El martes terminó más rápido de lo que Bastián esperaba.
Durante toda la clase había sentido que algo había cambiado.
No era una gran diferencia.
Ciro seguía siendo Ciro.
Seguía hablando poco.
Seguía apareciendo con el mate.
Seguía haciendo comentarios que parecían tener dos significados.
Pero ahora había algo más.
Una confianza que antes no existía.
Una cercanía que ya no necesitaba excusas.
Y Bastián no sabía si eso lo tranquilizaba o lo ponía más nervioso.
Cuando terminó la clase, Bastián guardó sus cosas mientras Brisa hablaba con una compañera.
Ciro pasó cerca.
No dijo nada.
Solo dejó algo sobre el banco.
Bastián miró.
Era un papel doblado.
Lo abrió.
Había una dirección escrita.
Y abajo:
"Viernes. 19:30."
Bastián levantó la mirada.
Ciro ya estaba caminando hacia la puerta.
Ciro se dio vuelta.
Bastián sonrió.
Ciro sonrió.
Y salió.
Brisa apareció inmediatamente.
Bastián le mostró el papel.
Ella lo leyó.
Después volvió a leerlo.
Brisa levantó la mirada.
Bastián guardó el papel.
Bastián se quedó pensando.
Eso era justamente lo que lo ponía nervioso.
Hasta ahora, Ciro pertenecía a un lugar concreto.
La universidad.
Los pasillos.
El aula.
Los bancos.
El mate.
Las miradas entre compañeros.
Pero salir de ahí significaba otra cosa.
Significaba verlo sin profesores.
Sin compañeros.
Sin Seba.
Sin Brisa.
Solo ellos.
Viernes
Bastián cambió de ropa tres veces.
Primero eligió una remera negra.
Después una blanca.
Volvió a la negra.
Se puso un pantalón oscuro.
Se miró al espejo.
Se cambió las zapatillas.
Volvió a las primeras.
Se quedó mirándose.
Su celular vibró.
Ciro:
"¿Venís?"
Bastián sonrió.
Respondió:
"Sí."
Ciro:
"Bien."
Bastián:
"¿Me vas a decir dónde?"
Los tres puntos aparecieron.
Desaparecieron.
Volvieron.
Finalmente:
"Confiá."
Bastián guardó el celular.
Pero salió.
La dirección lo llevó a una pequeña plaza a unas cuadras del centro.
Había árboles, bancos y algunas personas caminando.
Nada extraordinario.
Hasta que lo vio.
Ciro estaba apoyado contra una baranda, con una campera oscura, pantalón ancho y zapatillas.