El fin de semana pasó demasiado rápido.
Bastián todavía tenía en la cabeza la imagen de Ciro alejándose por aquella calle mojada.
La forma en que lo había mirado.
La mano acomodándole el cuello de la campera.
Y, sobre todo:
"Me gusta estar con vos."
No era una declaración.
Pero tampoco era una frase que se dijera porque sí.
El lunes, Bastián llegó a la universidad unos minutos antes.
Esta vez no buscó a Ciro inmediatamente.
Intentó convencerse de que no estaba esperando verlo.
Duró aproximadamente treinta segundos.
Entonces escuchó una voz detrás suya.
—¿Llegaste temprano?
Bastián giró.
Ciro.
Remera oscura, pantalón ancho, mochila sobre un hombro y el mate en la mano.
Como siempre.
Pero algo en su expresión parecía diferente.
Más relajado.
—Sí.
—¿Dormiste?
—Más o menos.
—¿Por?
Bastián sonrió.
—Nada.
Ciro lo miró unos segundos.
—Mentís bastante.
—Vos también.
—Puede ser.
Caminaron juntos hacia el aula.
Durante la primera hora todo fue normal.
O casi.
Ciro estaba sentado cerca de Bastián.
Cada tanto intercambiaban algún comentario.
Una mirada.
Una sonrisa.
Nada que los demás pudieran interpretar fácilmente.
Hasta que llegó el recreo.
Seba apareció con dos compañeros.
—Vamos afuera.
Ciro negó con la cabeza.
—Después.
—¿Qué hacés?
—Nada.
Seba miró a Bastián.
Después a Ciro.
—Ah...
La sonrisa apareció inmediatamente.
—Entiendo.
—No entendés nada —contestó Ciro.
—Obvio.
Seba se fue riendo.
Bastián negó con la cabeza.
—Tu amigo es insoportable.
—Sí.
—¿Siempre fue así?
Ciro sonrió.
—Desde que lo conozco.
—¿Y cómo se conocieron?
La pregunta salió naturalmente.
Ciro dejó de sonreír.
Fue apenas un cambio.
Pequeño.
Pero Bastián lo notó.
—Hace años.
—¿Del colegio?
—Sí.
Silencio.
—Éramos varios.
—¿Y siguen siendo amigos todos?
Ciro bajó la mirada.
—No.
Bastián no preguntó inmediatamente.
Esperó.
Ciro parecía estar pensando si continuar.
Finalmente habló.
—Había uno.
—¿Qué pasó?
Ciro giró el mate entre las manos.
—Nos peleamos.
—¿Por algo importante?
—Para mí sí.
Bastián permaneció callado.
—¿Querés contarme?
Ciro negó suavemente.
—Hoy no.
—Está bien.
No hubo presión.
Ciro pareció agradecerlo.
La clase terminó cerca del mediodía.
Los estudiantes comenzaron a salir.
Bastián guardó sus cosas.
Ciro seguía sentado.
—¿Te vas?
—En un rato.
—¿Todo bien?
Ciro asintió.
—Sí.
Bastián lo miró.
—No parece.
Ciro sonrió apenas.
—Sos demasiado observador.
—Aprendí del mejor.
Ciro soltó una pequeña risa.