cómo era la luz.



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En el texto hay: tristeza decepcion, tristeza amor

Editado: 05.08.2026

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