El lunes llegó demasiado rápido.
Bastián había intentado convencerse durante todo el domingo de que el café no significaba nada extraordinario.
Dos compañeros.
Una charla.
Nada más.
Pero cada vez que recordaba la frase de Ciro...
"Porque quería invitarte."
...la teoría se caía sola.
Entró a la Universidad Muza con la mochila al hombro.
Desde la puerta principal buscó a Brisa.
No la encontró.
En cambio...
Encontró a Ciro.
Estaba solo.
Sentado sobre uno de los bancos del hall, con el mate apoyado entre las piernas, el termo bajo el brazo y los auriculares puestos.
No había visto a Bastián.
Todavía.
Bastián dudó.
Podía seguir caminando.
Esperar a entrar al aula.
Hacer como siempre.
Pero ya estaba cansado de hacer como siempre.
Respiró hondo.
Y caminó hacia él.
Ciro levantó la vista justo cuando sintió una sombra delante suyo.
Se sacó un auricular.
Bastián sonrió.
Silencio.
No incómodo.
Simplemente nuevo.
Otro silencio.
Después Ciro señaló el banco.
Bastián obedeció.
Quedaron uno al lado del otro.
Mirando hacia el patio central.
Sin necesidad de llenar cada segundo con palabras.
Él se rió.
Bastián bajó la cabeza sonriendo.
Pasaron unos minutos hablando de cualquier cosa.
La materia.
El parcial.
Un profesor que explicaba demasiado rápido.
El gimnasio.
La música.
Era extraño.
La conversación salía sola.
Como si el chat hubiera roto una barrera invisible.
Bastián sintió una sonrisa aparecer sola.
Ciro hizo un gesto con la cabeza.
Bastián soltó una carcajada.
Los dos rieron.
La voz de Seba rompió el momento.
Llegó con su mochila colgada de un hombro y ropa deportiva, como siempre.
Detrás venía Brisa.
Seba frenó frente a ellos.
Los miró.
Después miró el banco.
Volvió a mirarlos.
Bastián ya conocía esa expresión.
Problemas.
Ciro tomó un mate con absoluta tranquilidad.