Antes de apagar la luz

La noche mas larga.

La noche siempre fue el momento donde mis pensamientos hablaban más fuerte.

Durante el día encontraba formas de distraerme.

Había personas alrededor.

Había ruido.

Había cosas que hacer.

Pero cuando todo quedaba en silencio, era imposible escapar de mí mismo.

Era ahí donde aparecían todos los recuerdos.

Las conversaciones.

Las promesas.

Los momentos donde creí que había encontrado algo que duraría para siempre.

Y también aparecían las preguntas.

Aquellas que no tenían respuesta.

Durante mucho tiempo intenté ser fuerte.

Intenté convencer a todos de que estaba bien.

Incluso a mí mismo.

Pero había días donde mantener esa mentira se volvía agotador.

No porque quisiera que alguien sintiera lástima.

Sino porque estaba cansado de luchar contra pensamientos que nadie podía ver.

Era extraño sentirse perdido cuando desde afuera parecía que todo seguía normal.

Las personas seguían preguntando cómo estaba.

Yo seguía respondiendo lo mismo.

"Estoy bien".

Dos palabras fáciles de decir.

Dos palabras que pueden esconder una historia completa.

Esa noche abrí nuevamente el cuaderno.

Leí cada página.

Cada recuerdo.

Cada momento que había guardado.

Y por primera vez no solo vi la tristeza.

Vi al niño que fui.

Al joven que soñaba.

A la persona que amó con todo lo que tenía.

Vi a alguien que había pasado por mucho, pero que también había vivido cosas hermosas.

Me quedé pensando en algo:

¿Cuándo fue que empecé a creer que mi historia solo podía terminar en el dolor?

No encontré una respuesta.

Quizás fue poco a poco.

Quizás fue después de perder demasiadas cosas.

Quizás fue después de sentir que una parte importante de mí se había ido con ella.

Pero mientras miraba esas páginas entendí algo.

El dolor me había convencido de que todo lo bueno ya había pasado.

Y quizás esa era la mentira más peligrosa que puede contar una herida.

Hacerte creer que el futuro no puede darte nada nuevo.

Me levanté y caminé por la habitación.

Miré los lugares donde había vivido tantos momentos.

Las cosas seguían ahí.

Mi vida seguía ahí.

Aunque yo sintiera que había cambiado.

Porque la verdad era que no estaba vacío.

Estaba herido.

Y hay una gran diferencia entre esas dos cosas.

Un vacío parece que nunca podrá llenarse.

Una herida, aunque duela, puede sanar.

Esa noche entendí que había pasado demasiado tiempo castigándome por algo que simplemente había terminado.

Había convertido una pérdida en una condena.

Y no sabía cuánto tiempo más podía seguir viviendo así.

Me senté nuevamente junto al cuaderno.

Tomé el lápiz.

Y escribí una nueva frase:

"Quizás no extraño solamente a quien perdí. Quizás extraño a quien era antes de sentirme perdido".

Me quedé mirando esas palabras.

Porque por primera vez sonaron como una verdad.

No necesitaba encontrar una forma de volver al pasado.

Necesitaba encontrar una forma de volver a mí.

Todavía tenía miedo.

Todavía había tristeza.

Todavía había noches difíciles.

Pero entre todas esas sombras había algo pequeño que seguía ahí.

Una parte de mí que todavía quería entender.

Todavía quería recordar.

Todavía quería saber qué podía existir después de tanto dolor.

Y quizás eso era suficiente por ahora.

No una respuesta.

No una solución perfecta.

Solo una pequeña razón para seguir buscando.

Porque incluso en la noche más larga...

siempre existe la posibilidad de que llegue la mañana.



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En el texto hay: tristeza decepcion, tristeza amor

Editado: 05.08.2026

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