Antes de Rompernos

Capitulo 1

Eleonor

El cielo es azul igual que tus ojos... Cielo, en tu mirar sólo puedo contemplar... ¿deseo?

Mejor borró eso. Lancé la hoja a la papelera a mi lado.

«Tu voz me hace sentir segura, tus besos son mi locura. Rodrigo, ¿cómo es que eres tan perfecto?»

Doblé la hoja y la guardé en una cajita que tengo. Siempre le escribo cartas a Rodrigo, me encanta hacerlo, pero nunca se las doy porque la primera vez que le di una, la leyó y soltó una pequeña risa. Con sus ojos matadores me dijo que no perdiera mi tiempo en estúpidas cursilerías.

En ese momento me sentí muy mal, era la primera vez que me decía algo así, pero se me pasó rápido. Él, al ver mi cambio de ánimo, se acercó, me sentó en su regazo y me dijo al oído que dejara de ser tan dramática, y que simplemente no quiere que pierda mi valioso tiempo haciendo esas cositas para él...

Amo tanto a Rodrigo.

Tenemos una relación de tres años, y cada día lo amo más. A veces es difícil verlo porque siempre está trabajando y yo estudiando. Le he propuesto que venga a vivir conmigo, pero dice que mi departamento es demasiado simple para él, "muy pequeño" y "nada lindo". Asegura que pronto va a comprar uno con sus ahorros para que vivamos juntos. !Qué lindo es mi novio.!!

Dejé la libreta sobre la mesita de noche, justo al lado de la caja metálica donde guardaba todos los intentos fallidos de decirle a Rodrigo lo que sentía.

El pitido de mi teléfono me sacó del trance. «¿Sigues despierta? Voy subiendo con café y algo de chocolate para salvarte del colapso universitario», decía el mensaje de Logan.

Apenas unos segundos después, dos golpes suaves en la puerta anunciaron su llegada. Abrí y ahí estaba él, despeinado, con su eterna sudadera blanca y una sonrisa de lado que parecía disipar cualquier rastro de ansiedad. Logan siempre sabía cuándo me ahogaba en un vaso de agua, aunque yo intentara fingir que todo iba bien con Rodrigo.

—No me mires tanto y déjame pasar, bonita —me guiña un ojo.

—¿Qué haces aquí? —murmuro suavemente.

—Además, ya es tarde, debería estar durmiendo —le doy un empujoncito.

Logan soltó una risa baja, un sonido cálido que logró desarmar el nudo que todavía sentía en el pecho por culpa de mis propios pensamientos.

Sin pedir permiso —porque ya se sabía de memoria cada rincón de mi pequeño departamento—, caminó hasta la pequeña barra de la cocina y dejó la bolsa de papel con el chocolate sobre la mesa.

—¿Dormir yo? Con los exámenes de la facultad y sabiendo que te la pasas encerrada escribiendo cartas que nunca mandas, vine a asegurarme de que comieras algo decente antes de la medianoche —dijo girándose, apoyando la cadera en el borde del mueble mientras me miraba con esa fijeza que a veces me ponía nerviosa —. Así que camina, siéntate. Hoy no te voy a dejar sola con tus fantasmas.

—Eres insoportable —ruedo los ojos.

—No me mientas, sé que me adoras —suelta una risita.

Este hombre tiene una sonrisa tan hermosa que juro que cualquier mujer caería a sus pies; su futura novia tiene suerte, mi amigo es muy atractivo. Las chicas siempre lo persiguen, pero él hace como que no le importa.

—¿Qué quieres hacer, bonita? —entre-cierra los ojos cuando me siento a su lado.

—Quiero ver una película —sonrío.

...

Mientras la pantalla frente a nosotros se iluminaba y Logan se acomodaba a mi lado compartiendo sus mantas, por un instante logré olvidar que, al día siguiente, tendría que volver a buscar en mis cajitas el valor para soportar las migajas de Rodrigo.




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